Era sólo una sombra de la cancerosa Europa. Una raya roja sobre el empedrado de las calles. Cada víctima una tea y el humo delator alzándose cual bandera: era un monstruo de la era industrial, el nacimiento del terror. La penúltima barrera.
Landru, el esqueleto de la maldad sin origen, el ángel de lo perverso de Dios. Y junto a él, una familia judía con sus enseres, arrastrando sus maletas por las calles de Paris. En la noche de los cristales rotos, en la que se abre la veda de cazar gitanos... Europa.
28 de septiembre de 2010.