Viven la vida como beben el vino,
aguado, con cientos de burbujas
destelleantes,
a grandes sorbos, sin andar un camino
de olor, color ni
paladeante.
Sin saber siquiera parar un segundo a disfrutar,
a pensar, … siempre corriendo,
jadeante...
Qué difícil es enseñarles a tenderse
en el suelo y ver pasar la vida, a ras de tierra,
por un instante.
Viven a trompicones,
cada acto, cada escena de sus vidas
son acciones
de una peli de acción, sin argumento,
sin ser capaces de parar,
por un momento,
para darse cuenta que todo se resume en dos palabras:
causa... efecto.
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Un cordial saludo.