antes que nada, quiero agradecer a quienes han seguido la historia de Kalgrim, y en especial a los que me han ayudado a mejorar como escritor.
Sexta aventura: preludio a una invasión
El sonido de un carruaje resonaba en una inmensa llanura gris, seguido del ruido de armaduras que guardaban a cansados guardias en su interior. El dominio de Shaky continuaba manifestándose y el mayordomo intentaba animar a la desconsolada niña con los pasteles que comería en su majestuoso castillo sin ningún tipo de dificultad ni necesidad de cazar, estas cosas no la alentaron demasiado, aunque el poco tiempo que estuvo con Kalgrim era un poco dificultoso en cuanto a la comida, era divertido, ya que el le contaba historias de sus aventuras contra monstruos legendarios y las historias de su hermano perdido del que sabia por cartas. Ahora no sabía siquiera si su amigo seguía vivo, soltó un suspiro y miró por la ventanilla casi sonriendo al ver su gigantesco hogar con patrullas de arqueros con cotas de malla doradas medianamente cubiertas por túnicas rojas.
Las palabras de preocupación y alegría del padre de Seelie resultaban sólo susurros incomprensibles, o por lo menos hasta que mencionó algo de una invasión y la palabra Mijuuna, si era así, explicaría el hecho de que hubiera guardias patrullando la ciudad, que estaba rodeada por una muralla en forma de anillo, en medio de unas llanuras vastas y aparentemente interminables, en cuyo sur se encontraba un pantano.
Mientras tanto, un ejército se desplaza por la maleza en dirección a una estructura enorme, silenciosos cuales gatos. Los Mijuuna se arrastran sin descanso por las planicies a la luz de aquel mediodía, cada uno de ellos con apariencia inhumana, con una u otra característica que mostraba las habilidades de su chamán. Entre ellos se encontraban dos personas encabezando a los ochocientos integrantes del escuadrón, un enmascarado vestido con piel de lobo y un ciego con el pelo largo. Los tatuajes azules brillaban levemente en la llanura.
Seelie se encontraba mirando por la ventana de su alcoba, la ligera brisa le acariciaba con dulzura, pero a pesar de que el espectáculo conocido como crepúsculo se formara en el cielo, la niña oyó un cuerno que provenía de abajo. En teoría no debe tocarse a menos de que sea una emergencia, así que su mirada bajó rápidamente, para su sorpresa, un manto de líneas azules se acercaba al castillo. Todos los arqueros de la muralla se concentraron en el sector al que se dirigía aquel ejército curiosamente pequeño.
El general del ejército de guardias imperiales observó expectante la escena desde el parapeto, era un hombre robusto cubierto de placas doradas y cuyo rostro se escondía tras un majestuoso casco del mismo color.
-¿alguien puede decirme que está pasando?- dijo.
Un arquero cercano le respondió instantáneamente –eso es la reflexión de la luz solar en un lago que hay en aquella dirección, señor- señaló adelante –normalmente se le llama crepúsculo.
El general le lanzó una mirada asesina al pobre hombre.
-me refiero a lo que se acerca- dijo.
-em, eso… no tengo idea señor- replicó el soldado antes de recibir otra mirada de rabia.
Una vos surgió de la derecha.
-General, esos son la tribu Mijuuna, los que secuestraron a la princesa… y están comenzando a cargar.
-¿Por qué no me quieres ayudar?
-por que mi poder se ha visto reducido al devolverte la vida, me niego rotundamente a participar en esa refriega.
-vaaaamos, no va a ser una guerra cualquiera, ahí va a estar mucha gente rara como nosotros, yo me he enfrentado a los Mijuuna, y te puedo asegurar que son todos unos bichos raros.
-está bien, iré con una condición, cuando rescaté a la chiquilla de esas gentes, había un hombre contra el que me hubiese gustado pelear, si no se encuentra allí, no voy a participar.
Los dos hermanos corrieron siguiendo el rastro del carruaje, la ceniza que actuaban como niebla se disipó una vez que salieron de los dominios de Shaky, aquella putrefacta tierra era deprimente. Todavía faltaba mucho para alcanzar llegar a aquel castillo que sobresalía en el horizonte, por suerte, los hermanos parecían incansables, ya que corrían sin descanso ni queja, si perdían un solo segundo, todo el reino podría ser destruido, pero Kalgrim sólo podía pensar en que hacer después de la guerra, tenía mucha confianza, y más aun si su hermano mayor le acompañaba.
Hay que destacar que la fuente de poder de los Mijuuna era su chamán, y según la mente del vagabundo, la única manera de detenerlos era inhabilitándolo, pero para eso tendría que infiltrarse en su campamento y... acabar con él. De repente, una voz resonó detrás de los héroes.
-yo también quiero matar a unos cuantos- dijo Shaky mientras corría para estar al lado de Kalgrim.
Este quedó en shock por un momento y luego replicó.
-¿escuchaste nuestra conversación? … no, más importante aún ¿Por qué nos vas a ayudar?
La mujer dio un suspiro.
-no os estoy ayudando, solamente quiero divertirme un poco.
El vagabundo compuso una sonrisa de oreja a oreja, de ese modo la victoria estaba asegurada, o por lo menos eso pensó antes de ver la situación actual del castillo, pero mejor no me desvío, los tres corrieron mientras hablaban sus posibles estrategias, el castillo cada vez se veía más cerca, el atardecer estaba próximo, y no quedaba demasiado tiempo para que la batalla diera comienzo.
En aquella llanura sólo se escuchaba el sonido de tres personas que se desplazaban lo más rápido que podían, estaba demasiado silencioso, eso realmente era un mal presagio, ya que significaba que la guerra no había comenzado o que había terminado ya. Mientras tanto las fuerzas de infantería del castillo se agrupaban en una parte determinada de la muralla, a una distancia prudente de la misma y toda la gente había sido evacuada a unos túneles subterráneos.
Pero lamentablemente los soldados estaban confianzudos, con un ejército tan pequeño ni siquiera hacía falta utilizar a la infantería, o eso pensaban antes de que el hombre vestido con pieles de oso abriera un agujero en la muralla sólo con su puño, dicho umbral era lo suficientemente grande para que entraran unas diez personas a la vez, los arqueros atónitos comenzaron a disparar al resto del ejército, estos aún se encontraban a una buena distancia de la muralla