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La Muerta Le Trajo Vida

LARALARA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado mayo 2008 en Narrativa
Nunca antes había visto el mar. No sabía ni que existía. Nadie le habló nunca de que mas allá del trozo de tierra que la vio nacer había una inmensidad de agua salada y que algún día mojaría su vestido y enlutado cuerpo.

Era menuda, de pelo negro azabache que siempre llevaba recogido en un moño bajo y que peinaba cada día frente al espejo clavado en una pared enjalbegada de cal.
Tenía un cuerpo de formas bien proporcionadas que se adivinaban aun debajo de unas ropas siempre de luto riguroso, y un mandil la abrazaba marcando la cintura. Era el complemento que siempre adornaba su bata negra.

No sabía leer ni escribir. No podía evadirse ante historias reales ni suponiendo fantasías. Nunca pudo ponerse en la piel de ninguna reina de los mares, imaginar otros mundos ni mágicos lugares.
Su sino, como ella decía, era sufrir sin tregua, …por tantas cosas…Había perdido a dos de sus 8 hijos; un chico con 11 años de meningitis, allá por los años 50 y a su hija con veinticinco, de los cuales cinco se pasó postrada en una cama consumiéndose de una enfermedad confundida con otra y de hambruna.

La vida, o el destino, pusieron en su camino cuando era muy joven a quien parecía sería su cobijo y apoyo. Un hombre con quien formar una familia, con quien compartir un hogar aunque lo presidiera el hambre; porque la guerra fue testigo de su primer parto, y la posguerra de los que siguieron.

Nunca imaginó que sus hijos serían concebidos a golpe y ofensa.

Actualmente, y por desgracia, hay demasiados casos de malos tratos. Demasiadas muertes a manos de las mismas manos que a veces acariciaron un rostro, se enlazaron a otros dedos tibios ansiosos de ternura y auparon en algún momento a niños hacia el regazo.

Manos manchadas de sangre. Manos negras como el abismo.

Ella fue una víctima de la que ahora se denomina violencia de género. En aquellos años no se le llamaba de ninguna manera porque no se hablaba de eso. No había medios de comunicación sino miedos incomunicados, silentes, sufridos, llorados y ahogados.


Yo fui conociendo su historia porque desde niña siempre andaba cogida a su falda, me aferraba a ella. Era mi ángel guardián, mi hada buena.
Me iba contando qué penosa era la vida. Me decía que cuando creciera tuviera mucho cuidado que, algunos hombres, no todos, no eran lo buenos que parecían.
Yo nunca quería ir a la escuela, me gustaba más estar junto a mi abuela. Pero ella me repetía una y otra vez que: así no vas a aprender a leer y a escribir, siempre serás como yo, tonta más que tonta, que no sé que dice ningún papel que veo por la calle, ni leer una carta, y si me engañan con lo que me apunta el tendero hasta que puedo pagarle. Si no sabes nunca podrás valerte por ti misma. Mírame a mí, solo fregar y barrer, de sol a sol.

Trabajaba para otros todos los días. Yo la acompañaba los sábados a limpiar la misma escuela en que aprendía a leer, y el domingo a esperarla mirando sentada en una silla como lavaba a mano la ropa de mi maestra y su familia. Iba con ella a todas partes.

Era la madre de mi madre. Mi madre también, aunque fuera mi abuela.

Yo fui testigo de sus duelos eternos ante las pérdidas. Se sucedían tan a menudo que ya el negro, al teñirla de su color la muerte, fue el que la vestiría de pies a cabeza de por vida.

Mi abuelo era alto, enjuto, rapado al cero. Exteriormente parecía tan noble que nadie que le relacionara podría imaginar que dentro de él mismo había otro él que castigaba sin piedad a la madre de sus hijos. A sus propios hijos.
Que no era tan bueno como parecía. O era bueno con todos, menos con lo suyos.

Y nadie sabía nada.

La vida acaba inexorablemente en muerte y a veces con cualquier forma de exclavitud.
El color negro no tuvo necesidad de teñirse de nuevo. Ya era de la familia, y esta vez vino a dar vida a través de la muerte.

Siempre he creído que “quien a hierro mata a hierro muere”, pero quizá sólo sea un refrán, porque el abuelo tuvo una muerte repentina, sin sufrimiento. O quizá el sufrimiento se lo dio la vida de muerte que había hecho vivir. Quizá la conciencia se lo llevó antes de que el pudiera seguir viviendo…….Quizá, quien sabe.

Yo fui creciendo al lado de mi abuela. Me quedé acompañándola porque yo era su razón de vida. Sólo yo me quedé a su lado. Sólo yo acariciaba sus manos que lavaron tanto, y solo yo besaba su cara guapa.

Los años de vida que siguieron fueron en calma. Los daños sufridos solo habían dejado huellas de cicatrices internas. Contadas canas aparecieron en sus sienes, era como si vinieran a decir que pese a la vejez de su dueña, ésta debía conservar el pelo negro de la juventud robada, y quizá siguió de ese color para no desentonar con la negrura perpetua de sus ropas.
Exteriormente el rostro otrora golpeado, ni siquiera se iba surcando con las arrugas propias de la vejez. La piel tersa pese a los años, solo iba cogiendo la pátina del tiempo y modificando sus rasgos hacia la ancianidad, pero sin perder esa dulzura que tienen los rostros cuyos ojos, pese al miedo, han sido capaces siempre de mirar con bondad.


Y un día la llevé a conocer el mar.

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Este relato es de la historia de mi abuela. De mí misma como observadora de un trozo de esa vida.

Me gusta que en este Foro ayudeis a l@s que menos sabemos de las reglas de la escritura. Y me gustaría que sobre el relato me hicieseis llegar los errores de sintaxis, puntos y comas. Os he ido leyendo por ahí y sé que gracias a vosotros, podré ir mejorando y aprendiendo .

Gracias de antemano.
LARA.

Comentarios

  • betobbetob Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2008
    Lara shalom(significa Paz en el idioma hebreo)

    Luego de leer tu relato, estuve un rato pensando antes de responder a tu pedido.
    Tampoco yo soy un eximio escritor, por lo pronto no está en mis posibilidades ayudarte en gramática de primer grado. A simple vista no me topé con errores graves. Que la tranquilidad llene tu cabecita.
    El tema se desarrolla con sencillez, los sentimientos y las penurias de la protagonista, según tus palabras tu abuela, vislumbran una vida de sufrimiento dentro y fuera del hogar, ese que ella tanto anheló y protegió con todo su ser, y que tu, con la compañía brindada, ayudaste más de lo que creiste.
    En resumen, me gusto tu estilo. Tienes pasta y te auguro éxito en el camino de las letras.
  • PauPau Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2008
    ME HA GUSTADO MUCHO TU RELATO, LA SINTAXIS, GRAMÁTICA Y DEMÁS LO DEJARÉ A UN LADO, PORQUE NO ME SIENTO CAPACITADA PARA OPINAR AL RESPECTO, ESCRIBIR LO HAGO POR GUSTO Y SOY INEXPERTA EN ESTE ARTE, PERO SI PUEDO DECIRTE QUE LO QUE HAS ESCRITO ME TRANSMITIÓ MUCHO SENTIMIENTO, POR ELLO TE FELICITO:o
  • Nicholas FlamelNicholas Flamel Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2008
    Me encantó tu relato. Tan simple y complejo a la vez.
    Fuiste capaz de retratar eso que siempre esta presente, nuestra fuente inspiradora, la que siempre intentamos esconder; la misma realidad.
    Al igual que los anteriores, soy ignorante con respecto a los errores de sintaxis, puntos y comas. Ojalá todos podamos aprender un poco en este foro. Por el momento sólo puedo reiterar lo tanto que me gustó tu relato.
  • LARALARA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado mayo 2008
    Muchas gracias betob por tus palabras. Me alegra lo que me has dicho

    Me gusta hacer las cosas lo mejor posible y siempre queda algo de duda de cómo verán los demás lo que escribo y describo.
    Shalom.

    Pau , gracias por dejarme tu opinión.

    Nicholas, muchas gracias. Es cierto que mi abuela me sigue inspirando desde su ausencia.

    Me habeis ayudado con vuestras opiniones.
    Saludos.
  • sgrojillosgrojillo Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2008
    Nicholas Flamel escribió : »
    Me encantó tu relato. Tan simple y complejo a la vez.
    Fuiste capaz de retratar eso que siempre esta presente, nuestra fuente inspiradora, la que siempre intentamos esconder; la misma realidad.
    Al igual que los anteriores, soy ignorante con respecto a los errores de sintaxis, puntos y comas. Ojalá todos podamos aprender un poco en este foro. Por el momento sólo puedo reiterar lo tanto que me gustó tu relato.

    Comparto la misma opinión que el compañero Nicholas ;). Y sobre fallos gramaticales no he visto nada de relevancia. sobre las comas no te preocupes; hay quien pone más comas, y hay quien pone menos. Por ejemplo, yo suelo poner muchos puntos y comas. Alguna faltilla de ortografía (por ejemplo un "aun" que has puesto sin tilde, cuando quería significar "todavía"), pero poco más.

    Y lo que más me ha gustado ha sido el ritmo que has dado al relato, con los puntos y aparte y la estructura de parrafos. Muy buen texto, sí señora :)
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