En un bosque grande, oscuro y frondoso; plagado de diferentes caminos de grava que llevan a diferentes pueblecillos de la comarca se haya un hombre sin camiseta, sudoroso, con un descuidado pelo negro, largo y liso que le llega hasta la cintura y de unos treinta y cinco años de edad aproximadamente, golpeando con un gran hacha un tronco enorme de pino que se encuentra derruido en el suelo. A la vez que golpea y parte los trozos de leña que necesita piensa en voz alta:
-Bueno Kiss -se dijo a si mismo--, creo que es suficiente. Por lo menos para pasar el próximo gélido enero que ya está a la vuelta de la esquina- tras decir esto, escupió para quitarse el polvo de la boca (movimiento que tenía un tanto automatizado) Y se dirigió a uno de los caminos atravesando los altos árboles-
El hombre echó en el maletero de su vieja furgoneta lo leños que había podido talar durante toda la mañana y encendió el motor para volver a casa, con lo que el consideraba su familia.
El viejo vehículo circulaba libre de cualquier atasco por uno de los caminos marrones y desolados de aquel bosque, cuando Kiss vio que se aproximaba en dirección contraria un turismo de un color azul reluciente que reflejaba los pocos rayos de luz que se filtraban en aquella arboleda.
Kiss podría haber precipitado el coche unos metros a la derecha para dejar vía libre al otro vehículo, pero prefirió frenar bruscamente en medio del aquel camino.
El otro coche freno de golpe al ver la reacción de Kiss, el cual abrió la puerta de la furgoneta y colocó el hacha cuidadosamente en el asiento del conductor antes de bajar.
Un chico joven, de unos 19 años aproximadamente, rubio y muy delgado abrió la ventanilla y vio como un hombre treintañero y de aspecto descuidado bajaba de una furgoneta roja y se aproximaba hacia su vehículo.
-Hola, buenos días ¿Quiere algo? – dijo el joven chaval con un tono alegre y agudo-.
-Hola, muy buenos días. Verá usted, es que tengo un problemilla… He estado toda la mañana sin para de dar vueltas con la furgoneta cargando leña y hace ya un rato que hace un ruido extraño… No se si proviene del motor o si será el aceite… ¿Podría venir a echarle un vistazo? Yo no tengo ni idea de que puede ser…
-¡Claro hombre, para eso están los vecinos!-dijo alegremente el joven mientras bajaba del turismo y seguía ágilmente a Kiss hasta su coche-
- Bueno, yo soy Bruno ¡Que no me he presentado! Y hace ya unos mesecillos que me mude a las afueras del bosque con mi madre.¡A vivir tranquilos!- concluyó Bruno con una sonrisa en la cara-
-Eso… Eso, está bien - pronunció Kiss con voz pausada - yo hace tiempo que tome semejante decisión… -dijo mientras abría el capó de su vieja furgoneta-
Mira, yo diría que por está zona debe estar el problema, ya que el coche hace un sonido muy raro cerca de la palanca de cambios – explicó Kiss señalando una de las tantas oxidadas piezas que habían bajo el capo del antiguo vehículo-
-A ver a ver… Creo que se lo que puede ser –dijo Bruno metiendo la cabeza bajo el capo con bastante interés-
-Bueno, yo voy a buscar la botella de agua que hace un calor…-comentó en un tono de lo más campechano kiss mientras abría la puerta del conductor y empuñaba el hacha con su mano derecha haciendo uso de un sigilo muy profesional.
-A mi me paso hace tiempo algo parecido en mi turismo sabe….- Bruno hablaba sin parar mientras hundía su pelo rubio más aún entre las piezas del motor-
En ese momento Kiss se acercó por detrás sin hacer el más mínimo ruido y levantó con las dos manos el hacha, que quedó mirando al cielo.
-Lo que ocurre, es que con el tiempo, los coches viejos acaban por.. ¡¡Clack!! – en ese momento el hacha de Kiss se incrustó en la cabeza del joven chaval y este cayó de golpe al suelo chorreando sangre por la cabeza-
Kiss volvió a escupir al suelo. Se secó con la manga de la chaqueta el sudor de la frente propio del mediodía y sacó el hacha incrustada en un movimiento seco. Los sesos del alegre Bruno se derramaron por la tierra, tiñéndola de un color más rojizo.
Kiss lo agarró del pelo y lo tumbó completamente en el suelo. Rápidamente volvió a levantar el hacha y propicio una serie de golpes en el cuello del cadáver hasta que consiguió separar la cabeza del cuerpo completamente, a el no le gustaba hacerlo con cabeza…
Cerró la tapa delantera del coche y tiró el hacha a un lado del polvoriento camino. Levantó al muerto por las axilas hasta dejarlo apoyado en el capó de la misma forma que él mismo se colocó cuando aún estaba vivo.
Kiss le quitó la camiseta y comenzó a resbalar su lengua por la espalda. Con las manos le rodeaba el torso y le apretaba los pezones con gran violencia, lo cual le excitaba bastante. Lentamente le bajó los pantalones hasta las rodillas y comenzó a rozarse una y otra vez.
Se arrodilló, le bajó con sus manos la ropa interior e introdujo la lengua en su ano, con el que estuvo jugando un buen rato. Aunque no tenia ninguna prisa, ya estaba demasiado excitado y no podía esperar más.
Se desabrochó la correa y bajó sus pantalones hasta los tobillos; le agarró fuertemente por la cintura y comenzó a penetrarle una y otra vez mientras manoseaba el pene flácido del frío Bruno…
Finalmente eyaculó en su interior sin emitir sonido alguno. Solo concluyó con una alegre cara de satisfacción y volvió a subir su pantalón mientras escupía al suelo.
Dio la vuelta a la furgoneta y abrió las puertas del maletero de par en par. Recogió a Bruno por las piernas y lo metió dentro, junto con todos los trozos de leña y las arañas y demás insectos que recorrían los troncos
Subió a la furgoneta y maniobró para dar la vuelta y no tener problemas con el turismo que había quedado en medio de la carretera.
Kiss conocía el bosque como la palma de su mano, y sabia perfectamente mil formas de regresar a su cabaña por distintos caminos, así que nada le preocupaba.
Aún así se había quedado con el sitio del homicidio, antes o después tendría que volver.
La vieja furgoneta dio un rodeo bastante grande para poder llegar a su destino. Pero finalmente, Kiss alcanzó su cabaña por un nuevo camino. Aparcó entre un par de pinos y bajó dando un fuerte portazo al vehículo.
“¡Toc toc toc! ¡TOC TOC TOC! “– Kiss aporreó fuertemente la puerta esperando que le abriesen rápido, pues tenía un hambre voraz.
Se escuchó un lejano – ¡ya voy…Q- y tras unos segundos la puerta se abrió de par en par y apareció Nuria.
Nuria era una chica joven, tenia veintidós años y hacia gala de un físico bastante atractivo. Sus ojos eran grandes y almendrados, su cabello rojo y rizado le caía por los hombros y le hacia una cara redonda y preciosa.
Tenia toda la boca manchada de sangre e intentaba limpiarse con un trapo de cocina. Pero era inútil,le goteaban restos incluso en la punta de la nariz, y Kiss se percató al instante.
-¡Ya veo como me esperas para comer eh!¡Qué tía! –Soltó mientras sonreía mirándola a los ojos-
Nuria fue corriendo hacia él y le plantó un beso en los labios.
-¡Kiss, no tardes tanto por Dios! Ya me temía lo peor…
Kiss entró a casa de la mano de Nuria, todo estaba sucio como de costumbre, las bombillas medio fundidas parpadeaban proporcionando un ambiente tétrico al hogar.
Nuria recogió un periódico del día anterior y lo puso encima de una vieja mesa mientras le señalaba a Kiss el titular de una de las últimas páginas:
“Y ya van 13 desapariciones en el bosque Galloway”
Kiss y Nuria intercambiaron unas miradas tristes, ambos sabían lo que estaba ocurriendo y ya no era un simple juego, como había sido para ambos en un principio.
-Creo que debemos descansar un poco Kiss… Se que no es nada fácil- dijo mientras sacaba un brazo humano de la nevera- pero toda Escocia nos busca, y aunque el bosque tenga kilómetros acabarán descubriendo este cabaña y si lo hacen pues…
Kiss se sentó en una vieja silla de madera, cerró los ojos y comenzó a meditar sobre todo lo ocurrido en estos últimos meses. ¡A él todo le parecía tan normal, tan simple que…! la libertad de la que gozaba le impedía tener otros puntos de vista. Aún así, era muy inteligente
-¡Llevan años persiguiéndonos Nuria! –grito ¡¡No lo va a comprender!! ¡¿nunca nos van a comprender Nuria?! ¡¡¿Nunca?!! –Kiss miró al techo mientras le caía una lágrima por la mejilla.
Nuria lo miro y comenzaron a brillarle los ojos. Por un instante, dejó lo que estaba haciendo y fue a darle un fuerte abrazo a kiss mientras le susurró al oido:
¿Hacemos lo que nos apetece no? ¿Eso no está bien? -tras decir esas palabras mordió la oreja de kiss y consiguió arrancarle una sonrisa -