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Mi sitio en el mundo - Capítulo 2

ZaRkOZaRkO Pedro Abad s.XII
editado marzo 2011 en Romántica
Nueva York 16-12-2006

Cuando el timbre del apartamento sonó, el reloj marcaba las 21:37. Mi vista se volvió hacia la puerta tras haberme ensimismado durante largo rato mirando por la cristalera del piso en el que llevaba viviendo casi 2 años en Nueva York. La gran manzana. Me había costado habituarme a aquella ciudad, tan distinta a mi Madrid natal, tan extraña ciudad aquella ciudad llena de extraños. Por esa razón solía pasar el tiempo mirando a través de la cristalera los infinitos rascacielos que atraían mi mirada como el primer día. Aquella extrañeza me atraía como nunca.
Al abrir la puerta, me encontré con una mujer en el pasillo, cubierta por dos enormes bolsas de papel típicas de aquel lugar.
- Hola, George- me saludó una voz dulce y femenina.
Al cargar con las bolsas vi el rostro de Kate, un rostro precioso y delicado, iluminado por un par de ojos de color azul cielo, que se cubrían en parte por su melena morena. Kate era una compañera de la empresa en la que trabajaba en la ciudad. Desde el primer día fue la persona con la que más contacto tuve gracias a que ella hablaba español casi a la perfección y, sobre todo, gracias a esa actitud alegre y sincera que se adivinaba en su cara y sus gestos. A pesar de que ella era dos años menor que yo, su madurez me sorprendía cada día tanto en el trabajo como fuera de él, ya que siempre me convencía para pasar tiempo juntos, y en ocasiones tenía la sensación de haber tenido siempre una cálida cercanía de aquella chica que me llamaba George, ya que para ella pronunciar Jorge era un verdadero suplicio.
- ¿No piensas decorar todo esto para Navidad?- preguntó, mirando el árbol de navidad, el único atisbo de esas festividades que había en el apartamento.
Mientras colocaba las bolsas intenté pensar una respuesto pero... la realidad era que no quería que toda aquella decoración me recordase a...
- ¿Quieres tomar algo de beber?- le pregunté, esquivando la pregunta, intentando ahuyentar mis fantasmas.
Kate sacó dos copas y las llenó de champán sin necesidad de que le ayudara.
- ¿Qué tal si brindamos?- propuso, con aire alegre y mirándome con esos ojos de cielo y una sonrisa dibujada en sus labios. Entonces, levantó la copa y dijo-: Por... Por nosotros...
Nuestras copas se chocaron y bebimos el champán, a pesar de que a mí no me entusiasmaba. Kate posó su copa en una pequeña mesa de cristal y me sonrió para después coger mi mano con la suya. Cuando la miré, sus ojos transmitían algo más intenso que alegría, era una mirada suave, anhelante.
- Verás, George... Hace tiempo que quería hablar contigo sobre... algo- Kate aferró mi mano con fuerza y apoyó su cabeza en mi pecho-. Aunque la verdad es que llevo bastante tiempo queriendo decírtelo.
En aquel momento, todo quedó en silencio. Ni siquiera se escuchaban nuestras respiraciones. Sólo podía sentir el tacto de su mano en la mía y su cabello rozando mi cuello.
- Te quiero, George... Sé que quizás no es el mejor momento... Pero creo que nunca será un buen momento para decírtelo.
No pude decir nada. Las palabras no querían salir de mi boca. Entonces, sin previo aviso, Kate alzó su rostro y me besó con suavidad en los labios. Fue un beso de amor que no estaba guiado por la pasión, si no por el cariño más sincero y el amor real. Sus labios suaves se me antojaron dulces y su aliento reconfortante. Pero cuando fui consciente de ello, la aparté de mí con suavidad. La confusión se apoderó de mí, pero intenté mantener el sentido común con cierta dificultad.
- Kate, yo... verás... sabes que estoy casado... y tengo una hija... yo no...
- Sí, George, lo sé- replicó, sin cambiar su postura en un ápice-. Y también sé que no hablas con ella desde hace dos años, que lo único que te importa es que allí está tu hija. Sé que no hubieras dejado alguien en Madrid si no hubiera una razón importante y sé que puedes amarme como te amo yo a ti, porque tú has dejado que ocupase tu vida.
Aquello me dejó sin respuesta. No sabía ni siquiera qué pensar. Quizás ella tuviera razón y había dejado que entrase en mi vida porque quería intentar quererla. ¿Y qué si tenía razón? ¿Qué era más importante? Había pasado dos años alejado de toda mi vida... de todo lo que se había quedado en tierra cuando el avión despegó. Y esos dos años los había ocupado otra persona. Una persona que había dado tantísimo por mí... que había estado a mi lado... y que ahora me confesaba que me quería sin ningún tipo de miramientos. Es cierto que en muchas ocasiones había valorado la idea, pero nunca hubiera pensado que todo acabaría conduciendo a lo que estaba sucediendo.
-Tú también sientes algo por mí... Lo veo en tus ojos, en como me miras, en como me dejas estar contigo para no estar solo... George...
Su segundo beso no me cogió desprevenido, pero lo acepté y se lo devolví sin reparo. Kate me rodeó son sus brazos y se entregó al beso con ternura. Pero entonces... en mi mente se dibujó el rostro de una joven de ojos grises y cabello dorado que se acercaba a mi sonriendo... y me besaba con ternura... Entonces, sentí un pinchazo en el corazón y me aparté de Kate con brusquedad sin que ella lo esperase. Su mirada captaba la confusión del momento, pero no dijo nada.
- Kate, lo... lo siento...- balbuceé-. No.. no creo que pueda...
La voz se me quebró antes de que pudiera terminar la frase. El rostro de la chica se tornó triste y una lágrima surcó su mejilla hasta llegar a la temblorosa mandíbula.
- Pero... George...
- Lo siento, Kate... Ahora... preferiría que me dejases solo...
No fui capaz de mirarla mientras se iba, pero advertí un sollozo apenas audible antes de que cerrase la puerta del apartamento tras de sí. Me apoyé en la cristalera, mirando a la ciudad iluminada en la oscuridad de la noche con miles de adornos navideños. La cabeza me daba vueltas... ¿Por qué tenía que haber pasado todo esto? Kate era una chica maravillosa y sin embargo yo... ella... aquella imagen...
- Maldita sea...
¿Y si ella se había equivocado? ¿Y si ése no era mi sitio en el mundo...? ¿Y si fuera éste? Y ahora no podía quitarme esa imagen de mi cabeza... Pero, ¿para qué engañarme? Nunca había podido quitarme esa imagen de la cabeza... Sentí un nuevo pinchazo en el corazón y me llevé la mano al pecho. Imaginé que Kate se hallaría ahora en un taxi volviendo a casa, llorando y me sentí culpable. También intenté imaginarla a ella, pero no pude. Por enésima vez me sentí solo y sin fuerzas. Me sentí cansado y en ningún sitio... Llorando como un niño que no encuentra su camino de vuelta a casa... Pensando en Kate, en ella... en Victoria...
- No sé cuál es mi sitio...


Continuará...

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2011
    tu sitio puede ser aqui,:):p

    Por lo menos apareciste de nuevo, la historia está muy interesante, esperaré la continuación, en este mismo sitio:):p:eek::D
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