Óleo pálido del vino
Noche para morir por un impacto de bala
en medio de las construcciones,
desfallecer viendo el cambio de luces de los domicilios,
el sexo escurriéndose sobre los bares
como esta última hoja.
Noche siempre noche
en la mejilla de los sapos sobrios en su música.
Noche como un tango que agoniza en los manicomios,
un tango que resiste el pasar de los vehículos,
que se detiene en las esquinas y ora su fe de botellas,
una melodía sentada en el rincón
gimiendo como las hélices de un colibrí.
Este terremoto
que atraviesa el libro con las vertebras.