De día una cosa, de noche otra. La luz me ciega, la oscuridad me lleva.
Para ellos la vida es rauda, y la noche segura e incierta. Más rápido que la vida me muevo.
La eternidad es demasiado tiempo; tesoro para cualquier hombre. No para mí.
La vida y la muerte, dos caras de una misma moneda. En ninguna de ellas estoy.
Fuimos pocos, todos nos temían. La luna y su luz, reflejo rojo, en esta tierra nuestra.
Si la noche, como ansío, llegara… ¡ilusión! ¡Humana ilusión vacía! Al espejo un monstruo veía.
Sin remedio tuve hermanos y hermanas, más cada día. Sus ojos, pozos sin alma, el dolor no sentían.
Peinados los bosques, montañas y lagos, nada quedó con vida.
La vida, llama a la vida, chilla, chilla mi nombre. Siempre ciego, pero no pude no oírlo.
Locura y deseo sentí de día al verla. A un árbol me até. La noche vino. Anti natura fue mi ser.
Vencer no pude, ella era más fuerte. Detenía mi impulso a milímetros de su corazón.
Confusión: sí o no. El futuro, un claro riesgo, un asegurado peligro.
Distintos, muy diferentes y como uno sólo fuimos entonces. Ella perecedera, yo eterno.
Amor. Aún sin ver, todos lo hubiesen visto.
Ella vivía, esa cara le convenía. Mejor que la duda era. Y de una condena quise salvarla.
Pero sus ojos lo querían, no supe resistir, eterna fue y yo, condenado de por vida.
:rolleyes::rolleyes: