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Ahora que

blumeblume Anónimo s.XI
editado abril 2010 en Narrativa
Ahora que todavía no os ciega el cariño :p y también como forma de presentación, porque tal vez dice más de nosotros lo que escribimos que cualquier otra cosa... Pues eso, que ahora cuelgo aquí el último relato que he escrito. Se quedó sin título, pero se admiten propuestas, y sobre su contenido: críticas, quejas y hasta propuestas de baneo. Todo menos la violencia :D

En todo caso es cuanto soy capaz de hacer.


*
Ese acento afilado no debería estar sobre ti. Se lo dice cada mañana, con el pelo aun enmarañado del insomnio y esas ojeras malvas que le van haciendo surcos cada vez mayores en los ojos, como para alejarle la mirada. Lo hace de forma ritual: primero escoge al azar un elepé de entre el montón que se hacinan junto al tocadiscos; luego redondea con mucho cuidado la boca para soplar el polvo que haya caído sobre el vinilo e ignora, meticulosamente, el rastro de huellas, todo es surco, que otras mañanas más alegres, cada vez más lejanas, dejaron a modo de mancha. De mermelada con besos, la mayoría.

Siempre prescinde de saber qué disco ha cogido. Como su ritual, el montón de elepés es idéntico, discos viejos que hablan livianamente de amores infelices. Toda la atención puesta en colocarlo sobre el plato sin pisar las huellas, para no caer en los recuerdos, y luego, en posición de arranque de baile, empujar con un índice inmaculado, casi azul, la aguja sobre el vinilo.

El dedo queda suspendido, como una segunda aguja, hasta que escucha ese gimoteo de ultratumba que precede a los primeros acordes. Es entonces cuando lo dice. Ese acento afilado no debería estar sobre ti. El dedo echa a rodar siguiendo las evoluciones del disco mientras repite, cada vez más alto, su frase, dentro ya la primera canción. Down with love, the root of all midnight blues. Arranca a bailar exageradamente, con el cuerpo abandonado a la música pero sin dejar de repetir una y otra vez su frase. Ese acento afilado no debería nananá estar sobre tiiiiiiiii, no debería estaaaaarr. Se siente a salvo. Con la música y su frase presagio. Como si él no se hubiera marchado nunca. O como si el regreso fuera aun posible.

Pero a veces se equivoca. No sabe porqué, sólo que la frase le sale distinta. Ese acero afilado no debería estar sobre ti. Parece poca cosa, apenas dos consonantes que se dieran a la fuga y dejaran, como rehén, otra en su lugar. Un mal paso. Un despiste. Pero de nada le valdrán las excusas. Dejará de bailotear, los brazos cayendo abatidos, cómo puedo ser tan tonta, dirá. Take that moon, wrap it in cellophane, sigue desgranando el tocadiscos. Pero la boca, de pronto sin palabras de seguridad, enmudece; luego se vuelve mohín, finalmente puchero inútil, que nadie verá.

Todo da vueltas o es ella que gira absurdamente. De aguja que marca el camino a pieza que es movida. Una arcada le sube del estómago a la boca. Son los recuerdos, llegando. Tiene que desplomarse sobre el sofá, apretar los ojos, vomitar una bilis que se derrama como una sombra a su lado. Sombra que tiñe, una mancha reseca tiembla en su labios cuando exhala el sabor conocido y dulzón de la sangre. Son los recuerdos, que ya están aquí.

Primero un crujido nada más. El de la carne rasgándose. Allí, al fondo, el lugar donde vive la ira, tal vez un hueso, los gritos que nunca sabe si son de ella o de él. La mano empapada, la suya tan fría clavándose encima. Las uñas haciendo el mismo chasquido que el hueso al romperse. No puedes dejarme. ¿Lo dijo ella?. Su cuerpo cayendo, lejos, tan en silencio, como si lo mataran las palabras de él. No volveré, no podemos seguir así, no estás bien. Te matan los celos y me vas a acabar matando a mí.

Palabras. Ella goteando. La mano de él en el pomo de la puerta. La otra taponando la herida. Por la camisa cómo crece la mancha de sangre. Qué extraños sus ojos asustados, la boca curvándose en un rictus amargo. No sabe oír lo que dice. La única realidad es la empuñadura del cuchillo, que sigue ahí, firmemente agarrada por su mano. La hoja ha dejado de brillar. En su lugar borrones de sangre seca. La empuña contra su propia garganta con un movimiento rápido. Si te vas me mato. Lo dice con una voz ronca que la sorprende. No parece la suya. Él parpadea. Está cansado. No volveré, mi amor. Lo hago por los dos. Para que ese acero afilado no vuelva a estar sobre ti.

Luego sólo la puerta, que se cierra, las hojas del ascensor, que se abren. Ella allí ciega y enferma, con el cuchillo como única caricia en el cuello. Cerrar los ojos. Apretarlos. Como ahora. Porque no sabe si también ella cumplió su amenaza.

Comentarios

  • Sativa CastroSativa Castro Anónimo s.XI
    editado abril 2010
    Es una canción y no,es un Blues entre "consonantes";no puede ser otra cosa cuando el personaje se desgarra en pasión,desesperación,reclamos y cortes...luego el bajón,la caída,el peso de la resaca y las "arcadas...recuerdos llegando".
    Pero la música sigue girando,revuelta en las tripas,gira "Down with love" y no,no es la canción y sus azules de medianoche,es otra cosa,es el Blues,la esencia del Blues:el amor consumiéndose en acordes desgarradores y luego lo otro,las canciones de amor que gimotean a toda hora-"noche y día"-los trovadores por todos los rincones del planeta,y,a veces,en nuestras esquinas y por lo bajo,abajo,y por encima y por dentro...
    Me llega la historia,tiene vuelo y golpe.
    ¿El título?Bien podría ser:"¿Ahora qué?",porque sí,me ha pasado ese flash de estar hundido en esa pregunta.
    Saludos.
  • Chus-AChus-A Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2010
    Hola Blume, qué tal? Bienvenida...

    He leído tu texto un par de veces. Quizá ya sean tres. No estoy del todo seguro.
    En su conjunto me gusta la lectura, cómo vas deslizando la narración al lector. Las construcciones, las transiciones del texto, el tiempo, y el ritmo.
    Pero me deja algo confundido. Será que no me acabó nunca de gustar la salsa agridulce, no sé. El caso es que pese a todos los aspectos positivos, la buena narración, la correcta construcción, no me acabo de sentir cómodo porque no identifico demasiado a los personajes. Está claro que están muy difusos, borrosos. No veo el motivo. A mí personalmente no me gusta demasiado este hecho. No es que me haga falta una construcción más completa de ellos, pero es que tampoco veo la escena en sí misma: Tocadiscos? vinilos? Recien despertado? Insomnio? Dónde? Qué? Quién? Por qué? Muerte? Sangre?... Me deja intrigado ... confundido. A mi juicio un pelín críptico, cercano a la prosa poética sin serlo. No se detecta por dónde llegan las acciones. Las relaciones entre ellas ocurren de forma espontánea.
    A pesar de esto, de verdad no me deja indiferente. Seguiré el hilo.

    Un cordial saludo.
  • blumeblume Anónimo s.XI
    editado abril 2010
    Muchas gracias a los dos por vuestros comentarios :) A Sativa Castro sobre todo por dejarse llevar por la música y por echarse a bailar al ritmo de las palabras. A Chus-A por la crítica constructiva, que valoro muchísimo, y porque además creo que tienes razón en lo que planteas. Este relato surge de un "encargo" y con premisa: escribir a partir de una frase y sobre un tema, el de los celos. Y probablemente el hecho de estar "averiguado" de antemano lo ha encriptado hasta volverlo difuso, críptico como dices. Hay una frase en tu comentario, "no veo la escena" (que aún no sé citar :D) que resume bien las contradicciones del texto, creo. Porque a mí me pasó justo lo contrario al escribirlo, de hecho escribí al dictado de esa escena. Una mujer, o su espectro, que repite un ritual de salvación que siempre va a quedar inconcluso, porque no sabe si sobrevivió o no. Entonces, sospecho que el verlo yo tan claro ha hecho que no sepa moverme bien en los márgenes de contar para ser entendida.

    Repensaré ese aspecto del texto. ¿Alguien más? ;)
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