Standby
a la orilla
de un cuarto
Con el pecho descubierto
en el casquete de un almacén
donde esconden la melancolía
En la ventana
que apunta a otras ventanas
En el cielo raso
de las comunas
gritando vulgaridades
como Hijo de puta
o Maricón
En el sostén de una dama
que me desea y la deseo
Palpando con la lengua
su estrechez bélica
Su piel calcárea
Haciéndole anotaciones
a su sexo
Desdibujado por una sabana
que me conoce desnudo
remoto como una postal de otro país
Como una carta donde dice mi nombre.