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Compañeros inseparables

LARALARA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado febrero 2010 en Narrativa
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Hoy, desde que llegué a mi casa, estoy teniendo una acalorada charla con este compañero inseparable que tengo.

Es verdad que lo llevo y lo traigo. Que nuestro cuerpo se mueve más allá de lo que a veces quiere moverse, pero eso no le da derecho alguno a recriminarme mis paseos junto a él por el oscuro de la noche pateando el resbaladizo asfalto, trepar rocas escarpadas o simplemente caminar por la calle despacito y en silencio.

Yo no me meto con él más allá de echarle en cara que es un visitante incómodo. Que no le busqué para que se viniera conmigo. Que puedo pasar muy bien sin él y de hecho no quiero que se quede. Pero, más terco que una mula y debe ser sordo, porque como el que oye llover...Aunque, debe ser mía la culpa. Bastante tiene el pobre con que yo no lo deje relajarse, que muchas veces lo someta a calenturones y que lo lleve por donde él no querrá, ni asomarse siquiera.
Pero es lo que hay. Somos ya muchos años compañeros inseparables. Juntos hemos recorrido medio mundo. Paseamos unidos por fuertes lazos y nos han calentado los mismos abrazos. En definitiva que nos queremos, la verdad sea dicha.

Ahora voy de nuevo a oír su lamento. A sentir sobre mi piel el peso de sus reproches por los últimos días vividos llevándolo por donde yo he querido. Frío o caliente. Tenso o relajado.

Acabamos de disfrutar de una suave y caliente ducha y él me ha ido diciendo bajito lo que me quiere, pero que lo tengo un poco cansado. Que, por favor, por unos días le de algún masaje y lo perfume. Que lo cuide y veré como no me da motivo de queja. Que me esté quieta y deje de ir de acá para allá, que no quiere viajar más de momento, ni subir montañas.
Yo le he dicho que haré lo que pueda pero que no le aseguro nada.

He empezado a cuidarlo, a mimarlo. Pues hoy no llevará zapatos de tacón, ni andará oprimido.
Hoy lo he enfundado en unos suaves calcetines y unas cómodas zapatillas de andar por casa que le han dado una cálida bienvenida y le han dicho bajito:
No te preocupes juanete: hoy el dedo gordo del pie derecho y tú podréis descansar calientes y cómodos en el hogar, dulce hogar

Comentarios

  • isabel veigaisabel veiga Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2010
    Estaba deseando llegar al final para saber de quién hablabas. Así es como deberíamos mimar y, sobre todo, escuchar a nuestro cuerpo.
  • LARALARA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado febrero 2010
    Gracias texas por leerme y opinar.

    Dices bien, el mensaje, pese a tener doble sentido, es el de poner atención a nuestro cuerpo cuando nos avisa. Pues nuestros deseos mentales son a veces contrarios a lo éste necesita y, demasiadas veces, desoímos cuando nos va advirtiendo que debemos ir más despacio. Queremos hacer demasiadas cosas a la vez olvidándonos de que el cuerpo tiene una capacidad y un límite.

    Y, muchas veces también, hay personas que se ven obligadas a ir tras su pareja… a su ritmo…
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