Esta mañana El País ha publicado este artículo interesantísimo que tiene material de sobra para escribir una novela a lo Le Carré.
España, blanco de más de cuarenta ciberataques
España sufrió más de 40 ataques informáticos "graves" en 2009. Instituciones clave fueron el objetivo de 'troyanos' diseñados al efecto. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) es uno de los organismos 'tocados'
JOSEBA ELOLA 24/01/2010
Ciberespías que escudriñan los correos electrónicos de sus enemigos. Que se infiltran en redes vitales para la seguridad mundial. El caso Google ha puesto en el ojo del huracán la batalla de espionaje que China y Estados Unidos libran en la Red. Pues bien, España, aunque está lejos de los niveles de tensión que respiran las dos potencias, no vive ajena a los intentos de ciberespionaje.
España está en plena fase de elaboración de su manual de emergencia ante grandes contingencias
Los servicios de inteligencia españoles reconocen haber recibido cuatro ataques directos el año pasado
Algunos servicios secretos fichan a los ciberespías enemigos cuando les 'pillan', a cambio de conmutarles la pena
Según ha podido saber EL PAÍS, en 2009 se produjeron más de 40 incidentes "graves" en instituciones y organismos clave españoles. Las fuentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que confirman esas más de 40 intervenciones, no facilitan información sobre la procedencia de los ataques. Pero esta es la primera vez que los servicios de inteligencia españoles admiten haber intervenido ante este tipo de acciones.
No todos los ataques fueron casos tan notorios como el de Javier Solana, cuyo ordenador fue penetrado por servicios de inteligencia de "una gran potencia" cuando aún era representante de la política exterior y de seguridad europea. Entonces quedó claro que, hoy en día, nadie está a salvo de los ciberespías. Ningún ministerio en España lo está. Ni siquiera el propio CNI. Según reconoce una fuente de este centro, el año pasado se produjeron cuatro ataques directos contra los servicios de inteligencia españoles: dos contra el CNI y dos contra el Centro Criptográfico Nacional (CCN), el órgano que garantiza la seguridad de las tecnologías de la información en la Administración y que depende del propio CNI.
La batalla de los servicios de inteligencia, aquí, también se libra en la Red. James Bond se ha vestido de
hacker y ha sustituido los artilugios espectaculares por avanzadas nociones en programación. Se ha puesto a enviar códigos maliciosos para penetrar en los ordenadores del enemigo. Estamos en la era de los duelos de
hackers de élite, frente a frente.
Hubo un tiempo en que los
hackers eran unos tipos graciosos con afán de notoriedad que jugaban a entrar en los ordenadores del Pentágono. Siguen existiendo, sí, véase el episodio Mr. Bean. Pero son otros los que preocupan más a los servicios secretos occidentales. Los hay que venden en el mercado negro internacional por 60.000 euros los agujeros de seguridad que descubren.
Hackers que, trabajando de modo directo o indirecto para servicios secretos, ponen a prueba los sistemas de inteligencia del enemigo 24 horas al día.
Hackers maliciosos y brillantes que, cuando son pillados en labores de espionaje, conmutan su condena fichando por los propios servicios secretos que han atacado.
Los ciberespías cada vez hacen más ruido. Y eso que los episodios que protagonizan se intentan silenciar por todos los medios posibles.
Hace tan sólo dos años que Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Francia expresaron quejas por las intrusiones de chinos, los llamados
hackers rojos. También fue en 2007 cuando un Estado, Estonia, fue víctima de un
ciberataque masivo que colapsó bancos y organismos oficiales y que se atribuyó entonces a un grupúsculo de
hackers rusos. "Todo Occidente es muy vulnerable a este tipo de ataques", asegura Carlos Jiménez, presidente de Secuware, empresa de seguridad en Internet. "Nuestra sociedad no está preparada y el daño que pueden causar es mayor que el de una bomba, te pueden paralizar un país". Sentado en una sala de reuniones de la sede de su empresa, en Torre Picasso, remata: "Para estos ataques no necesitas plutonio". La Agencia Europea de Redes y Sistemas de Información (ENISA) ya advirtió en 2008 del riesgo de un 11-S digital.
Evgeni Morozov, experto en uso político de Internet, mantiene que no hay que ser catastrofistas. En conversación telefónica desde Washington, sostiene que los que se dedican al mundo de la seguridad en Internet exageran para poder vender más sus propios servicios
. "Los ciberataques entre países continuarán", comenta, "pero una cosa es que te roben datos y otra que te colapsen la red eléctrica".
Daniel Sansó-Rubert, experto español en inteligencia, seguridad y defensa, también rebaja el tono: "Para mantener un ataque informático prolongado hace falta una estructura muy fuerte", dice, "un grupo terrorista no la tiene; los Estados, sí".
Lo que está claro es que España tiene por delante dos retos: el del ciberespionaje y el de la protección ante un ciberataque que pueda paralizar un país. En el primero, ahora se reconocen los primeros incidentes. En el segundo, España está en plena fase de elaboración de su manual de emergencia.
Centro Nacional de Inteligencia, jueves 21 de enero, 10.30. Luis Jiménez, responsable ejecutivo del CCN, toma asiento en una sala de reuniones de los servicios secretos españoles. "Los ataques contra la Defensa intentan pasar desapercibidos", explica, "infectan tu ordenador para robarte la información. Eso lo hacen los servicios de inteligencia de modo sistemático. Son ataques muy difíciles de detectar".
En un laboratorio cercano a donde se celebra esta entrevista es donde se procede al análisis forense de los
troyanos -dispositivos maliciosos que se introducen en el ordenador y abren una puerta para la fuga de información- que se detectan
en un ordenador, por ejemplo, de un ministerio: se investiga cuándo y cómo entró y qué tipo de información ha podido ser comprometida. El código malicioso se estudia, se ejecuta y se hacen varios intentos de conexión con el exterior para determinar desde qué servidor fue enviado. Una vez descubierto de dónde procede, se entra en contacto con el servicio secreto del país desde el que se envió para proseguir la investigación. Que el
troyano llegue de China no significa que el ataque proceda de allí. Hay ataques que utilizan ordenadores cautivos en lugares remotos.
Según confirma una fuente del CNI, en los más de 40 casos de incidentes graves que se detectaron en 2009 en España el
troyano era sofisticado, era un troyano
ad hoc, un
troyano concreto para un objetivo concreto; no era obra de meros aficionados. En algunos casos fueron gobiernos extranjeros los que detectaron un servidor infectado en España y pidieron colaboración al CNI. Los organismos
tocados fueron espacios clave. Ministerios y administraciones locales, entre otros. No hay datos de que los ataques consiguieran gran cosa.
La actividad de los servicios de inteligencia está en plena fase de mutación. Los avances tecnológicos exigen cambios de ritmo endiablados. Antes se buscaban los puntos flacos del enemigo y se estudiaba cómo bloquear sus radares, sus sistemas de sensores, se
freían los espectros radioeléctricos. Ahora todo va por la Red. Los sistemas de mando ya no están centralizados. Los equipos de ciberdefensa deben descubrir dónde están los servidores de Internet del enemigo para poder neutralizarlos o destruirlos en caso de conflicto.
Según señalan desde el CNI, hace tres años los países occidentales destinaban un 1% de sus recursos de inteligencia a la ciberdefensa. Ahora este concepto engloba en torno a un 15% de los recursos. El Centro Criptológico Nacional ha triplicado su personal en los últimos cuatro años.
El replanteamiento de estrategia implica un acercamiento de los servicios de inteligencia al mundo de los
hackers. "En Estados Unidos, si capturan a uno, le conmutan la pena contratándole", cuenta Sansó-Rubert. "Les ponen a trabajar, a someter al sistema de inteligencia a ataques que permitan determinar dónde están las puertas traseras". Los servicios secretos occidentales necesitan tener contacto con esos
malos. No es raro encontrar en un congreso de seguridad digital a un miembro de un servicio de inteligencia sentado junto a un
hacker.
A la hora de fichar agentes en España, Jiménez explica que los grupos de investigación de universidades son un buen caladero. En cuanto al contacto con los
hackers malos, explica: "Hay un mundo
underground con el que se habla, al que hay que acercarse. Pero no puedo detallar procedimientos".
Son varios los expertos que se quejan de la lentitud de los cambios en el otro gran capítulo, el de la protección de las infraestructuras básicas. "Aún estamos bastante en pañales", declara un alto cargo que trabaja para el Ministerio de Defensa. Opinión que ratifica Xabier Michelena, miembro del Consejo Nacional Consultivo de Ciberseguridad, que agrupa a las empresas españolas del sector. Francia, Alemania y Reino Unido llevan mucho más tiempo trabajando en este campo.
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SONIA GUTIÉRREZ
BARCELONA
Una de las grandes ventajas de las redes sociales como Facebook o Tuenti, la comodidad que siente el internauta al estar entre amigos, puede convertirse también en uno de sus mayores peligros. Lo dicen la mayoría de las empresas de seguridad informática, que alertan de que este año los ciberdelincuentes pondrán en el punto de mira a estas webs.
El año pasado, la compañía Kaspersky registró 43.000 ficheros de malware (programas maliciosos) específicos para las redes sociales. «Estamos seguros de que el 2010 será mayor», afirma Ricardo Hernández, director técnico de la empresa. La distribución se hace a través de mensajes aparentemente inofensivos con enlaces a otras páginas, que son las peligrosas. Una de las amenazas más extendidas en el 2009 fue la de Koobface, un gusano que hacía creer al usuario de Facebook, MySpace y otros sitios que un amigo le había enviado un vídeo. Al intentar verlo, un mensaje pedía actualizar el programa Flash con un troyano oculto. El índice de eficacia de los ataques en el correo electrónico es del 1%, según Hernández, frente al 10% en las redes sociales.
Una vez el ordenador está infectado, las posibilidades son múltiples. Puede haberse descargado un keylogger, programa que reconoce lo que el usuario teclea y se usa para descubrir contraseñas. También puede convertirse en un PC zombi (o bot), controlado por un tercero que lo usa en ataques para colapsar una web.
También puede ocurrir que alguien robe el perfil de otra persona en una red social con el fin de estafar a conocidos a los que explica que está en el extranjero y necesita que le envíen dinero. «Las redes sociales se usan de trampolín para llegar a otros sitios», dice Blas Simarro, de McAfee. «Cuando alguien vulnera tu cuenta, es la punta del iceberg».
DATOS PERSONALES / Luis Corrons, director técnico de Panda Labs, opina que el mayor riesgo está en «la falta de concienciación» sobre datos personales: «Aunque tú estés protegido, si la cuenta de un amigo tuyo se ve comprometida, podrá acceder a la información que tú publiques en tu perfil». Información como el nombre de la mascota y el año de nacimiento que usa el hacker para descubrir contraseñas.
Con 350 millones de usuarios en el mundo, Facebook calcula que un 1% de sus usuarios han tenido fallos de seguridad. Tuenti sufrió el año pasado un ataque en el que centenares de usuarios dieron su contraseña. «En una hora y 10 minutos desactivamos la amenaza», dice un portavoz de la principal red social española.
Los ciberdelincuentes también comercian con ordenadores zombis. «Hay foros de internet en los que se alquilan», dice David Barroso, de s21sec. Sirven para chantajear a una empresa amenazándola con colapsar su web.
Contra los ataques, lo mejor es la cautela. «Nunca hay que fiarse de los correos que pidan contraseñas. Lo mejor es ir a la web original y escribir el usuario y la contraseña como siempre», recomienda Fernando de la Cuadra, de Eset. Aunque es necesario un antivirus, añade, «nunca reemplazará al sentido común».
Saludos.
Un saludo.