Pese a lo avanzado del calendario, el sol aún calienta los lugares más fríos del jardín. A través de la ventana abierta al exterior, puedo disfrutar de los cambios de colores que me regala el otoño. Y esta mañana he vuelto a ver a la ardilla que siempre merodeó por el pino piñonero frente a mi ventana y que un buen día dejó de pasear con su rapidez acostumbrada dejándome un recuerdo perenne como hoja de árbol en mi memoria.
Hoy, cuando he salido a disfrutar del aire cálido en este particular bosque en el que paso tanto tiempo, de pronto una alegría inesperada ha salpicado de sonrisa mi despertar algo dolorido, porque al amanecer algunos huesos sin darme una explicación convincente han ido martilleando mi sueño hasta hacerme despertar. He observado atentamente la rapidez de la ardilla por la barandilla que me separa de las piedras entre las que aún corren las lagartijas, por raro que parezca. Ha saltado como saltimbanqui en día de circo de rama en rama, y con una destreza increíble sus diminutas manos arrancan el fruto que han ido a buscar y cuyos dientes como de sierra han partido en dos de un solo intento la dura concha que separa del dulce y tierno piñón, con el que se alimenta.
Mientras mi dolor iba desapareciendo con la misma rapidez que el piñón de su envoltorio, miraba sin cesar a la ardilla que, de vuelta a casa, me ha recordado lo traicionero a veces de los afectos. Pues sin ellos no podemos vivir bien, pero con ellos, muchas veces, tampoco.
Una ardilla hoy, me ha hecho recordar que no importa a quienes nos encontremos en el camino, pues si en él encontramos el amor, la amistad, la complicidad, cuando ellos no están la nostalgia es quien sin avisar, se instala en nuestro corazón haciéndonos compañía. Yo he echado tanto de menos a la ardilla que diariamente me hacía reír al verla con la rapidez con que se procuraba su alimento, como echo de menos a esos seres que se buscan la vida, lejos de mi. Esos seres que quiero y que querré mientras viva, y a otros a los que sigo queriendo aunque estén muertos. Pues hay días que parece que siguen por aquí, por este jardín que huele a hierbabuena, alargando una mano hacia la mía aunque yo no la vea.
Hoy la ardilla ha vuelto de nuevo porque en realidad nunca se fue del todo.
Comentarios
El tema es enternecedor y está bien tratado. La frase final lo dice todo, como un buen colofón. Felicidades.
Jaja, me pregunto qué fue de ella :rolleyes:
Muy bien, Lara. Ahí estamos, vivan los animales
Creo JNM que, poco a poco voy aprendiendo. Por eso me vienen tan bien vuestros comentarios. Es lo primero que pedí el día que colgué aquí mi primer relato de "La muerte le trajo vida" que ya quedó perdido por ahí.
La mayoría de mis relatos son creados a "vuela tecla", a veces sin ser corregidos correctamente y también por eso me repito, además de otros errores que puedan contener. La Ardilla es muy reciente y, como casi todos mis relatos, basados en hechos reales, en el día a día. Los de la gata son más antiguos y más inexpertos en su redacción...Además que escribía la gata contando su vida:D...y es de un aprendiz que...;). Bueno, bromas aparte, daros a los tres de nuevo las gracias, porque independientemente de que mis relatos contengan errores de sintaxis, a los que espero poner remedio poco a poco, lo que me importa mucho es poder llegar al lector. Que éste "me vea" a mi, o a las historias de mis animales, amigos, emociones, tal como las percibo y las siento cuando acabo plasmándolas en un relato que puede retratar, también, la cotidianidad de la vida o los sentimientos, los miedos, las luchas,...que en un momento dado nos marcan, nos despiertan, nos enseñan...
La vida que pasa a nuestro lado, simplemente.
Besicos.