Hola, ahí dejo un trozo de relato que empecé el otro día, no pongo más por si os aburrís. Si a alguien le gusta otro día pongo el resto, que es donde sale el amor, jaaja. Aunque parezca mentira es de romántica. Es que me gusta poner las cosas crudas, pero solo al principio. Bueno, aunque no lo parezca es romántica. Pero empieza así...
Gallaecia, 411 d. c.
Había oído hablar de ellos pocos días antes. Por su parte se había sentido escéptica ante las habladurías que circulaban por doquier, que a cada momento en el que eran repetidas parecían más exageradas; los bárbaros eran más altos, las hachas que portaban incluso más pesadas y su crueldad también aumentaba a medida que los aldeanos repetían la historia que habían oído de un superviviente de Iria que pasó por allí de camino a Coimbra. No le dio importancia, ni tampoco a todo cuanto sucedía a su alrededor. El barullo que se había formado en torno al simple comentario de un loco que huía despavorido como si hubiera visto a un fantasma. En realidad, ella pensaba que ese hombre debía estar trastornado o que habría perdido la cordura. Además, conocía a su gente, eran demasiado catastrofistas. No era la primera vez que avisaban de que los bárbaros se acercaban, pero nunca llegaban, ¿por qué les iba a creer ahora?
¡Qué equivocada estaba! Y qué frio tenía aquella noche, llegó incluso a dejar de temer por un momento solo por el frio que sentía en sus piernas y sus manos húmedas y llenas de barro, que en ese momento se clavaban en la tierra mojada. Solo podía pensar en ese aroma a tierra batida por la lluvia y en el dolor que subía por sus pies hasta sus rodillas hincadas en el barro. Pero a pesar de todo eso, no podía moverse, por mucho que lo deseara.
De pronto sintió que todo cambiaba, que una calidez invadía su cuerpo y la piel de su rostro. Alzó la cabeza y se acercó sigilosamente, arrastrándose por entre el barro para alcanzar el resquicio de la uno de los tablones de madera carcomida que había frente a ella. Observó entrecerrando los ojos, agudizando la vista y se dio cuenta de que el calor que sentía en su cuerpo era producido por el terrible incendio de la casa que había justo al lado del establo en el que estaba ella. Sintió pánico. Su cuerpo comenzó a temblar, más si cabía. Abrió la boca tiritando por el miedo. Intentó calmarse, pensar en las posibilidades que tenía. Si salía de allí la descubrirían, pero si no, moriría abrasada por las llamas. Lo cual no era de su agrado, y no sentía debilidad por ninguna de ellas, pero tendría una oportunidad si salía de allí corriendo. Al menos su casa estaba cerca de la espesura del bosque, y conocía el terreno. Antes tendría que infundir algo de valor en sus entumecidos miembros. Inspiró fuertemente. Pero no, decididamente eso la ponía más nerviosa, y teniendo en cuenta que ya era un manojo de nervios... Así que decidió respirar más despacio. Acercó sus manos a la boca e intentó calentarlas con el vaho que salía de ella, las frotó y salió corriendo de allí apartando la puerta del pequeño establo y huyendo como alma que lleva el diablo.
No llegó muy lejos, un bárbaro enorme, montado en una bestia de iguales proporciones la atrapó al poco tiempo de salir de allí. La dejó en el lomo de su caballo que resoplaba enfurecido y tiró del ronzal para girar de nuevo hacia la dirección que había tomado antes de percatarse de la reciente, alocada y frustrada huída de la muchacha.