Andaba buscando una forma de lograr una idea decente. Y es que después de mucho haber escrito, toparte con la nefasta de que todo aquello cuanto has redactado, carece de sentido o no es más que un estropajo… no se siente bien. La frustración es lo más jodido que hay, después de la muerte. Más aún si han sido como ochenta las páginas que has destinado irremediablemente al tacho de basura (o debería de decir, papelera de reciclaje), sin mayor compasión (y es que no la merecen). Yo tal vez diría que puede llegar a ser más jodido que la muerte, porque si bien la muerte ya no tiene solución (hasta que alguien más pronto que tarde encuentre la fórmula para la inmortalidad), la frustración te hace desearla, pero por lo general nunca eres lo suficientemente cobarde como para llevarla a cabo. No era la primera vez que me reventaba la idea de no poder concebir una buena historia, así que para variar, me senté a pensar. No tenía tareas que hacer, ni gente con la que hablar en la mensajería instantánea, ni mensajes a temas que responder, ni viejos amigos a los que llamar, sin contar con que me había dado cuenta de que siempre los agarraba en mal momento. “¿A quién carajo le importa si tengo ideas o no?”, pensaba, acordando no poner más malas palabras en mis próximos escritos. Después del primer pensamiento desalentador, se asomó uno algo más prometedor: “¿Y si escucho música?”. Prendí la radio, casualmente siempre calibrada en la emisora de música clásica, y decidí ponerme a escuchar algo tropical. No pensé mucho, simplemente lo hice, en un abrir y cerrar de ojos moví el sintonizador de frecuencia y me quede escuchando la canción que sonaba en ese momento. Me pareció escalofriante, pasar de música clásica, a cumbia de estación, pero aunque ustedes no me lo crean, me dio una idea. Literalmente se me prendió el foco, y empecé a escribir de la nada. No pondré aquí sobre qué trataría la “futura historia”, pero a decir verdad, dudo que le adivinen el tema. Se me vino a la mente una secuencia poderosa, bastante original y coherente de hechos, y la puse en papel. No muy acorde con la circunstancia, arrancaba hojas recién empezadas de un block y las hacía trizas una tras otra si no copiaba bien en ellas las ideas que tenía en mente, hasta que por fin salió algo. FIN.
Bien esa es mi historia. Aprovechen la frustración señores, aprovechen los sentimientos extremos, como la excitación y el desenfreno. Ambiéntenlos, y tengan fe en su creatividad, denle tiempo a su cerebro para que se organize, no creo que haya que ser un genio, a cualquiera se le vienen las ideas de pronto. Creo que eso puede dar ideas. Suerte
Comentarios
Anoto dos comentarios sobre tu texto:
- la frustración, como la defines al principio, parece más nacida de la falta de calidad de lo escrito que de la falta de inspiración. Estoy de acuerdo con ésto, porque por muy malo que sea lo que producimos, de alguna idea inspiradora debió de surgir.
- pones como ejemplo de inspiración la estimulación sensorial, en este caso del oído, con la música, o mejor dicho, gracias a un "cambio" de música. Efectivamente, nuestros sentidos físicos son grandes instrumentos de inspiración artística: un perfume, una melodía, una imágen, pueden transportarnos hasta la genialidad.
Seguiremos leyéndonos,
un abrazo,
Shai
creo que todos los escritores han experimentado esa sensación de carente inspiración, no me considero un escritor pero en lo personal xD creo que ha pasado (diría yo exactamente) tu relato por mi cabeza. Mi problema siempre ha sido la rutina, ya que cuando termino un relato o algún proyecto, solo me queda eso y lo demás es un lienzo blanco.
felicidades acertaste al pensamiento de un escritor.:)