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HORMIGAS ROJAS. Parte 3.

AMBADARLAAMBADARLA Pedro Abad s.XII
editado enero 2011 en Narrativa
HORMIGAS ROJAS. Parte 3.


Ricardito y Santiago vuelven un poco antes de la hora de la cena. Aún rememoran y comentan la batalla entre la mantis y las hormigas. No ha ganado su campeona, pero eso no quiere decir que no disfruten hablando de ello.
El padre de Santiago está liado en el jardín, pala en mano, cavando un hoyo para plantar el retoño de un ciruelo. La madre tiende las sábanas, y como es costumbre, al verles llegar comidos de churretes y con la ropa sucia de polvo y tierra, ordena a su hijo que vaya inmediatamente a la ducha. Las protestas de Santiago no sirven de nada, pues ambos saben que su madre es implacable. Así que entran y Santiago se mete al baño.
Luego vas tú, le dice. No te rías tanto.
Ricardito entra a la cocina. Tiene sed y le apetece un zumo. Su madre se está sirviendo un té. Él la saluda y le cuenta lo de la mantis religiosa. Su madre asiente. Se ha bebido el té, pero sigue dando vueltas a la cucharilla dentro de la taza, haciendo que tintinee contra la loza.
— ¿Cuándo viene papá?— pregunta Ricardito, cambiando de tema bruscamente, sin rodeos ni pretextos, como sólo un niño puede hacerlo.
Y su madre no responde. Se queda con la mirada clavada en la taza de té vacía, y de repente se pone a llorar. Empieza poco a poco, con un par de lágrimas. Después estalla en sollozos.
Ricardito se queda helado, sin saber qué hacer ni qué decir. Si fuera sólo un poco más niño, la abrazaría para consolarla. Pero está en esa edad donde las muestras de cariño resultan incómodas y no se saben abordar.
Así que se levanta de la silla, y aunque no quiere hacerlo, deja a su madre sola, llorando en la cocina.
Cuando sale a la calle se maldice por ello, pero ya no es capaz de volver atrás. No es capaz de retroceder. Hace poco que ha descubierto el orgullo del que yerra.
Al ver su cara, descompuesta, su tía le pregunta qué pasa, pero él no dice nada y sale corriendo. Y al rato se da cuenta de que tiene lleva la pala de su tío en las manos. La debe haber cogido del jardín. Mira a su alrededor y reconoce el sitio, junto a los pilones de roca que delimitan las eras. Está allí pero no recuerda el camino hecho. Sólo piensa en el silencio de su madre, en sus lágrimas. En la pregunta fatídica que las desencadenó, en ese sabor amargo en la boca.
Coge la pala y revienta el hormiguero. Lo destroza. Las hormigas intentan defenderlo pero es inútil. La pala las aplasta, revuelve la tierra, destroza sus estructuras, hunde los túneles.
Cava un hoyo y después lo rellena de nuevo. Algunas hormigas han subido por el mango de la pala y le han picado, pero le da igual.
Aplana el montón de tierra que sobresale. Lo prensa, hasta que queda como una tumba reciente; un túmulo funerario. Después escupe y gime.
Se siente como un dios cruel, y no le gusta.

Sergio Álvarez Calzada©2010.
[email protected]
www.elmurcielagorojo.blogspot.com

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Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2011
    estuvo muy bien el cuento de las hormigas, algo diferente.
  • AMBADARLAAMBADARLA Pedro Abad s.XII
    editado enero 2011
    muchas gracias, Amparo.
    Tengo muchos más en mi blog, pero cuando tenga un rato iré colgando algunos por aquí.

    Un abrazo.
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