Esperas y fumas,
tras la velocidad de las carreteras de humo
se esconden los rostros petrificados
que nunca creyeron detenerse.
Ellos te observan,
pero tú eres un ángel,
así que esperas, y fumas.
Caminas como un ángel,
finges una cojera,
y arrastras tu pierna derecha
como si estuviera muerta,
para que traten
de intuir el movimiento
de la parte de un
todo intranscendental
que jamás verán moverse,
ni llegaran siquiera a sospechar.
Ellos no saben que eres ángel,
pero yo sí,
porque, de camino a casa,
te he visto hacer autostop
en las carreteras que ascienden
suavemente hasta el cielo
desde una simple acera.
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