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BUTTERFLY (capítulo XIII)

HORACIO VICTOR ROCHÓNHORACIO VICTOR ROCHÓN Gonzalo de Berceo s.XIII
editado diciembre 2010 en Terror
CAPÍTULO XIII


El sol invadió la habitación e iluminó la cara de James. Primero la frente; y luego los ojos.
Cuando el calor y la luz comenzaron a ser molestos, el biólogo frunció el entrecejo. Esto le produjo, inmediatamente, una puntada en el lado izquierdo del rostro que lo hizo despertar.
Medio dormido y encandilado, trató de ubicar el reloj de pared de su alcoba. Cuando lo halló, con asombro pudo comprobar que eran las diez de la mañana. “¿Cómo he podido dormir tanto?”, se preguntó.
Tanteó su ojo.
Sí, estaba el paño. No había sido un sueño; pero el dolor ya no estaba. Solo la contracción fuerte de los músculos faciales le provocaba un pequeño escozor.
Se sentó en la cama. Estaba vestido.
Calzó sus zapatos y salió del cuarto.
Mary, la mucama, justo pasaba por el pasillo y amablemente lo saludó:
- Buen día, señor Bruce.
- Buen día, Mary – respondió él y, seguidamente, le peguntó - ¿Por qué no me llamó?
- Lo vi muy cansado, señor, hoy temprano cuando llegué. Calculé que había trabajado hasta tarde y no quise molestarlo.
- Sí. Tiene razón.
- Su desayuno está pronto – le indicó ella.
- No, ahora no. Debo salir.
Y dejando a la empleada un tanto confusa, tomó un abrigo y salió raudamente de la casa.

* * *


- De lo más raro que he visto – declaró el doctor Caw, mientras examinaba el ojo herido de James con ayuda de una potente luz y un lente de aumento.
- ¿Dices que la mariposa te picó? – inquirió - ¿No se supone que las mariposas no pican?
- Hasta ayer a la tarde, sí – contestó irónicamente el biólogo.
- ¿La tienes aquí para verla?
- No. Enfurecido como estaba en ese momento, la aplaste, y solo quedó de ella una masa viscosa manchando la alfombra. Lo único que rescaté son las patas que te mostré hace instantes.
- Sí, sí – afirmó Caw – Parecen diminutos anzuelos. Tus párpados lo testimonian. Están bastante hinchados.
El doctor continúo observando el ojo y luego agregó:
- El punto rojo que me dices viste ayer, consecuencia del percance, no lo puedo encontrar – y corriéndose hacia atrás, le preguntó - ¿Estás seguro de que te picó profundo?
- ¡Sí! – exclamó James, aunque enseguida corrigió – O al menos así me pareció sentirlo.
- Puede haber sido la impresión del momento. Y tal vez sólo fue superficial el contacto. El órgano visual es muy sensible e irritable, frente a cualquier agresión. Tu ojo no presenta síntomas de malestar y además, me dices que ahora no sientes más dolor.
- Sí, es cierto. Ya no me duele.
- Si te hubiera inyectado algún veneno, por más débil que fuese, el dolor no habría cesado y el órgano debería estar inflamado. ¿No lo crees así?
- ¡Tu eres el médico! – respondió James a modo de reproche.
- ¡Pero tú eres el experto en bichos! – dijo riéndose el doctor - ¡Y más de uno te ha picado en tus aventuras!
- Ya lo creo. Aunque este ejemplar me desconcertó. Su descubrimiento habría sido el más grande que hubiera hecho. Que pena que lo haya destruido. Era el único; bueno, casi el único ejemplar que se hallaba en esa zona.
- ¿Cómo, “casi el único”?
- Sí, así es. Cuando conseguí la mariposa en el poblado indio de Misiones, Carlos, el hombre que me ayudaba, entendía el idioma de los nativos; entonces me comentó que estos murmuraban entre ellos, y hacían referencia a otra mariposa igual a la que traje, pero no pudo captar en que sitio se hallaba. Yo conforme con el ejemplar que tenía, no indagué más al respecto.
- Entiendo. ¿Y qué piensas hacer? – preguntó Caw y, con voz ostentosa, agregó - ¡¿No me dirás que pretendes regresar en busca de esa otra mariposa?!
- Ganas no me faltan – aseguró James – Pero no. Ya viajé bastante y no quiero dejar otra vez sola a Ana. Se cansaría de mí.
- ¡Por supuesto que sí! Además a ese ojo debemos vigilarlo por un tiempo. Que no haya tenido reacción alguna hoy, no nos asegura nada. Venme a ver pasado mañana y veremos como evoluciona.
- Como tú digas.
James se despidió de Caw y se retiró. Volvió a su residencia, donde prosiguió con el trabajo de investigación.
Los párpados se deshincharon rápidamente y el ojo no volvió a sufrir de dolores. A los dos días el joven inglés prácticamente había olvidado el accidente con el insecto, pero igualmente no demoró en volver a visitar a Caw.
- Mira las figuras que puse en la pared – le dijo el doctor, mientras le tapaba el ojo derecho con un libro - ¿Las ves bien?
- Perfectamente. Igual de nítidas que con el otro ojo – respondió James.
El médico se sentó en una silla junto a James y le explicó:
- Los párpados están normales de nuevo. El iris y la pupila están perfectos. Ya no tienes nada, James.
- Me alegra escucharte decir eso. ¿No le dijiste nada a Ana de lo ocurrido?
- No. Te prometí no hacerlo. Además no le he escrito.
- Es que no quiero que se preocupe y arruinarle la visita a su tía.
- ¿Y cómo llevas esos estudios de los insectos?
- Bien – contestó James, no muy convencido de su respuesta y, con algo de desgano, continuó – Algunos ya estaban descubiertos. Otros no. Lástima esa mariposa que me atacó. Era la más bella y exótica que he visto hasta el día de hoy. Pero sin pruebas, el hallazgo no cuenta. Así es la ciencia. Sin tan siquiera hubiera podido dibujarla – concluyó resignado.
- ¡Tengo una idea, ahora que tu ojo está recuperado! – exclamó Caw repentinamente, y preguntó después - ¿Cuánto tardarías en ir y volver a Sudamérica?
- ¡No! ¡Es una locura! – protestó el biólogo.
- ¡Vamos! ¡Sólo dímelo! – insistió el doctor.
- Bien. Si todo transcurriese medianamente normal, pienso que dos meses y medio; tres meses.
- ¡Entonces ve y consigue ese insecto que tanto ansías!
- ¡No, no! ¡No puedo hacerlo! ¡No puedo ser tan egoísta! Ana se disgustaría mucho, si al regresar no me encontrara.
- No te preocupes. Yo te cubriré – le respondió Caw, que titubeando agregó – Le diré…. No sé – luego pensó un instante y continúo - ¡Ya sé! Le diré que tuviste que volver, porque hubo un mal entendido en los trámites aduaneros con tus mercancías y…. – pensó otra vez – Y que te obligaron a regresar, tanto las autoridades inglesas como las deee…. ¡¿Cómo se llama ese país donde hallaste la mariposa?!
- Argentina – respondió suavemente James.
- ¡Cómo las de Argentina!
- Jo-na-than – silabeó, reprendiéndole – Eso es mentir demasiado.
- ¡Vamos! ¡Es mi única y última oferta! ¡No te arrepentirás! ¡Todo saldrá bien! – concluyó Caw, con ambos brazos abiertos y cejas en alto, esperando la respuesta del amigo.
James, de labios prietos, lo observó un momento, y finalmente aceptó:
- De acuerdo. Iré.
El doctor, contento con la resolución, entregó a James una medicina por si sentía alguna molestia en el ojo durante el viaje. Y sin más tardanza, al día siguiente lo acompañó al puerto para que regresara a Argentina en busca del insecto.
El biólogo dudó nuevamente cuando estaba por embarcarse, pero Caw se encargó de animarlo y terminar de persuadirlo.
Entusiasmado y sonriente, James se despidió con un abrazo, de su entrañable amigo. Jonathan.

Comentarios

  • eanueanu Banned
    editado octubre 2010
    Pues no sé, la novela avanza, es como si los personajes comenzaran a seguir sus motivaciones.

    Crítica profesional:

    Este capítulo me ha gustado menos. Que James vuelva a Argentina es un poco forzado. Es forzado no en el argumento, sino en lo rápido que James toma la decisión. Como si tuviera que tomarla a lo largo de este texto fuera como fuera. Esa es la sensación que me da.

    Que yo recuerde, Carlos no dijo nada de otra mariposa. No se habla de ninguna otra mariposa. No sé, es como si algo fallara, no me convenciera.

    Imagina que James vuelve a Argentina y consigue la otra mariposa. Y la vuelve a perder. Por esa regla de tres, puedes poner en un siguiente capítulo a James de nuevo diciendo que acaba de acordarse de que Carlos mencionó un lugar oculto del que venían todas, y ya está. Ya vuelve otra vez a Argentina.
  • HORACIO VICTOR ROCHÓNHORACIO VICTOR ROCHÓN Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2010
    Cuando escribí esta parte, estaba en un dilema: entre extenderme un tiempo mas mientras James se decidía en volver y en resolverlo rápidamente. Igualmente, entre una visita y otra al médico, transcurren dos días en los que James podría haber estado estudiando la posibilidad de volver a Argentina y la insistencia de Caw lo que hizo fue solo terminar de convencerlo.
    En cuanto a que Carlos no dijo nada respecto a la otra mariposa, también dudé en mencionarlo al principio, pero no me pareció conveniente. ¿Por que?, no lo recuerdo ahora.
    De todas formas, la decisión de James es apresurada, sí. Talvez demasiado.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado diciembre 2010
    pues a mi me parecio entrever que había la duda de que existiera más espécimes de estos en Argentina, que sea un motivo para volver.
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