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BUTTERFLY (capítulo VIII)

HORACIO VICTOR ROCHÓNHORACIO VICTOR ROCHÓN Gonzalo de Berceo s.XIII
editado octubre 2010 en Terror
CAPÍTULO VIII


Por la mañana del siguiente día partieron los cuatro a Dover y alrededor del mediodía llegaron a la finca de los Clayton.
Esta se encontraba apartada de la ciudad misma, en un terreno muy bien ubicado, y pertenecía a la familia desde hacía varias generaciones.
El acceso era simple y llano; cuidado, aunque sin presunciones. Un camino hecho con canto rodado, flanqueado por árboles de diferente tipo, que acababa en un pequeño patio delantero con tres abetos frondosos y cuatro a cinco plantas de jardín; nada más.
Luego estaba la casa, hecha íntegramente de madera y con un diseño clásico, propio de la zona. No era de grandes dimensiones, ni tampoco exagerada en el adorno.
Por último, se hallaba el gran parque posterior, invisible desde el frente y, este sí, sublime en su belleza. Contaba con gran variedad de árboles ornamentales, que, planeadamente ubicados, combinaban con diversidad de plantas. Conjuntamente con la hierba del suelo, el verde se mostraba en todas sus gamas y tonos.
En contraste, aparecían las flores agrupadas en islotes. Islotes esparcidos en el verde. Los había amarillos de narcisos; otros blancos con redondos tulipanes; más salientes se mostraban los gladiolos multirojos, y en lo alto las camelias bicolores. Las margaritas formaban con sus capítulos, nubes blancas agujereadas de amarillo; y las rosas resaltaban de entre todas con encanto primordial.
A medida que se avanzaba por el parque y se acercaba a su final, el perfume de las flores daba lugar al aroma marítimo proveniente de la costa. Pero el fin del parque no era la costa en sí, sino un abrupto acantilado de paredes blancas solo vistas desde el mar.
A lo lejos se apreciaba el viejo castillo de Dover, cuya figura resaltaba en el paisaje, con sus altos torreones vigilando con celo la costa inglesa. Su vasta presencia había sido y era, testigo silenciosa de todo evento acaeciente en la comarca.
Ana fue la primera en ingresar al parque. La falda con miriñaque que lucía, de color gris con blanco, al igual que el jubón y par de guantes, parecía ser una extensión de sus ojos. El sombrero, que también era del mismo color, le protegía la delicada cara del potente sol. Y enmarcada en el contexto de la floresta, su presencia competía con la de las rosas, que eran con ella, las más bellas del lugar.
La siguió James que vestía ropas azules, con un sombrero de copa y un bastón haciendo juego.
Caw, muy sagaz, creyó prudente quedarse dentro de la casa con la señora Clayton para no incomodar a la pareja.
-Amor, mira que lindo esta este sitio – se expresó Ana, mientras giraba y reía con sus brazos extendidos.
- La que esta muy linda…. ¡eres tú! – le respondió James y comenzó a perseguirla entre los árboles.
Ella trató de evadirlo, pero al cabo de unos minutos fue capturada por la cintura y, tras tropezar, rodaron juntos por el herbal, perdiendo los sombreros.
Cuando se detuvieron, a poca distancia del acantilado, él quedó encima de ella.
Ana, sonriendo y agitada, sentía la presión del cuerpo de James sobre sí.
Él, también sonriente, inspiró el aliento proveniente de ella, le acomodó el cabello detrás de sus delicadas orejas y, acariciándole el blanco cutis, la besó.
Ya sentados en el pasto, preguntó:
- Ahora que estamos solos. ¿Qué ocurre con Lucy?
- No lo sé – le respondió la joven sacudiendo la cabeza – Después de que te fuiste, ella comenzó a frecuentar lugares un poco indecorosos para una mujer. A tratar personas desconocidas para mí, y su forma de vestir se ha vuelto más provocativa.
- ¡Pero, Ana! Lucy siempre fue un poco atrevida y dada con las personas.
- Sí, pero ahora lo es mucho más. La he visto hasta con cuatro hombres a la vez, riendo y riendo. Además no es sólo eso. Hablando con su tía, con la cual vive, me ha dicho que a menudo realiza salidas nocturnas y no sabe a donde se dirige. La tía dice que Lucy ya es mayor y que a ella sólo le corresponde aconsejarla. Pero no la escucha.
- Que cosa más extraña – murmuró James, mirando el suelo – Era tan unida a nosotros tres. Desde chicos nos confiábamos todo. Tu padre siempre nos traía acá. ¿Te acuerdas? Había puesto una gran cerca, aquí – dijo, señalando todo el borde del acantilado- Por miedo a que alguno se cayera. Éramos muy inquietos.
- ¡Sobre todo, tú! – rió Ana.
- Sí – y con mirada pensativa, continuó – Recuerdo a Lucy diciendo por un lado, que nunca dejaría de ser nuestra amiga, y a Jonathan por el otro impugnando, que cuando fuéramos grandes no nos trataríamos más…
- ¡Y hoy es Jonathan el que continua con nosotros! – lo interrumpió Ana.
- Exacto. ¿Qué paradoja, no? – hizo un silencio y peguntó - ¿Has tratado de hablar con Lucy?
- No. No he querido.
- Tarde o temprano tendrás que hacerlo.
- Sí – asintió ella, pero enseguida rectificó – No lo sé. Pienso que me ha cambiado por otras amigas y prefiero dejarlo así. Me parece que no valen de nada las excusas que tenga.
- Piénsalo, Ana.
- De acuerdo – cedió al fin la joven – Te prometo, lo haré. Ahora tengo que hacer el viaje a Manchester y tendré tiempo para meditar.
- Eso espero. Me parece lo más indicado.
Sin darle tiempo para que continuase el diálogo, James tomó con su mano el cuello de Ana, la trajo hacia él y la besó.
-¡Cof! ¡Cof! – tosió Caw por detrás – Lamento interrumpirlos.
-¡Oh, vamos, Jonathan! – le dijo James - ¡Siéntate con nosotros! ¡Disfrutemos juntos este día hermoso!
- Está bien. Me sentaré un momento. Pero después debemos volver a la casa. Tu madre, Ana, ha preparado algo para que almorcemos.
Por la tarde, los tres amigos continuaron la plática hasta bien avanzada la noche.
Al día siguiente emprendieron camino a la ciudad de Dover. Recorrieron sus calles, el mercado y el puerto. Más tarde visitaron el castillo.
El domingo a la tarde regresaron a Londres, y temprano en la noche se dirigieron a descansar, pues al otro día un nuevo viaje les aguardaba. A todos, menos a James.

Comentarios

  • eanueanu Banned
    editado octubre 2010
    Buen capítulo, escrito de forma sobria.

    "A lo lejos se apreciaba el viejo castillo de Dover, cuya figura resaltaba en el paisaje, con sus altos torreones vigilando con celo la costa inglesa. Su vasta presencia había sido y era, testigo silenciosa de todo evento acaeciente en la comarca." Me ha gustado mucho esto.

    Crítica profesional:

    La situación es definida por el capítulo, constituyéndose en una unidad situacional. "El momento en el parque". Pero quizá precisamente por eso da la impresión de que los personajes están atados a la unidad situacional, no pudiendo ir más allá de ella. El doctor Caw no interviene en la conversación sobre Lucy, incluso aunque haya podido escuchar el final de esa conversación.
  • HORACIO VICTOR ROCHÓNHORACIO VICTOR ROCHÓN Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2010
    Sí, narra un momento específico y breve.
    Tiene, primero, una descripción para ubicar al lector en el lugar y, al final, unas líneas sobre los acontecimientos que siguieron.

    Otro saludo.
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