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BUTTERFLY (capítuloVII)

HORACIO VICTOR ROCHÓNHORACIO VICTOR ROCHÓN Gonzalo de Berceo s.XIII
editado octubre 2010 en Terror
CAPÍTULO VII


Hacía un mes del retorno de James. El reencuentro con Caw había sido emotivo. A pesar de que el doctor se enteró de su regreso por intermedio de Ana, el verlo después de tan largo tiempo le provocó una gran alegría.
Los días transcurrieron pronto, y los dedicó a pasarlos con su amigo y su prometida, contándoles las experiencias vividas en el viaje. Las cajas con insectos prácticamente no las había tocado. No quería abrumar con explicaciones científicas a sus amigos y solo unos pocos especímenes tomo de ellas para mostrarles. El resto lo reservó para el estudio más adelante. Ya habría tiempo; ahora quería estar junto a Ana y recuperar todo el tiempo que estuvo lejos de ella.
Debido a esto, James se encontraba en la mansión de los Clayton, donde una mesa elegantemente preparada, encumbrada por dos apetitosos pollos rodeados por diversas y coloridas ensaladas, aguardaba ser abordada por los comensales allí presentes: él, Ana, el doctor Caw, el señor y la señora Clayton. Esta última fue la que amablemente invitó a sentarse a la mesa.
Mientras transcurría el bufé, la señora inició el coloquio con una pregunta:
- ¿James, cómo has encontrado Londres a tu regreso? ¿Igual que antes?
- No, señora Clayton – contestó el joven – La hallé muy adornada y elegante. La primavera se ha hecho notar este año, más que en otros anteriores. ¿No lo creen? – interrogó a los presentes, mirándolos en recorrida, y siguió – O tal vez soy yo el que lo ve así debido al distanciamiento producido por el viaje.
Nadie objeto y prosiguió James:
- Otra cosa que he notado, y no creo que sea solo yo, es la presencia de nuevas edificaciones; algunas de ellas muy llamativas. Una es la que se halla casi al final de la calle St. John. Es inmensa. Usted señor Clayton, ¿no tenía una propiedad en esas inmediaciones?
- Efectivamente – contestó el aludido, aún masticando un bocado. Espero a deglutir y repitió – Tan efectivamente, que esa residencia es propiedad nuestra y se culminó el mes pasado. – y rió.
- Disculpe mi torpeza. No lo sabía.
- Es que has estado mucho tiempo fuera, muchacho. Y todavía no te has puesto al día sobre lo que ha ocurrido en tu ausencia – limpió la comisura de su boca con la servilleta y continuó – Si fueras a Dover no la reconocerías. Ahí sí que han construido últimamente.
- ¡¿Por qué no vamos allá?! – interrumpió Ana, impetuosa - ¡A la finca nuestra!
- Yo no puedo, hija – respondió el padre – Debo atender mis negocios. Vayan ustedes y diviértanse un poco.
- ¿Nos acompañas, Jonathan? – preguntó Ana.
- Bueno, yo… – trató de decir titubeando Caw, pero la joven se adelantó:
- ¡Vamos, Jonathan! ¡No pongas excusas! Tomate unos días; te hará bien. ¿No es así, James? – terminó, mirando a su prometido.
- ¡Sí, amigo! ¡Vamos a Dover! – afirmó James y señalándolo con el dedo, le dictaminó - ¡Mañana mismo! ¡Y no me vengas con enfermos y reuniones! Ya los tendrás a la vuelta.
- Está bien – sonrió Caw – Pero el lunes sin falta tengo que estar de regreso, pues debo viajar a Luton.
- ¡Nosotras también! – replicó la señora Clayton - ¿No recuerdas, Ana? Quedamos en ir a visitar a tu tía Lidia en Manchester. Nos estará aguardando.
- Lo había olvidado – respondió Ana – Pero hoy es jueves. Aún nos quedan tres días.
- ¡No se discute más! – sentenció James - ¡Mañana salimos! – y siguieron comiendo.
Habiendo terminado, los tres jóvenes se retiraron al salón de estar contiguo y en él prosiguieron los ajustes para el viaje.
- Yo reservaré los pasajes de tren – se ofreció Caw – Me queda de paso.
- Y yo avisaré a Lucy – dijo James – No la he visto aún, desde mi regreso, y le gustará la idea.
- ¡No! ¡Mejor no! – señaló Ana.
- ¿Por qué?
- Lucy, después de tu partida, se ha estado comportando muy extraña y hoy día no nos frecuentamos.
- ¿Qué ocurrió? - indagó James.
- Ya te lo explicaré a su debido tiempo, amor. Ahora no corresponde.
- Además, Lucy no esta – intervino Caw – Hace un tiempo que salió de viaje.
- Bien, entonces iremos nosotros tres y tu madre – dijo James a Ana – A ella también le hará bien respirar un poco el aire del mar.
Sin más preámbulos se despidieron.
Caw salió en procura de las respectivas reservas, y James a ordenar algo las cosas en su pequeña casa céntrica y así encontrar la ropa para hacer las valijas. Desde el regreso no había dedicado el debido tiempo para con sus pertenencias. No le extrañaba. Era, de hecho, normal en él.

Comentarios

  • eanueanu Banned
    editado octubre 2010
    Me ha gustado la conversación, era como ver realmente a esas personas hablando entre ellas. La forma de hablar entre ellos, todo da un aire de que realmente están en otra época.

    Crítica profesional:

    "El reencuentro con Caw había sido emotivo. A pesar de que el doctor se enteró de su regreso por intermedio de Ana, el verlo después de tan largo tiempo le provocó una gran alegría."

    Me resultó un poco confuso, porque parece que es el doctor el que al ver a James le provoca gran alegría.

    Cuando sacan a relucir el tema de Lucy, me parece un poco extraño que el doctor no salte inmediatamente o ver en él algun tipo de reacción al respecto. Da una simple información neutra como si casi no conociera ni a Lucy. De nuevo, el hecho, esa conversación que mantuvo el doctor con Lucy, debería aparecer ahora, al menos una indicación de que existio.
  • HORACIO VICTOR ROCHÓNHORACIO VICTOR ROCHÓN Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2010
    Va mi explicación:
    El hecho es que Caw podría no haber sabido que James había regresado, por lo que el reencuentro habría sido emotivo por la sorpresa inesperada que recibiría al verlo. Pero, a pesar de que ya sabía que había regresado su amigo y por lo tanto, que la sorpresa no jugaba un rol importante, la alegría y la emoción de verlo no fueron menguadas.
    En cuanto al tema de Lucy, se pueden considerar varios motivos: Podría ser que Caw no quisiera entrometerse en las relaciones de la pareja y por eso deje a un lado el comentario de su encuentro en el puerto. También, que el doctor no creyera conveniente el momento para decirlo o directamente tuviera otras razones, ajenas al lector, para no contarlo.
    Espero, por lo menos, te haya aclarado algo.
    Saludos.
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