Ojos de tigre acechan desde donde
Poseidón lanza un grito intempestivo.
Emite el bosque un cántico aprensivo
y así Perséfone veloz se esconde.
Hermes desaparece,¡no responde!
Resurgen las gramíneas, grandes lagos
ahogan los monólogos aciagos.
¡Intrépido es Dionisos! Ya se marcha
con sus rastros de vino y fresca escarcha
que mitiga el dolor y sus estragos.
El viento roza el cuello de Afrodita,
rechinan los furiosos abedules;
profieren sus bramidos los azules
destellos de Harmonía. Necesita
prefigurarse una fusión bendita
entre el cielo y el sol ultravioleta.
Como una bofetada atroz, secreta,
se transformó una hiedra en agua espuria,
y gimió el frenesí de la lujuria
¡sonando el arpa de un anacoreta!
¡Huye del yugo que sagaz te aplasta,
divina hurí! Tu espíritu se aja
igual que se hace añicos una alhaja.
La tenue estela de una lengua casta
se acerca a la fruición iconoclasta.
Ah!, brahmánico sueño que aletarga,
borra Artemisa su sonrisa amarga;
la desesperación hecha fantasma
genera paranoias. Y se plasma
el clímax del temor que nos embarga.
¿Adónde fue Silencio? No se asoma.
Raya la tarde, la silueta oblonga
de Pegaso, en el cielo se prolonga
aun más; estableciendo así el axioma
de la apariencia como engaño. Toma
Zeus lamano de Leda, que lo evoca
como un gallardo cisne de barroca
belleza. En un lugar Cronos razona
sobre la esencia humana. ¡Ser persona,
ser mortal!, vocifera una gran boca.
¡Todos piden orgías y connubios!
Aquí entra Eros, vivo e impoluto;
Sísifo apaga su tedioso luto.
Pentesilea lanza sus efluvios
sexuales con alarde de diluvios
Diligentes, las églogas de Orfeo
vibran estimulando a un corifeo.
Salen de su arca Deucalión y Pirra,
Hermes reparte libros, oro y mirra
anulando las lindes del deseo.
Vienen a desfilar sobre una alfombra
con la bandera de un feliz augurio,
Hadas y Gnomos. Deja su tugurio
Hades gesticulando con su sombra.
A la ilustre Atenea el gran Zeus nombra
como de nuevos sueños la maestra.
Y llora con ahínco Clitemnestra
gestándose un Poema de prosodia
exquisita. Y Apolo lo salmodia
hincándose con clase de alma diestra.
El mar cae en un hondo paroxismo;
Aparece el maestro Zaratustra
cuyo mensaje complicado frustra
un impulso de extraño cataclismo
dando a luz pálpitos de surrealismo.
Oh! jardines de prístina blancura:
no ocultéis vuestra tímida ternura.
Entes hermafroditas de pacífica
nobleza, recuperan la beatífica
facultad de vivir en la locura.
Mil noches duerme Gea, y se celebra
la fuga del malvado Belcebú.
Nubes de opio de matiz hindú
embellecen los montes. Una hebra
de un asteroide provenida quiebra
cimientos de la inmensa Babilonia.
Reconstruyen su sólida colonia
los Titanes. Impera el color té
de los finos cabellos de Ananké,
que bosqueja su propia ceremonia.
Las Ménades derrotan al encono
y las Horas (que escapan de su pompa)
temen que la armonía se corrompa.
Mugen los hierofantes con su tono
peculiar contra el pérfido abandono
del Placer... Se aproximan a su fin
las oscuras tonadas del esplín.
Ares vomita su furor volcánico
y Psique con fruición humilla al pánico.
¡Es tiempo del Olímpico festín!
Sumidas en su esquiva aristocracia
van las Moiras, que tejen el Destino.
Arriba el erotismo sibilino
de las Musas, que están llenas de gracia.
Regresa la ampulosa idiosincrasia
de Atenea. Se aviva lo inseguro
de los hombres. Prodígase maduro
y febril un secreto: desde un polo
recóndito del alba viene Apolo
mostrando el fruto del Amor más puro.
Se alza Niké con magistral semblante
neutralizando flujos de una crisis.
Vuestra Naturaleza, madre Isis,
exhibe su Verdad en un instante.
Cantan con ilusión Homero y Dante;
desde Oriente, un ciclón de fantasía
sopla burlando a la Melancolía.
Las Hidras de ultratumba, taciturnas
se adormecen con fábulas nocturnas.
¡Triunfa la colosal Sabiduría!
Comentarios
el autor, al que tanto admiro, he sentido la llamada de tus versos.
Me ha gustado encontrar a tantos personajes del pasado, moldeados por tu imaginación y metidos en escena con la habilidad que te caracteriza.
Para mi gusto, demasiado largo para leer en pantalla, pero es este el medio de que disponemos.
Un abrazo épico.
Su respuesta a mis producciones se siente muy próxima. Y especialmente le agradezco la entrada a este rincón olvidado (rectifico: la Epopeya casi sin compañía)...
Besos epopéyicos.
Pero me veo obligado a preguntar.. cómo así que en este helénico paisaje divino se hace un hueco Zaratustra, o Babilonia? Pese a que el abuelo Zoroastro se hiciese su propia religión, o el garn-dios-o Alejandro conquistase esa mítica ciudad.... se me quedan un poco alejados del nutrido olimpo que nos regalas, no?
PD: Tengo una conocida que estudiaba Clásicas, y a la que creo puede gustarle tu epopeya inmortal. Puedo enseñársela?^^
(Es lógico que puedan parecer fuera de órbita algunos elementos).
(Me alegro porque te haya gustado y porque quieras enseñárselo a tu amiga).