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Femme Fatale 10

Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
editado agosto 2010 en Narrativa
Cuando por fin pude recobrar el aliento después del tremendo susto que me había dado, sacudí la cabeza y en silencio le hice un gesto a mi compañero para que subiera al vehículo. Mas de una vez había oído hablar a mis amigas de un lugar en la autopista Panamericana al que acudían con sus amantes y había agendado la dirección para acudir en algún momento con mi marido, le dí la indicación al taxista y sin inmutarse el conductor nos llevó hacia el lugar. Por primera vez pude observar a mi amante a plena luz y su cuerpo volvió a despertar en mi espíritu aquella extraña sensación de deseo que había enterrado junto a mi adolescencia; su figura parecía tosca y enormemente pesada, todo en él era mas denso que en el resto de los hombres, incluso el color de sus ojos. Comencé a desvestirme lentamente mientras el muchacho se bebía la copa que habían alcanzado al cuarto como cortesía de la casa, él seguía mis movimientos sentado en un sillón sin hacer ni siquiera un gesto, sin emitir una palabra, parecía hipnotizado, paralizado por aquella situación. Cuando quedé completamente desnuda frente a él, pude percibir de repente aquel básico instinto, aquella lujuria animal ya olvidada y suspiré de placer sin sospechar que no era un deseo civilizado lo que me invadía, era otra cosa mucho mas poderosa y enigmática. Recorrió mi cuerpo un escalofrío y una sexualidad hasta ahora ignorada pero la inquietud y el temor volvieron a aparecer en mi rostro sin que yo pudiera evitarlo y justo en ese momento mi amante rompió el silencio tranquilizándome con ese tono de voz pausado y sereno que empezaba a necesitar mas que al aire.
-Estas oportunidades suelen ser provechosas para quien sabe hacer buen uso de ellas y yo me considero afortunado al tener frente a mí y desnuda, a una mujer hermosa seguramente acostumbrada a que la seduzcan y a que los tipos se peleen por ella; ahora estas acá dispuesta a que yo satisfaga mis deseos mas ocultos con vos y eso me halaga. Por lo general los hombres tenemos muchas fantasías para cumplir, pero el poder gozar de una mujer inalcanzable de esta manera, puede llegar a ser mejor incluso que violarla o maniatarla.
A partir de aquella confesión todo se volvió confuso nuevamente, el me poseyó una y otra vez sin descanso durante toda la noche, mi cuerpo transpiraba emociones desconocidas y deseaba que nunca terminase aquel encuentro. De repente sentí que la corriente sexual se extendía mas profunda y por mas tiempo que las sensaciones que había experimentado anteriormente, con todo el cuerpo apretado, en segundos pensé que iba a reventar de placer cuando un extraño silbido me dejó sorda por unos instantes. Entre el temor y las ganas de disfrutar a pleno eso que estaba sintiendo que hacía que me desdoblara en mi personalidad, simplemente me dejé llevar; esa noche me embarqué en su joven energía y en una ausencia de mí misma que me llevó lejos de este planeta. Me apreté fuerte a su espalda y sentí una explosión intensa que partía de mi sexo hasta el estomago y no dije nada, ni siquiera volví a respirar hasta que noté su cara de susto, entonces le tuve que acariciar el hombro y decirle “esta todo bien”; luego reaccioné que algo latía dentro de mi pelvis y entendí que era diferente a todo lo que había conocido hasta ahora.
No se bien si fue la química descubierta en ese momento o si tal vez me concentré por demás, o si estaba mejor predispuesta que otras veces, lo cierto es que en ese momento pensé que iba a morir de placer. Siempre había tocado el tema de oído y había escuchado hablar acerca de que hay muchos tipos de orgasmos, pero éste le aseguro que fue único y extenso, no terminó de inmediato, sino que siguió en una vibración que perduró un tiempo, aun después de haber finalizado.
-Eso tiene que ver con la hipersensibilidad de las zonas genitales, esto mas el exceso de información sensorial, mas el tiempo acumulado sin tener orgasmos la llevó seguramente a una especie de estado de conciencia superior. El sistema nervioso se colapsa de mensajes y todo se oscurece, provocando lo que los informáticos llaman reinicio del sistema, es decir, el sistema nervioso recibe demasiados estímulos y se satura, se resetea. Algunas drogas provocan el mismo efecto de desvanecimiento en el cuerpo pero lo hacen de forma química, el orgasmo es la única forma natural que tiene el cuerpo de provocar este hecho de naturaleza fisiológica aunque solo lo sufren las pocas personas en algunas experiencias sexuales casi místicas.
-En relaciones anteriores a mi marido me había excitado mucho y experimentado sensaciones realmente duraderas pero con este muchacho me sentí aturdida, pensé que me iba a quedar sorda, las fuerzas de mis piernas y de mis brazos se desvanecieron y sentí que me quedaba sin aire, incluso me asusté porque pensé que me iba a dar un infarto, luego también me surgió la estúpida idea de nunca mas volver a tener un orgasmo por miedo a volver a sentir aquello y no poder controlarlo.
Al regresar a casa me quedé tirada en la cama durante largo rato, acababa de adquirir un bien sobre el cual nadie tenía el mas mínimo derecho y sabía que por fin había llegado al término de mi terrible y alocada carrera, comprendí angustiosamente que la llegada sólo era el verdadero punto de partida; mi alegría espiritual incluso sobrepasaba mi alegría física que se había visto sacudida con aquel flujo sensual violento y desconocido. Acababa de conquistar lo que venía buscando a ciegas desde hacía tanto tiempo y aquella conquista, lograda al precio de un infierno interior, me aturdía ahora con una extraña e intensa sensación de orgullo.
La que siguió al encuentro fué una noche larga y cruel, a pesar del infinito cansancio de cuerpo y espíritu que aún sentía, se me hizo imposible conciliar el sueño, temía la vuelta inesperada de mi marido y a enfrentar su presencia. Aún no se había dado cuenta de nada, ni por mi tono de voz en el teléfono ni tampoco por la apatía de mis respuestas, pero sabía que el milagro no podía durar mucho, dentro de un par de días cuando regresara, apenas atravesara la puerta, adivinaría todo; era imposible que no quedase en mi ni una sola huella de aquel monstruoso día, algo extraño debía tener, algo especial debía permanecer en mi aliento, en el pelo, mi cara ya no era la misma, todo había cambiado a mi alrededor.
Varias veces salí de la cama para observarme en el espejo buscando algún detalle que se me hubiera escapado, una marca, un estigma, un rasguño; así transcurrieron las horas hasta que no aguanté mas y me vestí corriendo, volví a tomar el mismo vehículo del infierno y le pedí a Caronte que volviera a cruzar el Hades hacia aquel pecaminoso rosedal para provocar un nuevo encuentro.
-Te estaba esperando porque sabía que regresarías. Anoche me enamoré de vos, nunca antes me había sentido tan bien, tan completo; estoy en las nubes, totalmente entregado y creo que no puedo vivir sin tu compañía.
Normalmente una confesión de ese tipo proveniente de alguien con el que sólo había pasado una noche hubiese provocado en mí una carcajada irónica, pero esta vez no me atrevía a pronunciar palabra; sólo había venido a buscar su sexo, su virilidad y su silencio.
-Te repito que me enamoré de vos.
Pude darme cuenta de que el muchacho no pretendía hacerme ningún cumplido sino que me estaba confesando un sentimiento sincero y se irritaba al no ver ninguna muestra de reacción de mi parte. Avancé lentamente hacia él con los labios entreabiertos y ambas bocas se fundieron en un apasionado beso, me tomó entre sus brazos y me llevó hasta la cama, ¡que ligera me sentí en ese momento! transportada por aquellos brazos fuertes y musculosos. Bajo la apariencia de una joven personalidad convivían en él la decisión y la seguridad, asomó en mi cuerpo nuevamente bajo la feroz delicadeza de sus músculos, el goce supremo, el trastorno único, el violento placer de la mas escondida y brillante delicia. Tarde en la noche, el muchacho encendió un cigarrillo y me preguntó:
-¿Puedo saber al menos como te llamás?
-Adriana
-¿Y que mas?
-Nada mas, ¿por que?
-Por nada, no te persigas solo quiero saber algo mas sobre vos, no soy policía ni tampoco pienso contarle a nadie de lo nuestro.
-¿Y a ver…vos, como te llamas? –pregunté experimentando el placer sensual de mirarlo a los ojos sin pudores.
-Yo no tengo nada que esconder, me llamo Fernando Díaz y tengo veinticuatro años. ¿A que te dedicás?
-Por ahora no puedo decírtelo.
-¿Cómo va a seguir nuestra historia?
- Por ahora no sabría decirte.

Comentarios

  • Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2010
    Pasaron un par de días mas y por fin alguien abrió la puerta de entrada haciéndome estremecer hasta la fibra mas íntima, mi marido se acercó y me besó apasionadamente sin siquiera prestarle atención a mi cara o a mi vestimenta, obviamente la primera reacción fue de amarga sorpresa ¿Tan fácil era disimular una situación desagradable como aquella ante el hombre que mejor me conocía? esta sensación aunque me tranquilizó me hizo daño. Conforme fueron transcurriendo las horas, el retorno de aquellas imágenes me hacía estremecer, al principio sentí asco y a medida que fueron transcurriendo los días junto a mi pareja terminé por acostumbrarme a su aparición hasta aceptarlas; finalmente se me fueron haciendo imprescindibles y hace poco comencé nuevamente a gozar y a complacerme en ellas. Me defendieron durante algunos días la presencia de mi marido y el cariño desgarrador que sentía por él, pero la fatalidad interior inevitable, como un sello en el destino de mi alma, tenía que cumplirse tarde o temprano.
    -Hace tiempo que no he vuelto a encontrar en nuestra vida aquella simplicidad absoluta y la maravillosa comunicación de los primeros tiempos, me inquieta un poco tu persistente y anormal humildad y retraimiento. Entiendo que estés muy nerviosa y estresada pero esta ternura casi lastimera de estos últimos días, esa extraña diligencia en servirme, tu falta casi total de vida propia y de intereses personales son imposibles de admitir en una mujer que, solo unos meses atrás maravillaba por su voluntad de superación y su orgullo. Cada mañana he buscado en tus rasgos, mi querida Adriana, esa felicidad que mi alma necesitaba a toda costa y cada mañana volví a encontrarme con el ser sumiso y ensimismado del día anterior, cuya única preocupación parecía consistir en servir a mis necesidades y atenderlas casi como si fueras una mucama y no mi esposa. ¿Que te ha sucedido?
    En ese momento pude darme cuenta de que mi amor estaba adquiriendo una forma inútilmente servil que se contradecía y me imposibilitaba todo cuanto me había propuesto respecto a mi marido, pero no podía evitarlo pues yo lo observaba desde la fosa lúgubre y pecaminosa en la que me encontraba y a medida que me iba hundiendo cada vez mas, mi marido derribaba murallas y sentía que me amaba cada vez mas.
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