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Femme Fatale 8

Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
editado julio 2010 en Narrativa
Cuando llegué a casa luego de la última sesión de terapia me dirigí instintivamente hacia el gran espejo ante el que solía vestirme y me quedé paralizada al ver cerca de mi reflejo a alguien que parecía confundirse con mi cuerpo. Poco a poco fui dándome cuenta de que era una mujer y que lentamente comenzaba a acercarse, me oprimida, acorralada; la figura continuó avanzando sin piedad, angustiosamente me rodeó y comenzó a apoderarse de mi cuerpo sin que yo pudiera evitarlo. Percibí que aun tenía una última oportunidad de escapar y con un gesto rápido di un salto hacia atrás para intentar liberarme de aquella posesión pero un deseo más poderoso que mi voluntad me retuvo, la tentación me había ganado esta vez la partida. Alcé la mirada y pude observar que la imagen se cernía aún impávida sobre mí, como si hubiese visto un fantasma mis mejillas se volvieron blanquecinas igual que el mármol de alguna lápida de cementerio, mi frente pasó de golpe a estar hinchada y amoratada, mis ojos parecían lejanos y hundidos en sus cuencas, vi asomar unos labios secos, mortecinos y agrietados; en fin, todo en aquel reflejo desprendía tan siniestra idea de ferocidad y horror, que no pude soportar ni un instante mas su presencia y corrí despavorida.
Me metí en la habitación y cerré de un portazo dejando caer abatida en mi cama, sólo atiné a acurrucarme y a abrazarme fuertemente a mis piernas, tenía las manos heladas. Poco a poco mi cuerpo fue emergiendo del caos con un sentimiento que invadía todo mi ser: vergüenza insoportable; todo cuanto acababa de ocurrirme me parecía extraño y perteneciente a un nivel de sensaciones e instintos que me eran ajenos. Mi memoria se extravió y no recordaba nada, se había esfumado el recuerdo de esa máscara de bestia sádica y violenta que se había posado sobre mi cuerpo y lo había poseído por un instante.
-¿Qué me está pasando? alcancé a gimotear repetidas veces en voz alta, meneando la cabeza a ambos lados.
Intenté ordenar y dar coherencia a los restos inconexos que aún conservaba en mi mente de lo que acababa de ocurrir pero fue en vano, una prohibición mas poderosa que todos mis esfuerzos, originada en las profundidades de la mente y a la que mi voluntad no tenía acceso, me lo impedía.
Escuché llegar a mi marido y estaba segura de que cada una de las palabras que salían de mi boca reflejaban aquel sentimiento de culpa imposible de definir, que invadía mi existencia. Luego de unos instantes la poca lucidez casi heroica que aun conservaba había triunfado sobre el enemigo sin rostro que se escondía en el interior de mi ser y comprendí lo estúpido y cercano a la locura que se hallaba aquel comportamiento; sabía que no era culpable de nada y sin embargo no tenía explicación para aquella imperiosa necesidad de ocultarme de la gente que surgía como un torbellino de mi interior.
Besé con temor a mi marido y la seguridad que había perdido se reincorporó con aquel sencillo y primitivo contacto, volví a sentirme segura y sabía que mi amor encerraba el argumento mas convincente que podía esgrimir frente a él; por primera vez en todo el día me sentí libre y suspiré de alivio y bienestar de una manera tan elocuente que mi compañero se inquietó.
-Estas un poco pálida, ¿te pasa algo?
-No me pasa nada mi amor, quedáte tranquilo. No quiero quedarme en casa esta noche, me siento muy bien y quiero que salgamos a algún lado.
Noté que su rostro se volvió apesadumbrado y recordé que era una de las pocas noches en las que habíamos quedado en tener una cena romántica en casa, mirar luego tal vez una película y por que no, dormir juntos. Recordé la decisión que hasta entonces había seguido a rajatabla de sacrificar todo cuanto fuera necesario en pos del bienestar y la felicidad de mi marido; pero la necesidad de huir de algo que no sabía bien que era me obligaron a romper ese pacto y pasar por encima de cualquier decisión consciente.
-¿Tenés ganas de ir al cine o al teatro?

Comentarios

  • Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado julio 2010
    -Hace unos años leí un caso en donde una mujer por mas de seis años no supo lo que era tener un orgasmo, cambiaba de una pareja a otra pensando que era la otra persona la incapaz de producirle placer. Su imposibilidad de tener orgasmos terminó cuando la paciente dejó los prejuicios y los mitos que le habían inculcado desde su infancia para abandonarse al placer y al amor que le daba el que ahora era su esposo, quien era mas que su pareja: su amigo incondicional.
    Estamos de acuerdo entonces en que el problema de nuestra paciente es anorgasmia producida por stress ¿no es así? eso quiere decir que no es nada grave, o sea nada que unas buenas vacaciones junto a su pareja no puedan solucionar. ¿Va a aceptar la sugerencia de la paciente y pedir interconsulta con un sexólogo como ella propuso?
    El colega que me había derivado a la paciente, el doctor Robert Díaz, psiquiatra de gran renombre en la institución en donde ambos trabajábamos, me había citado a tomar un café para charlar sobre “algunos temas”. Era mas que evidente que esos temas a los que hacia referencia se ceñían básicamente a sacarme información sobre la paciente en cuestión puesto que él atendía al marido y evidentemente era quien estaba pagando los platos rotos en esta situación
    -Por ahora vamos a dejar en suspenso la interconsulta con el sexólogo porque tenemos bastantes cuestiones para trabajar primero con la paciente. Le informo que como bien sabrá, la anorgasmia o imposibilidad para alcanzar el orgasmo puede deberse a mitos y tabúes sobre la sexualidad adquiridos en la infancia y que en general, se fundamentan en la concepción de virginidad que cada familia tiene, y el valor que se le otorga a la propia sexualidad. Aunque, lo primero a descartar, es un posible problema físico.
    -Le aseguro que según lo me cuenta el marido, no existe en ella ningún problema o disfuncionalidad orgánica.
    -Pues bien y aunque esta historia suena ya al pasado, todavía hay muchas mujeres que tienen ese problema y se debe a una educación sexual basada en represión y silencios
    -Ahora bien ¿Cuál puede llegar a ser según su siempre particular visión, la solución de un problema que casi resulta impredecible e incontrolable para el sujeto y para los profesionales porque se encuentra en lo más profundo de nuestra mente?
    -Como primer paso, conocer las limitaciones que tenemos como personas únicas e irrepetibles, saber lo que queremos y lo que no queremos y por sobre todas las cosas estar conciente de que casi todo depende de nuestra actitud mental hacia el problema.
    -Si, pero…eso es en general para cualquier trastorno o patología, no me quiera convencer con una respuesta obvia y sencilla como a un niño con un caramelo.
    -Muy bien, una vez que se ha hecho esto, podemos pasar a lo que podría llamarse un tratamiento o preparación para ir eliminando prejuicios y uno de los procedimientos mas recomendables es la masturbación.
    -¿Cómo dice?
    -Tal y como lo escuchó, mediante ella la mujer puede redescubrirse, conocer y hasta llegar a amar su cuerpo, así como conocer los movimientos necesarios para desatar su máxima pasión, además al encontrar las formas que mas la provocan le va a poder enseñar a su pareja y marcarle el camino.
    -¿Eso fue lo que le sugirió a la paciente que hiciera?
    -¿Acaso que actitud pensó que iba a tomar el sexólogo? Una vez que despierte su deseo, se adueñe psíquicamente de su cuerpo y sepa exactamente qué buscar en una relación sexual, ella podrá tomar la iniciativa y terminar con el papel que ha estado cumpliendo y que inevitablemente la llena de insatisfacción. Este proceso que conocemos como cultivación o construcción del placer, porque la capacidad para sentirlo se adquiere conforme se descubren nuevas posibilidades, es como una especie de bola de nieve que va creciendo entre mas relaciones se tengan y mas contacto se logre con el placer y con el propio cuerpo.
    -Debo reconocer que tiene usted razón licenciado y que algunas mujeres se ven limitadas a la hora de alcanzar la plenitud sexual por su estilo de vida, son mujeres que por lo general son vistas por los demás como exitosas, seguras de sí mismas muchas profesionales que se suponen mujeres liberales son a veces las mas reprimidas sexualmente, pues necesitan tener todo bajo control. La idea de dejarse llevar por un sentimiento, una emoción o una sensación les produce pavor, pues sienten que todo su sistema de vida ordenado se puede venir abajo en cualquier momento y eso las puede llegar a desorganizar en un segundo. Este síndrome que podríamos llamar de mujeres que se niegan a perder el control, se caracteriza por hacer que ellas se enfrenten al sexo como si éste fuera una obligación en la que hay que tener éxito y demostrar capacidades, por lo que no conocen el verdadero principio del placer. Estas mujeres deben aprender a relajarse y esperar lo inesperado, disfrutar de la posibilidad de no saber lo que va a pasar, y de no tener todo bajo control; en pocas palabras sólo tienen que liberarse.
    -Como si eso fuera tan fácil.
    -Seguro que no lo es y seguro que también debe haber mujeres exitosas y súper sexuales y anorgásmicas y de mente abierta, pero no me puede negar que un gran porcentaje de esas pacientes son debido al nivel de tensión que manejan y a tener otras prioridades antes que su propio sexo. A la hora de estar con su compañero, están pensando en su trabajo, en la limpieza de su hogar o en el examen del día siguiente; en este caso el cansancio, el estrés y las preocupaciones de otra índole evitan el goce, y para poder lograrlo sólo tienen que relajarse, olvidarse un poco de su agenda y no esperar hasta que ya el sueño y la fatiga dominen a la pareja.
    -Entonces casi coincidimos en que el problema de la falta de deseo sexual sería mas de índole mental que físico y que requiere un verdadero cambio de actitud, pero también es importante tener presente que mucho de ello se debe al bagaje cultural recibido en la infancia y que para no cometer el mismo error con las generaciones que vienen se tendría que cambiar la educación sexual para no seguir criando individuos sexualmente insatisfechos.
    -Como hacer entonces para que la paciente deje de centrar su vida en el placer sexual y pueda incluir en ella a su marido, actor secundario hasta este momento.
    -Justamente me parece que ahí radica la mayor confusión, doctor. Ella no aspira al placer sino que demanda satisfacción, oscila entre la aspiración a un amor imposible, absoluto e incondicional y los desafíos eróticamente erráticos en los que busca su identidad como mujer.
    -Me parece que necesito un dosis mas de cafeína en mi cuerpo porque me distraje un poco y me perdí, podría repetírmelo algo más claro por favor.
    -Algunas mujeres, como el caso de nuestra paciente, se quedan apresadas en el pedido, demandan amor todo el tiempo y necesitan continuamente tener a alguien que les brinde su apoyo pero para asegurarse que el deseo nunca sea satisfecho encaran siempre situaciones que de antemano resultan decepcionantes, recrean situaciones frustrantes y buscan que siempre les falte algo para completarse.
    -Entiendo, pero aquí me surge una duda ¿Cuál sería el beneficio de esta actitud? digo, del buscar la frustración constante.
    -Básicamente sería dejar siempre el deseo insatisfecho, garantizar de esa forma la conservación del placer porque siente en el fondo de su corazón que si algo llegara a completarla, moriría; el estancamiento del placer en el psiquismo equivale a la muerte física.
  • Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado julio 2010
    Las luces y la salida nocturna proporcionaron una tregua a mi desesperación pero nuevamente cuando regresábamos a nuestro hogar retornó la angustia. En el ascensor mi marido pudo percatarse del cambio rotundo en mi actitud y notó que una intensa palidez y un aspecto sombrío se apoderó de mi rostro.
    -No es nada mi amor, tranquilízate, te lo voy a contar todo ahora.
    Al decir estas palabras creí liberarme para siempre. Esta vez él tendría que escucharme le guste o nó, poco importaba ya su temor al pasado o sus celos enfermizos hacia algo que no se puede cambiar, su marido tenía que saber su secreto tan íntimamente guardado y tenía que ser ahora antes de que fuera demasiado tarde y cometiera alguna locura. Volvería por fin a mi vida la transparencia desde el momento en que le confiase mi tortura interior, seguramente antes de casarnos, él había llevado una vida intensa y experimentada con otras mujeres así que no sólo entendería sino que hasta aceptaría su situación. Me explicaría seguramente las cosas que necesitaba entender, se pondría en mi lugar y nuevamente nuestro amor superaría exitosamente la desagradable situación y esta satánica sed de placer se aplacaría.
    -No hace falta –le dijo su marido mientras le acariciaba el cabello- mi psiquiatra me explicó claramente cuál es el motivo por el que estas así.
    Solo un adicto a las drogas hubiera comprendido la intolerable sensación que se apodero de mí al recibir aquella respuesta, me sentí tan próxima a la desesperación como al lisérgico al que arrebatan su mercancía justo cuando se propone colocarse. Vigile ansiosamente cada gesto de mi marido que pudiera darme algún indicio sobre lo que se disponía a decirme, no era sólo el deseo de la ansiada liberación lo que me invadía sino también un enorme grado de curiosidad.
    -Me dijo que andas necesitando que nos tomemos unas vacaciones juntos para reavivar la llama de la pasión en la pareja; que tenés que desenchufarte y relajarte todo lo que puedas y que yo necesito dejarme llevar por vos, tengo que aflojar un poco con el trabajo y dedicarme solo a nosotros como aquella vez que nos fuimos a esa estancia en plena montaña. No se habla mas! voy a organizar mis horarios y el mes que viene nos vamos adonde sea, vas a ver que todo volverá a ser como antes.
    Una insospechada irritación contra mi marido comenzó a despertarse en mi interior, la percibí primero en mis manos que se volvieron a poner heladas y después gradualmente comenzó a subir por mi pecho y mi garganta hasta mi cerebro. Solo pude balbucear
    -No hables mas, por favor… no puedo mas… si supieras -No pude seguir hablando, ahogos y sollozos me lo impidieron.
    Mi marido me acarició las mejillas, los cabellos y los hombros con un cariño que era capaz de ahuyentar cualquier odio y temor, yo me aferré a él como un náufrago a una tabla a la deriva y mis lágrimas me obligaron a levantar la cabeza para poder secármelas y entre suspiros apenas pude decirle
    -No me hagas caso, por favor no me hagas caso.
    -¿Qué es lo que te atormenta tanto? No es solo una cuestión de vacaciones, ¿no es así?
    -Tengo miedo
    -Pero si yo estoy a tu lado y te voy a cuidar por el resto de nuestras vidas, ¿de que estas asustada?
    -De mí misma.
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