¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Cambio de Habitos - La historia de Junior 8

Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
editado mayo 2010 en Narrativa
Volví a ver al paciente Junior Rodríguez Lesende el viernes siguiente, su aspecto había cambiado desde la última vez. Se lo notaba claramente apesadumbrado, desconectado, tenía la mirada perdida y no podía hilar palabra. En un ataque de sinceridad me salí de mi rol pasivo y lancé una pregunta personal en tono complaciente:
-¿No te veo bien, que te pasa?
El se tomó unos segundos para responder
-Estoy agotado, siento que la cabeza me va a explotar, todo alrededor me da vueltas y no puedo concentrarme.
Acto seguido intentó coordinar una de sus frases elocuentes pero no lo consiguió
–Tranquilo –le dije– conmigo podes hablar francamente sin necesidad de que intentes ser algo que en realidad no sos. Reaccionó ante mi invitación como si le hubiese dado una cachetada, se recompuso en el asiento, levantó sus hombros caídos, se sentó derecho y aclaró su garganta. Pareciera como si de repente, el efecto de la medicación que le impedía expresar sus ideas se hubiese esfumado, comenzó a ponerse inquieto en el sillón y no paró de mover las piernas en toda la charla.
-La medicación no me permite crear, no quiero, no puedo ser yo mismo, no me seduce ser espontáneo. Necesito imperiosamente tener un libreto, algo escrito a que atenerme, saber lo que tengo que decir en cada momento sin improvisar.
-¿No querés ser vos mismo, quien te gustaría ser entonces?
-El actor es como un niño que vive, siente y procesa a través de sus juegos, que es capaz de crearse una situación placentera o desagradable con sólo proponérselo. Es un ser profundamente espiritual conectado íntimamente con lo sagrado, pues vive de creencias, muchas veces de las que él mismo se construye. Si el actor no confía en su personaje, éste no existe. Él es el encargado de encarnar experiencias a través de su imaginación, tomando aspectos de sí mismo para construir su personaje.
-Sos como un niño, un ser espiritual que toma aspectos de sí mismo para crear sus personajes, ¿Qué mas?
-Todos en mayor o menor medida nos ponemos máscaras; es algo así como la cuota de hipocresía mínima que se necesita para comunicarse y convivir con los demás y con uno mismo en nuestras virtudes y miserias. –Junior se pone de pie y camina por el consultorio mientras actúa el siguiente párrafo– “¡El Carnaval! Todos vivimos disfrazados ¿Para qué disfrazarse si todos estamos disfrazados? ¿Para qué está el carnaval estando la vida? Los vivos hacen de tontos, los pícaros de honestos, los míseros de generosos, los ignorantes de sabios, los doloridos de alegres; caretas, siempre caretas. Soy todo aquello que soñé ser y no pude por imposición de los demás
-Hablás en tiempo pasado y sobre algo que parecería, por lo que decís, no tiene vuelta atrás.
-Ya no hay tiempo para mí. No se puede volver a empezar la función, la muerte llegó y lo arruinó todo. El verdadero contador de historias es el que cada día, en el escenario de la vida, se pone al servicio de la obra que lleva a cabo, aún cuando sabe que la misma no tiene final feliz.
-Cuando hablás de la obra que llevás a cabo ¿acaso estás refiriéndote a tu propia vida?
-Se actúa como se vive y con lo que se conoce, por supuesto. El actor debe ser humilde para construir, ser capaz de romper su egoísmo y entregarse generosamente a su creación. Cuando un actor -en la construcción de su personaje– es soberbio, proyectará un ser empobrecido y pequeño; al contrario, un actor capaz de configurar personajes complejos y diversos, es aquel que con sólo su imaginación rompe las barreras que le impusieron sus valores
-¿Como son los personajes que vos creas?
-Por lo general mujeres, poderosas y decididas. Se imponen a los hombres y los sojuzgan con sus atributos. Diosas, cortesanas, guerreras, sacerdotisas; féminas que creen en el poder del amor y sufren por no ser correspondidas, luchan por lo que creen y no ceden su marcha hasta conseguirlo. Les doy forma, las amo, las hago crecer dentro mío y luego las dejo en libertad, ya no me pertenecen. El actor, llegado cierto límite, no puede dominar su obra, pues quedaría reducido y a la postre se autodestruiría.
-¿No creés entonces que esos personajes que dejas en libertad, se llevan algo que es tuyo y que nunca mas volverá?
-Doctor, todo es efímero, cuando llegue la parca tendremos que, igualmente dejar todo lo que era nuestro, no le temo al paso del tiempo. Pirandello decía que uno pasa muchas veces por la vida sin conocer su verdadero rostro; la cara se modifica continuamente por máscaras sucesivas que se construyen con la mirada de los demás. El rostro verdadero sólo aparece cuando llega la muerte.
-Sin embargo cuando empezamos esta sesión estabas abatido. No me parece muy habitual ver a un actor padecer en la creación de sus personajes; si así lo fuera, creo que hay algo que no estas haciendo del todo bien.
-El sufrimiento tanto en la actuación como en la vida es parte fundamental del proceso. Es verdad, últimamente me cuesta controlar mi angustia y eso me desanima un poco porque interfiere en mi creación; aunque tanto éste como otros malos momentos que me ha tocado atravesar, se qué también pasará.
-Sí, pero aunque no quieras, vas a tener que poner algo de vos para que eso pase.
(Silencio)
Fin de la sesión.

Comentarios

  • Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2010
    Creo que lo fundamental aqui era ganar confianza, dar vueltas sobre el asunto, volver la pregunta hacia el paciente, tanto vamos y vamos que al final algo del sujeto debe aparecer, o por lo menos a eso es lo que apostaba.
    Muchas gracias
    Agustin
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com