-¿Señor Rodríguez Lesende? Buenas noches, el licenciado Agustín Irusta le habla ¿como está usted? No, no ha pasado nada quédese tranquilo por favor. Discúlpeme por el horario pero es que tengo la imperiosa necesidad de hacerle unas preguntas; le repito que todo está en orden y que su hijo se encuentra perfectamente bien. No, no me encuentro en la clínica en este momento, estoy en mi casa, igualmente sé que su hijo esta bien y creo poder asegurarle que va a estar mucho mejor. Simplemente lo sé. Sí, aguardo en línea, no se preocupe. (Silencio largo). Le decía, sólo necesito que me saque de una duda ¿en que cementerio descansa su señora? Si no lo creyera necesario créame que no se lo preguntaría, (Silencio corto) ajá, muy bien, si estoy tomando nota. Una última pregunta y lo dejo seguir descansando no sin antes volver a disculparme por el atrevimiento y el horario; ¿Fué alguna vez Junior a visitar la tumba de su madre? me lo imaginaba. Buenas noches.
-Hola, ¿doctor De Caro?, Agustín Irusta, sí de la clínica. Sé perfectamente la hora que es y le pido mil disculpas por molestarlo. No, estaba por acostarme; quédese tranquilo que no voy a quitarle mas que unos segundos. Lo siento muchísimo, todo esta bien, no se preocupe, seguro. Necesito su autorización para sacar un paciente de la institución mañana por la mañana, sí, así como lo oyó; usted sabe que ya no salgo por las noches y casi que no tomo alcohol. El paciente es Junior Rodríguez Lesende, doctor. Sí, tiene que ser justo ese. Es sumamente necesario para la evolución del tratamiento. Es fundamental que sea mañana porque es una fecha significativa para él. Iríamos al cementerio de la Chacarita. Vuelvo a recordarle que no tomo mas alcohol hace rato. Me hago totalmente responsable, quédese tranquilo, confíe en mí. ¿Usted se comunica con el médico de guardia para avisarle de la salida? sería después del desayuno, sí, a las diez está perfecto. Se lo agradezco enormemente, que descanse.
-¿Qué estamos haciendo acá?
- Este lugar es el cementerio de la Chacarita, Junior; aquí están enterrados la mayoría de los artistas de nuestro país.
-¿Y que tiene que ver eso conmigo?
-Alguien dijo una vez “El teatro es el espacio sin tiempo ni lugar, mas allá de la imaginación. La vida es espacio y tiempo reales, se imaginen o no. En la vida se hace el teatro donde el actor juega y el personaje existe. El teatro es la vida donde el personaje es y el actor ama y crea sin límites”.
-No entiendo nada de lo que me dice.
-Lo que intento explicarte es que el actor sin sus personajes no es nada, los personajes sin actor, están muertos, no pertenecen a ninguna obra; Vos mismo, sin la actuación no existís y tus personajes sin vos, desaparecerían, ambos se necesitan.
-¿Adonde quiere llegar con eso?
-Nunca me dijiste nada acerca de que tu mamá había sido una actriz reconocida de su época, no te asustes, nadie me lo dijo; yo mismo investigué un poco y llegué a esa conclusión que vos me acabas de confirmar.
Agachó la cabeza y se encogió de hombros; caminamos lentamente y en silencio por los pasillos del cementerio hasta llegar a un recodo en el camino en donde nos detuvimos.
-En nuestras sesiones siempre me dijiste que tu mamá había“desaparecido”, tengo que decirte que eso no es así Júnior, tu mamá murió, ella ya no es parte de esta obra.
-Me parece como si ya hubiese estado en este lugar, aunque no recuerdo cuando, tengo la sensación de que es menos tenebroso y lúgubre que la imagen que tenía en mi memoria.
-Esta es la tumba de tu madre y me imagino que ya sabes, además, que hoy sería su cumpleaños. Teatro y vida entretejen sueños y realidades de aquellos que como vos, tienen esperanza y ganas de vivir, a ella seguramente le hubiese gustado que sigas sus pasos tal como estas intentando hacerlo, aunque es en el escenario en donde tenés que desplegar tu talento.
El muchacho se arrodilló frente a la lápida, la tocó delicadamente y acomodó un poco las flores que allí estaban, se incorporó despacio y lloró desconsoladamente durante largo rato; luego se dio media vuelta y volvimos a la clínica a pie sin cruzar palabra en todo el camino.
Comentarios
-¿Que sucedió en la salida con el paciente Rodríguez Lesende, licenciado? Preguntó sin previo aviso el doctor De Caro y sin abrir formalmente la reunión.
-No sé a que se refiere doctor, fue sólo una salida de acompañamiento terapéutico.
-Resulta que el paciente en cuestión, ha cambiado desde entonces.
-Cambiar… ¿En que sentido?
-Tiene otra actitud hacia sí mismo y hacia sus compañeros, está amable y aseado, además ya no se viste de manera extravagante. Está mucho mas comunicativo y participativo, hasta dice que quiere estudiar teatro cuando salga de acá. ¿Tiene usted algo que ver en ese cambio?
-Como podría saberlo, puede ser, al fin y al cabo todo lo que hacemos o dejamos de hacer forma parte de la terapia
-Necesitamos que nos cuente que ocurrió en aquella salida al cementerio, Agustín. –Preguntó amablemente el licenciado Félix Gutiérrez
-Intentaré ser lo más claro posible. Las personas vivimos ignorándonos a nosotros mismos, no llegamos nunca a captar plenamente la esencia de lo que somos o de lo que estamos destinados a ser. Desde que nacemos se nos imponen ciertas pautas a modo de lenguaje, cultura, religión, etc., que van tapando nuestra naturaleza esencial. Y así nos constituimos como seres sociales desde una posición de subordinación a un otro: llámese padres, idioma, Dios o escuela.
Esa personalidad que nos construimos necesita adaptarse a múltiples imprevistos para poder funcionar “normalmente” y desde allí armamos nuestra realidad en el mundo de lo racional y de lo conceptual, separando lo que nos es propio de lo que no lo es. Así dividimos nuestro mundo entre nosotros como personas únicas e irrepetibles y los otros objetos externos en los que incluimos a Dios. Es decir, que nosotros como seres humanos nos adaptamos a las circunstancias para sobrevivir y hasta podemos creernos nuestras propias mentiras para sostener eso que identificamos como personalidad, que en si es una construcción, una reacción, un emergente. Podemos tener tantas imágenes o personajes como seamos capaces de crear en esa necesidad de sabernos a nosotros mismos como lo que creemos ser, porque al fin y al cabo detrás de esa construcción que llamamos persona está el no saber de donde se viene, qué somos y hacia adonde vamos. Todo es angustia, pues es el no saber esencial, el no saber ante la muerte.
El paciente Júnior Rodríguez Lesende se dió cuenta que creando personajes de su vida real era la única forma de mitigar esa angustia, la mejor manera de no sufrir era no estar allí; evitaba hacerse cargo de su sufrimiento poniendo algo propio en juego. El discurso ficticio y su aspecto exterior no hacen mas que confirmar que evitaba implicarse en su historia, tenía terror a la vida, o mejor dicho a la muerte, lo indefinido, el no saber qué pasará mañana, lo aterraba. Algunos sólo hicieron foco en su aspecto exterior cuando en realidad, lo que está por detrás, la persona, es lo que debería importarnos. Los personajes son mucho mas complejos que su vestimenta, a tal punto que ve y percibe al mundo de manera desfigurada con la idea de adquirir poder sobre él, éste poder tendrá múltiples usos en su vida por el sólo hecho de posibilitar falsear algo de la realidad.
Respecto a la intervención de emergencia, como fue la salida al cementerio, puede discutirse si estuvo del todo correcto o no; lo que no está en tela de juicio es que lo creí sumamente necesario. Sentí que esa sería la única manera de que el paciente rompiera de una vez por todas con el duelo y poder así alcanzar los cuatro objetivos básicos que me había puesto para la terapia: que acepte la realidad de la pérdida, abandonando el mecanismo de negación innegable a toda separación dolorosa; que experimente de una vez por todas el dolor de la aflicción tanto a nivel físico como emocional. Adaptarse a un medio socialmente modificado por la ausencia del ser querido y a nuevos objetivos o nuevos roles, como consecuencia de los cambios de situaciones que conlleva la pérdida y por último, distanciarse de la relación emocional con su madre ausente para poder utilizar esa energía en otras relaciones afectivas.
Al finalizar mi relato, todos se quedaron en silencio, miré instintivamente a la doctora Fujisawa por considerarla una especie de termómetro de la institución y ella me devolvió una sonrisa asintiendo con la cabeza. Me quedé tranquilo y pude tomar coraje para decir las últimas palabras de la reunión.
-El paciente ya no me necesita, lo veré una vez mas el viernes y le daré el alta, continuando con un tratamiento ambulatorio, espero que estén de acuerdo.
(Silencio)
Fin de la reunión
Muchas Gracias
Agustin