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Cambio de Habitos - Introducción

Cambio de HabitosCambio de Habitos Gonzalo de Berceo s.XIII
editado mayo 2010 en Narrativa
Para comenzar diré que no fui una gran persona, apenas si pude rendir en mi profesión y como padre dejé mucho que desear. Creo haber sido moralmente ético y responsable sólo lo necesario. Intenté no dejarme arrastrar por la mediocridad humana, no siempre con éxito; apenas si pude lidiar con mis problemas.
Explicar el porqué de una autobiografía es de por sí un sinsentido. Hoy comienza quizás el ocaso de mi existencia y creo necesario dejar por escrito algo sobre mi vida. No sé muy bien como quisiera que se me recuerde, bastaría con hacerle creer a quien lea estas líneas que fui un sujeto que intentó al menos, desafiar su destino.
Supe ser un tipo alto y robusto, de manos pequeñas y delicadas, poco acostumbradas a trabajos manuales. Mis piernas aún son fuertes con enormes muslos y resistentes como el algarrobo. Tengo ojos color marrón de mirada sincera aunque algo oculta detrás de unos anteojos culo de botella.
Mido un metro noventa y peso más de cien kilos. Tengo la apariencia más de un luchador de cach que de un psicólogo.
En general me considero mediocre para todos los deportes a pesar de haber jugado algunos años como segunda línea en un equipo de rugby de cuarta categoría.
Me imagino que a esta altura se estarán preguntando a quien puede interesarle estos detalles que no conducen a nada. Supongo que la idea es que usted, lector, se forme como pueda una imagen aproximada de quien escribe estas líneas y justificar, que fué lo que me llevo a actuar de tal o cual manera en las distintas circunstancias de la vida.
Antes de proseguir con mi descripción quisiera decir que mi nombre es Agustín Irusta y que no soy un escritor de raza; mi profesión de analista me ayudó a liberar un poco mi pluma pero nunca tuve un estilo literario característico ni me considero un virtuoso del lenguaje. Los tiempos verbales y sus conjugaciones nunca fueron de mi agrado, es por eso que el relato navegará en un caos general, pasaré de pasado a presente sin previo aviso y sin respetar ninguna coherencia estética. Observaré un orden cronológico, lo que hoy en día, para mí, ya es mucho pedir. Cambiaré de primera a tercera persona aleatoriamente, usaré el método del narrador omnisciente y participaré de la acción como se me de la gana. No es en plan de amenaza lo que estoy argumentando sino mas bien, cierta rebeldía hacia algunas de las reglas que tan infeliz me hicieron a lo largo de mi vida. Recuerdo lo fundamental que fué para mi vida de psicólogo determinar la noción de espacio y tiempo que manifestaba el paciente, para poder realizar un diagnóstico diferencial… ¡metanselo en el culo!
Me enojaré y maldeciré a menudo, pensaré en voz alta y analizaré mil veces cada ocurrencia (no puedo evitarlo). Me las tomaré contra Dios cada vez que pueda aunque debo añadir que básicamente soy ateo por elección. Me importa poco la política y si pudiera no votaría o hubiese votado nunca.
Supe tener una mujer hermosa, alta y rubia como el maíz, de intrigantes ojos verdes y esbelta figura. Tuve con ella dos hijos normales, por así decirlo, llamados Tania Y Charlo que al comienzo de esta historia contaban con apenas seis y tres años respectivamente.
Actualmente estoy jubilado o retirado como se dice en la jerga. He sido admirado y reconocido por personas ajenas a mi profesión y también incomprendido y vapuleado por la mayoría de mis supuestos colegas.
Mi pasión tanto como psicólogo y como persona es y siempre ha sido acercarme e intentar conocer la personalidad humana, aunque no creo que jamás haya estado ni cerca de lograrlo. La mía. La de los otros. La de todo el Mundo.
Siempre supuse que la misión de la psicología era básicamente reducir el sufrimiento del individuo, aumentar su productividad y relacionar ese sujeto con la sociedad logrando, recomponer los lazos rotos y ayudarle a veces a aceptarse a si mismo y a quienes le rodean. No alterar en la medida de lo posible sus costumbres, valores e intereses sino verlos como son en realidad e intentar comprenderlos, ver a la persona como lo que puede llegar a ser y no como lo que es.
Oportunamente me pareció una meta coherente y altruista para la terapia pero, tras haber sido analizado con éxito y después de haber vivido con moderada felicidad y con moderado esfuerzo, con una mujer moderada y una familia moderada durante casi diez años, un buen día descubrí de pronto, cerca de mi treinta y cinco cumpleaños que quería cambiar; y cambiar de paso a algún otro que quisiera seguirme.
Lo máximo a lo que había aspirado era liberar a algún paciente de su angustia: llevarlo desde una vida de estancamiento atormentado a una vida de indulgente parálisis. Si mis pacientes poseían creatividad, imaginación o energía sin aprovechar, mis métodos de análisis no habían conseguido sacarlos a la luz. El psicoanálisis me parecía un tranquilizante caro, lento y poco fiable. En medio de mi cinismo a veces soñaba despierto con mi futuro, ¿mi sueño? Superar todo lo que había hecho en el pasado.
Estaba en un callejón sin salida. Por un lado me aburría, insatisfecho conmigo mismo y con mi vida tal y como había transcurrido y, por otro, parecía mejor no hacer cambio alguno.
Mis colegas, incluso yo mismo, susurrando con timidez desde nuestros consultorios estábamos de acuerdo en que mi problema era del todo normal: odiaba al mundo y a mí mismo porque había fallado al tratar de afrontar y aceptar mis propias limitaciones y las de la vida.
Durante estos años había llevado una vida bastante organizada y ambiciosa, cualquiera que hubiese elegido la facultad de Psicología y el Psicoanálisis como herramienta tenía que tener una bella y sana neurosis quemándole por dentro para mantener el motor en marcha.

Comentarios

  • B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2010
    hummmm!!! pinta muy bien, espero sacar tiempo esta semana para seguir leyendo pero me ha enganchado bastante, esta muy bien escrito, ya te ire comentando según vaya dándole hilo.
    un abrazo bea
  • Juan HumblebyJuan Humbleby Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2010
    Excelente... Sigo leyendo..
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