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qué pensais de este cuento...

vanvan Anónimo s.XI
editado mayo 2010 en General
Acabo de leer En conpañía de lobos, de Angela Carter, es una versión postmoderna muy conocida del cuento popular de Caperucita Roja. Y me ha defraudado bastante, me habían dicho que era una versión pro-feminista, pero a mí no me lo parece en absoluto. Yo diría incluso que alimenta fantasías pedófilas.

Así que quería que me dieseis vuestra opinión si lo habeis leido y, si quereis leerlo y decirme qué pensais, lo podeis descargar aquí, son solamente unas 7 páginas, se lee rápido.
http://www.4shared.com/file/0nHguGDd/Carter_Angela_-_En_Compaia_de_.html?err=no-sess

Comentarios

  • Pablo VilaltePablo Vilalte Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2010
    Todos los cuentos clàsicos para niños contienen morbo. Son una mezcla de sexo y de crueldad.

    Como no iba a saber la mamà de Caperusita que "el lobo" (el abuelo) acechaba. Fìjate que el estùpido prìncipe necesitaba que le ayudaran a encontrar a cenicienta (como me pasa a mi con Katia) que orror. Blancanieves como no cabìa en las camitas, juntaba las de los siete enanos para acostarse. "Las Zapatillas Rojas" un crimen mostruoso.

    Sabes cuàl cuento es bueno, el del "Rey va desnudo". Los pinta de cuerpo entero a esos que ven lo maravilloso de Chakespeare (un mal Sòfocles), o los que recomiendan "La Biblia", como le pasò a ese basko dialèctico y resbaloso de Ulrich.

    Un saludo. Pablo.-
  • UlrichUlrich Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2010
    Es verdad. Los cuentos infantiles son en su mayoría flojos para disimular esos deseos oscuros e inconfensables que prohíbe y castiga el entorno. Es como si el centurión de la buena moral bajara la guardia ante ellos porque supone, como casi toda la gente, que la niñez es pura e inocente. Pero incluso la inocencia tiene su lado oscuro.

    Me parece que los cuentos infantiles tienen mucho bluff, y son precisamente esas ingenuidades –estupideces, como las llama Pablo- las que funcionan como cortina de humo al servicio de la censura, de un cierto tipo de educación. Pero pienso, también, que estos velos no son del todo caprichosos, al menos no tanto como para que uno no encuentre cierta relación paradigmática con lo que pretenden ocultar. Obedecen a ciertas leyes, ciertos juegos del lenguaje. La manzana de Blancanieves, por ejemplo. Me meto con ella a salto de mata. Los frutos siempre han tenido cierta connotación sexual dentro de los mitos; no hace falta recordar nuestra expulsión del Paraíso. Y más que el fruto, se trata del goce oral, el placer de la boca. Es tan común, que hasta se puede rastrear en la vida cotidiana: desde los enamorados que se comen a besos, hasta las aberraciones del canibalismo. Y, por cierto, ¿no hay un canibalismo disfrazado en Caperucita?

    (Ja, ja... De pronto he recordado a una amiga que en cierta ocasión me comentó que las manzanas le daban migraña. Casi me voy de espaldas por la carcajada. El dolor de cabeza, según dictan los relatos pícaros y subidos de tono, suele ser la excusa prototipo para, como decía Rabelais, negarse a «jugar a la bestia de los dos lomos»).

    No sé… A menudo uno se encuentra con personas que hablan de afectos, pensamientos y sexualidad como cosas reprimidas, arrojadas al desván tenebroso de lo prohibido, como si pudieran encerrarse ahí para no dejarse salir jamás. Pero esto no es cierto. Porque lo reprimido tiene esa cualidad de resurgimiento, de volverse verdad clandestina, que cuando uno escarba en el mundo de lo moralmente aceptable —en este caso, el “inocente” cuento infantil—, la verdad vuelve a encontrarse, aunque esta vez movida, descentrada, disimulada, fuera de lugar —desplazada, como diría Freud—, pero nunca reprimida. Es que la verdad, por más penosa que sea, si no sale por la puerta grande, termina saliendo por la ventana, y, para colmo, disfrazada. Por eso uno queda perplejo cuando lee que Blancanieves dormía bajo el techo de 7 enanos (¡vamos!) o que cayó en un sueño maldito tras morder una manzana envenenada. Obviamente, hay algo extraño aquí, algo que no cuadra; y sobre eso insisto, que la inocencia a veces jala para el lado de lo que no puede decirse.


    *


    Fíjate, Pablo, que a mi modo de ver el cuento del Rey Desnudo refleja muy bien la noción de Verdad y su relación con el ejercicio del Poder político. Poco importa si el traje imperial es real o no, pues es la Ley (la voz del Monarca) quien instituye que la cosa exista o no. Así, bajo estas coordenadas, si Shakespeare es un genio digno de admiración o no, si la Biblia tiene o no valor literario, conviene preguntarse a qué delirio monárquico obedece uno. Quién sabe, Pablo, quizá tu también vas en cueros ja, ja...

    (Es broma, viejo, ya lo sabes. Ven, vamos a la biblioteca a mirar "mujeres admiradoras-de-Shakespeare"... :eek:)

    Saludos a todos,
  • Pablo VilaltePablo Vilalte Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2010
    Ulrich escribió : »
    Es verdad. Los cuentos infantiles son en su mayoría flojos para disimular esos deseos oscuros e inconfensables que prohíbe y castiga el entorno. Es como si el centurión de la buena moral bajara la guardia ante ellos porque supone, como casi toda la gente, que la niñez es pura e inocente. Pero incluso la inocencia tiene su lado oscuro.

    Me parece que los cuentos infantiles tienen mucho bluff, y son precisamente esas ingenuidades –estupideces, como las llama Pablo- las que funcionan como cortina de humo al servicio de la censura, de un cierto tipo de educación. Pero pienso, también, que estos velos no son del todo caprichosos, al menos no tanto como para que uno no encuentre cierta relación paradigmática con lo que pretenden ocultar. Obedecen a ciertas leyes, ciertos juegos del lenguaje. La manzana de Blancanieves, por ejemplo. Me meto con ella a salto de mata. Los frutos siempre han tenido cierta connotación sexual dentro de los mitos; no hace falta recordar nuestra expulsión del Paraíso. Y más que el fruto, se trata del goce oral, el placer de la boca. Es tan común, que hasta se puede rastrear en la vida cotidiana: desde los enamorados que se comen a besos, hasta las aberraciones del canibalismo. Y, por cierto, ¿no hay un canibalismo disfrazado en Caperucita?

    (Ja, ja... De pronto he recordado a una amiga que en cierta ocasión me comentó que las manzanas le daban migraña. Casi me voy de espaldas por la carcajada. El dolor de cabeza, según dictan los relatos pícaros y subidos de tono, suele ser la excusa prototipo para, como decía Rabelais, negarse a «jugar a la bestia de los dos lomos»).

    No sé… A menudo uno se encuentra con personas que hablan de afectos, pensamientos y sexualidad como cosas reprimidas, arrojadas al desván tenebroso de lo prohibido, como si pudieran encerrarse ahí para no dejarse salir jamás. Pero esto no es cierto. Porque lo reprimido tiene esa cualidad de resurgimiento, de volverse verdad clandestina, que cuando uno escarba en el mundo de lo moralmente aceptable —en este caso, el “inocente” cuento infantil—, la verdad vuelve a encontrarse, aunque esta vez movida, descentrada, disimulada, fuera de lugar —desplazada, como diría Freud—, pero nunca reprimida. Es que la verdad, por más penosa que sea, si no sale por la puerta grande, termina saliendo por la ventana, y, para colmo, disfrazada. Por eso uno queda perplejo cuando lee que Blancanieves dormía bajo el techo de 7 enanos (¡vamos!) o que cayó en un sueño maldito tras morder una manzana envenenada. Obviamente, hay algo extraño aquí, algo que no cuadra; y sobre eso insisto, que la inocencia a veces jala para el lado de lo que no puede decirse.

    *

    Fíjate, Pablo, que a mi modo de ver el cuento del Rey Desnudo refleja muy bien la noción de Verdad y su relación con el ejercicio del Poder político. Poco importa si el traje imperial es real o no, pues es la Ley (la voz del Monarca) quien instituye que la cosa exista o no. Así, bajo estas coordenadas, si Shakespeare es un genio digno de admiración o no, si la Biblia tiene o no valor literario, conviene preguntarse a qué delirio monárquico obedece uno. Quién sabe, Pablo, quizá tu también vas en cueros ja, ja...

    (Es broma, viejo, ya lo sabes. Ven, vamos a la biblioteca a mirar "mujeres admiradoras-de-Shakespeare"... :eek:)

    Saludos a todos,


    Señor Ulrich, dèjeme darle la nueva, es usted un mìstico, sì señor, y no se ande con modestias. No quiere decir esto que no se equivoque, como con esa ocurrencia de que el rey es "la ley" cuando en el cuento el pobre es la vìctima y en otras divagaciones que hace sobre cuentos.

    Pero sì, es un mìstico y es casi un burla que usted sea mexicano. Voy a lastimarlo un poco pero ese inmenso desierto de bigotes càidos o cantinflescos no produce nada.

    Si tiene razòn, a veces voy en cueros... (ja ja). Pero a la biblioteca a mirar a esa mujeres no lo acompaño, vaya solo, y si ve a la Chakespereana cruel, dìgale, que aquì padezco en cumplimiento a su mandato.

    Un grato y cordial saludo. Pablo.-

    Nota: lo de mìstico va en serio, si no lo sabe ya, lo descubriarà con el tiempo, aparece uno en un millon, felicidades.
  • UlrichUlrich Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2010
    Pablo Vilalte escribió : »
    Señor Ulrich, dèjeme darle la nueva, es usted un mìstico, sì señor, y no se ande con modestias. No quiere decir esto que no se equivoque, como con esa ocurrencia de que el rey es "la ley" cuando en el cuento el pobre es la vìctima y en otras divagaciones que hace sobre cuentos.

    Pero sì, es un mìstico y es casi un burla que usted sea mexicano. Voy a lastimarlo un poco pero ese inmenso desierto de bigotes càidos o cantinflescos no produce nada.

    Si tiene razòn, a veces voy en cueros... (ja ja). Pero a la biblioteca a mirar a esa mujeres no lo acompaño, vaya solo, y si ve a la Chakespereana cruel, dìgale, que aquì padezco en cumplimiento a su mandato.

    Un grato y cordial saludo. Pablo.-

    Nota: lo de mìstico va en serio, si no lo sabe ya, lo descubriarà con el tiempo, aparece uno en un millon, felicidades.

    Ay, Señor Pablo, cómo se deja mangonear por la susodicha Lady Macbeth. ¡No sea bruto, hombre! No, no, no. Si hay que dejarles bien clarito que uno es Pancho Villa, que pa' eso las puso Diosito en este llano, pa' que gustosos y como bien nacidos para ello les demos pa' sus tunas y, ansí, hacerlas sentir muy mujeres. A qué chillarles a moco tendido, si en esta ranchería que llaman Mundo sobran los mendigos perritos falderos que, a fuer de pediches y montoneros, áhi andan luego-luego esperanzaos cuando una les habla bonito –hasta les brillan los ojitos; sí, pa’ que luego anden áhi como faisán de monte desplumado, dando puras lástimas. No, si son rete-canijas, las mendigas preciosas chulas condenadas. :eek:

    *


    ¿Místico, yo? ¿Yo-o? (cara del Chavo del 8) No es que sea modesto, pero, hombre, Swedenborg, Blake, Balzac, y hasta Wittgenstein, seguro están revolcándose en sus tumbas.

    Saludos,
  • Pablo VilaltePablo Vilalte Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2010
    Don Ulrich, “el charro mìstico” (ja ja).

    Dichoso Ulrich que tiene estrella, yo me siento orgulloso solo por el hecho de haberme dado cuenta. Claro que usted lo sabe, y sinò del todo conciente lo sabe subconscientemente, esto no es inconcientemente, sino sub conciente, un poquito por debajo de la conciencia, por asì decirlo. Voy a aclararlo para el foro, viejo, y no se me ponga “rijoso” por eso.

    Mìstico es un estado espiritual, pero no “espiritual” como comúnmente se cree, la espiritualidad como se da por sentada no existe, ese es otro de los trajes virtuales del Rey chingo. Voy a poner un ejemplo: Maciel.

    Mìstico, es estar en armonìa con el entorno, percibir claramente, poder comprender intuitivamente, sin caos; es tener empatìa verdadera, palabras justas. Verdadera virtud.

    Un abrazo. Pablo.-
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