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vampyrius

B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
editado mayo 2010 en Narrativa
La cruz de ópalo negro

El dolor se hacia insoportable dentro de la ingrávida negrura en la que me encontraba, inerte y superficial miré al horizonte imaginario y noté como iba saliendo de aquel limbo oscuro poco a poco, dulce y plácidamente, emergiendo hacia la realidad.
Aquella noche me desperté lenta y pesadamente, eché un vistazo a la habitación mientras abría los ojos en busca de algo que no fuera una nebulosa tenebrosa, la estancia estaba oscura pero quedaba iluminada por la luz de la luna que entraba suavemente por la ventana, el sueño había terminado, me sentí feliz de estar a salvo, estiré el cuerpo todo lo que pude a lo ancho y largo de la cama ,- al fin la pesadilla se había acabado- pensé, intenté darme la vuelta, pero mi cuerpo estaba tan dolorido que apenas podía respirar, tenía una explicación lógica a eso, me había pasado toda la noche corriendo en sueños de un lado a otro sin rumbo fijo, perseguida por algo terrorífico y devastador, y aunque no podía recordarlo con exactitud todavía podía sentir su poder sobre mí, cerré los ojos con fuerza y negué con la cabeza.
El sudor se iba enfriando y empezaba a calarme los huesos, temblando por el frio giré sobre mí misma.
Miré hacia el techo arropándome hasta las orejas con las mantas, al principio no caí, pero después de mirarlo durante un rato me di cuenta, el techo no me sonaba de nada, no lo había visto nunca, continué observándolo sin moverme -¿estaré soñando?- me dije; era un techo alto con una lámpara de araña en el centro repleta de cristales blancos, las paredes eran tostadas y estaban decoradas con obras de arte a cada cual mas grande, repasé la habitación sin mover ni un solo músculo, justo enfrente de la cama había una gran chimenea de mármol blanco llena de brasas chispeantes, a sus pies una impresionante alfombra que cubría todo el espacio que nos separaba .
Me incorporé asustada, mi corazón latía bruscamente, con movimientos lentos, debido a un dolor punzante en las costillas, puse las piernas fuera de la cama e intente sentarme en el borde amarrándome al dosel de madera, definitivamente esa no era mi habitación. El zumbido en los oídos, debido al miedo empezó hacerse insoportable, intente recordar como había llegado hasta a allí, pero era inútil, mi cerebro no estaba por la labor, recorrí el espacio nuevamente con la mirada, una vez tras otra en busca de alguna salida.
Una puerta robusta de color miel se entreveía al lado izquierdo de la gran habitación, solo tenia que rodear la cama y estaría fuera de allí, di un pequeño salto dispuesta a ponerme manos a la obra cuando un el dolor se hizo insoportable:
- ¡ayyy que dolor, para ya de moverte!!- las palabras se borraron en el silencio.
El corazón golpeo fuertemente contra mi pecho, había escuchado una voz tan cerca de mi que era imposible no tocarla, me agazape a un lado de la cama y deje que mi cuerpo se deslizara hasta el suelo, me sentí como un ratón ante un águila real, indefensa y asustada; estuve en esa posición buen rato o eso me pareció, hasta que me llene de valor y fui irguiéndome lentamente mientras abría los ojos como platos.
- ¿Hay alguien ahí?- pregunté estirando el cuello para ver quien me estaba asediando.
La respuesta no se hizo esperar.
-estas sola , no hay nadie mas aquí.
-¿que?- Musité:mire hacia los lados estremecida.
-queee noo hayyy nadieee masss aquí, - repuso la voz, arrastrando las palabras, tan lentamente que parecía que hablábamos idiomas distintos.
Más asustada que antes, por el hecho de que la voz que me hablaba no se reconocía a si misma como persona, e impulsada por no se que pensamiento, me arrastre hasta la chimenea que coronaba la habitación como pude, cogí un atizador y me dispuse a batirme en duelo con quien fuera. Mirando de un lado a otro mientras intentaba incorporarme.

- No te acerques a mí- gruñí - ¿dime quién eres? , ¿qué quieres de mí?- me temblaban las piernas por el pánico.
Busqué en mi cabeza todo lo que sabía sobre defensa personal que era francamente poco e intente ponerme en pie torpemente, aunque para mi sorpresa una vez levantada dejaron de dolerme los músculos y mis sentidos estaban mas agudos, podía oír ahora el ruido del agua, mientras rompía suavemente en la roca, la luz que antes me pareció tenue y plateada ahora asomaba ante mis ojos blanca como la nieve iluminando la habitación.
Di un paso hacia delante cogiendo el atizador como si fuera una espada - voy a salir de aquí, no intente detenerme- muy lentamente fui dando un paso tras otro con una mano pegada a la pared y la otra asiendo el atizador con fuerza ,- sé defensa personal y kajukembo- mentí, ¿pero que mas podía hacer? Estaba indefensa y sola en una casa que no conocía, no podría defenderme eternamente con un atizador de latón. De nuevo el silencio se rompió.
- ¿Artes marciales? ¿Kajukembo?-, la voz empezó a reír a carcajadas mientras yo volvía a mirar pasmada de un lado a otro, buscando en la oscuridad una posibilidad de salir al aire libre.
Mi intento de infundir miedo, había sido patético y quedaba bien claro que mentir no era lo mío. Abatida mire hacia abajo y vi como mi pijama estaba totalmente destrozado, en ese momento recordé algo, un segundo o menos pero lo recordé, era mi madre, las lagrimas empezaron a caerme desconsoladamente, , jamás podría olvidar aquella cara, estaba cosiendo el bajo del vestido que iba a ponerme para el baile de fin de curso, pero el recuerdo se fue tan rápido como vino.
- !!!Basta!!! – chillé hacia el interior de la habitación, la risa se apagó de repente. Cogí con mas fuerza el atizador, como si fuera un palo de golf y lo balancee de lado a lado. Desde donde estaba podía ver claramente toda la estancia, parecía que era de día aunque no lo era, mis ojos estaban increíblemente agudos, ojee una y otra vez la sala, pero allí no había nadie, ¿ entonces? Me pregunte en silencio y ella volvió a romperlo,
- Estas sola ¿no lo ves? Que tengo que hacer para que des cuenta que yo soy yo… ósea tu, quiero decir que somos la misma persona.
El corazón latió una vez mas, fuertemente y se paro en seco, los oídos me zumbaron por el terror y caí al suelo sin vida.

Comentarios

  • B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2010
    Estaba en el suelo tendida con la cabeza hacia un lado, ¡gracias a dios no me he roto nada!!- Pensé-, sin moverme, afiné el oído todo lo que pude, pero no escuché nada, ni si quiera el latir de mi corazón, ¿como era posible que no me latiera el corazón?, frenética me puse a buscarme el latido en el cuello y las muñecas rodando sobre mi propio cuerpo hasta quedarme boca arriba, pero nada no sonaba nada, ¡ohh dios mío!! solté un alarido que me hizo ponerme las manos en la boca –¿ que me esta pasando?, allí me que inmóvil sin saber que hacer con los ojos cerrados cuando de repente pun ... pun .. otra vez volvió a latir con fuerza, en ese momento la voz volvió, ya no estaba sola, ella estaba allí conmigo, no la había sentido mientras estaba tirada en el suelo sin palpitaciones, repetí la pregunta pero esta vez era para las dos. -¿qué nos esta pasando?- susurré entre gemidos.
    yo no tengo ni idea, estoy tan perdida como tú, pero una cosa si te digo, tenemos que salir de aquí lo antes posible. Me lo dice mi sexto sentido, esto no tiene buena pinta. Seguro que estamos raptadas y vete tu a saber que van hacer con nosotras, he visto muchas películas en las raptan a chicas y luego ya sabes .........- Mientras enumeraba una por una las cosas crueles que nos iban hacer mi paciencia se iba acabando, hasta que me saco al fin de mis casillas.
    - quieres callarte,- la grité -, no se quien eres, ni lo que está pasando, pero deja de hablar de una vez por todas, por dios que cosa mas pesada- Enfurruñada pegue un brinco y como por arte de magia estaba de pie, mi pijama estaba hecho jirones, sucio de barro seco y me faltaba al menos media pierna del pantalón, mire extrañada la pierna que quedaba desnuda, era blancas como el mármol, sentí un escalofrió al verla de este color tan inhumano, por que no es que yo lo diga, pero había cogido un precioso bronceado en la playa de Menorca hacía menos de un mes .
    - a mi también me gustaba mas el color de la playa- respondió la voz con melancolía.
    - ¿que sabes tu del color que tenían?, no te conozco- rezongue
    - pues lo se por que eran mis piernas antes de que tú, maldita intrusa me las quitaras y me dejaras sin ellas, ¿te vale así?- bufó
    poniéndome en jarras contesté
    - ¿Ahhh, si eran tuyas? Entonces como es que yo creo que eran mías, y también creo que aquí no hay mas intrusa que tu, veamos- vacile un momento - si tu eres la verdadera ¿cómo te llamas? ¿Donde vives? ¿Donde has estudiado?
    - No....No lo se, no lo recuerdo. Musitó-pero quizás tu si me lo puedas decir. Dijo desafiante.
    - Já!! Pues claro que puedo, yo .... esto.... me llamo –busque la respuesta desesperadamente. ¿quién era yo?, ¿por que no me acordaba de nada?. Yo.....
    - Lo ves tu tampoco te acuerdas solo te acuerdas de lo mismo que yo , de mi madre, de mi vestido del baile de fin de curso y del bronceado tan bonito que cogí en la playa.- Dijo triunfantemente con su voz cantarina
    OH, dios mío ¡! – gemí desconcertada- allí estaba yo hablando conmigo misma, -somos la misma persona- susurré,- eso es imposible, no es posible, ¿no lo ves? Empecé a caminar torpemente, contradiciéndome a cada paso, mientras mi mente intentaba digerir lo que estaba pasando, ella era yo, siempre había sido yo, -¿Que nos ha pasado? -Dije al fin - ¿porqué estamos aquí las dos?.-

    -no hay mas ciego que el que no quiere ver- respondió la voz, si hubiera sido capaz de verla seguramente estaría poniendo los ojos en blanco.
    Unos pasos rompieron nuestros pensamientos, se aproximaban a la puerta desde el exterior con un taconeo rápido y sutil, súbitamente volvió el silencio, como la calma antes de llegue la tempestad, nos quedamos en silencio expectantes mirando la puerta con el corazón encogido por el miedo, la cerradura rugió y una luz cegadora se fue aproximando lentamente. Paralizadas por el pánico torcimos la cabeza como el niño que mira un mecano, intentando encajar las piezas, una mujer entró en la sala, sonrió amablemente y nos tendió una mano,
    -Despierta!!! Que esta nos va hacer picadillo, tu no has leído hansel y gretel y la bruja que se los quería comer!!!-aulló.
    Como por arte de magia otra vez, salte hacia atrás y me encarame a la chimenea como si fuera un gato, la cara de la señora no varió, pero al mía tenia que ser un poema, ¿cómo había hecho eso? Madre mía!! -¿Estas ahí? -Pregunte en silencio.
    -no estoy de vacaciones Honolulu, pues claro que estoy aquí, subida a esta chimenea- replicó con tono burlón.
    -Jamás había visto a nadie tan joven moverse de esa forma,- dijo al fin la mujer con asombro.- Querida tendrás que bajar de ahí tarde o temprano, la verdad es que yo tengo todo el tiempo del mundo para esperarte.- Una sonrisa bailoteo en sus labios mientras su cuerpo se balanceaba sutilmente. Aunque la luz me cegaba podía distinguir su silueta , la falda por debajo de las rodillas, se movía de adelante hacia atrás como si fuera a cámara lenta, también podía ver con bastante claridad, sus ojos achinados, el pelo recogido en un recio moño y su cara de porcelana.
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