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El espejo

JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
editado septiembre 2010 en Narrativa
Os dejo un nuevo relato, a ver qué os parece...

EL ESPEJO
 
El pabellón es blanco y frío. Huele a desinfectante, a lejía barata. Por las noches los gritos no me dejan dormir. Pueden ustedes no creerme, ellos no me creen, por eso me encerraron aquí. Por eso me dan las pastillas. Pero yo les digo que es cierto, que yo era un tipo normal hasta hace un año.


Todo empezó a finales del verano pasado. No tenía problemas, realizaba un trabajo que me gustaba, mi mujer me quería, mis pequeños, Jaime y Olga, me esperaban con una sonrisa y un abrazo cuando llegaba a casa. Pero una mañana, al mirarme en el espejo mientras usaba el after-shave, observé que mis ojos eran rojos como sangre. No me refiero a la parte blanca, no. Supongo que esa irritación la habrán padecido alguna vez ustedes. Me refiero al centro de los ojos, mis pupilas marrones durante unos segundos fueron llamas. Los cerré fuerte y al abrirlos habían recuperado su color habitual. A la mañana siguiente, después del afeitado mis ojos volvieron a ser fuego y pude ver como mis dientes se alargaban convirtiéndose en unos pequeños colmillos afilados. Me dirán ustedes que quizá soñaba aún. Se equivocan. Mi rostro se estaba transformando, me asusté, sobre todo cuando vi que el efecto no se producía tan sólo por unos segundos, como el día anterior, sino que persistía durante más tiempo. Durante una semana mi cara, cada mañana, se transformaba frente al espejo. Ya apenas conocía al tipo que tenía enfrente. El mentón sacado, la nariz puntiaguda, las mandíbulas afiladas, las orejas crecidas, junto a los ojos rojos y los colmillos amarillentos, que fueron aumentando su tamaño hasta ser cuchillas afiladas. Las venas se hicieron prominentes y el color de la piel se tornó verdoso. Poco a poco me iba pareciendo a uno de esos demonios que pueblan la iconografía de las iglesias, ya saben ustedes, esos que siempre son derrotados por la lanza de algún ángel redentor. Al final de la semana no sólo exhibía el aspecto de monstruo, además la transformación había persistido durante horas y horas.


Enseguida noté que los demás no apreciaban mi metamorfosis. El jueves, Clara, mi mujer, entró al baño y a pesar de que el espejo escupía la imagen de una gárgola, ella me sonrío como siempre, "¿desayunamos, cariño?" Cerró la puerta tras de sí con la naturalidad que da la costumbre. En la calle, las lunas de los escaparates también me enseñaban lo que para mí ya era una evidencia, dentro de mí vivía un demonio, un ser horrendo y maligno que pugnaba por salir y que poco a poco se había adueñado de mis facciones, quizá se apropiaría en breve de mis pensamientos. Comencé a tener deseos insanos, quería hacer mal a cuantos me rodeaban. Noté que el monstruo sonreía dentro de mí con la sola idea de producir daño o muerte.


La primera pareja ni se enteró. Se repartían carantoñas en un recodo apartado y oscuro del parque. Nunca lo había hecho antes pero el monstruo me dijo cómo hacerlo, el cuchillo entró hondo y alargó la herida desde el bajo vientre hasta el esternón, desgarrando en un tajo profundo y seguro. Primero el muchacho, después ella, que presa del pánico no acertaba a mover un solo músculo. El temblor le cesó cuando entro la hoja afilada. Al día siguiente un corredor habitual que hacía deporte cada mañana los encontró desangrados.


La segunda víctima fue una anciana que daba de comer a las palomas cerca de mi casa. El monstruo la retorció el pescuezo. Su cuello delgado crujió como el de una gallina. Y así continuó el demonio sediento de vidas. Hubo una tercera víctima y una cuarta y una quinta. Hasta que, meses después, una mañana el espejo me devolvió a quien era yo meses atrás. Recuperé mis ojos marrones, mi cara ovalada, mi dentadura, el color de mi piel. En aquella mañana supe que el monstruo, una vez saciado, había desaparecido para siempre. Sin embargo, la conciencia me enturbiaba el sueño y la náusea brotaba del estómago cuando pensaba en las vidas que había sesgado. Una tarde después de salir del trabajo acudí a una comisaría. Los agentes se rieron de mí, me insinuaron que dejara la botella, pero cuando les di detalles concretos y a medida que avanzaba en mi exposición sus facciones se fueron demudando. El miedo les contraía la tripa.


El resto lo pueden imaginar ustedes. Ellos no me creen, los oigo cuando piensan que duermo, pasean altivos con sus batas blancas y los oigo: "este sí que está majara, de atar" "y que haya que tenerlo aquí..., colgando de una soga, le tenía yo". Ustedes pueden no creerme, como ellos, pero mañana cuando vayan a maquillarse o a rasurarse la barba frente al espejo tengan cuidado con quien encuentran del otro lado.

Comentarios

  • Chus-AChus-A Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    JNM escribió : »
    Os dejo un nuevo relato, a ver qué os parece...

    EL ESPEJO
     
    El pabellón es blanco y frío. Huele a desinfectante, a lejía barata. Por las noches los gritos no me dejan dormir. Pueden ustedes no creerme, ellos no me creen, por eso me encerraron aquí. Por eso me dan las pastillas. Pero yo les digo que es cierto, que yo era un tipo normal hasta hace un año.


    Todo empezó a finales del verano pasado. No tenía problemas, realizaba un trabajo que me gustaba, mi mujer me quería, mis pequeños, Jaime y Olga, me esperaban con una sonrisa y un abrazo cuando llegaba a casa. Pero una mañana, al mirarme en el espejo mientras usaba el after-shave, observé que mis ojos eran rojos como sangre. No me refiero a la parte blanca, no. Supongo que esa irritación la habrán padecido alguna vez ustedes. Me refiero al centro de los ojos, mis pupilas marrones durante unos segundos fueron llamas. Los cerré fuerte y al abrirlos habían recuperado su color habitual. A la mañana siguiente, después del afeitado mis ojos volvieron a ser fuego y pude ver como mis dientes se alargaban convirtiéndose en unos pequeños colmillos afilados. Me dirán ustedes que quizá soñaba aún. Se equivocan. Mi rostro se estaba transformando, me asusté, sobre todo cuando vi que el efecto no se producía tan sólo por unos segundos, como el día anterior, sino que persistía durante más tiempo. Durante una semana mi cara, cada mañana, se transformaba frente al espejo. Ya apenas conocía al tipo que tenía enfrente. El mentón sacado, la nariz puntiaguda, las mandíbulas afiladas, las orejas crecidas, junto a los ojos rojos y los colmillos amarillentos, que fueron aumentando su tamaño hasta ser cuchillas afiladas. Las venas se hicieron prominentes y el color de la piel se tornó verdoso. Poco a poco me iba pareciendo a uno de esos demonios que pueblan la iconografía de las iglesias, ya saben ustedes, esos que siempre son derrotados por la lanza de algún ángel redentor. Al final de la semana no sólo exhibía el aspecto de monstruo, además la transformación había persistido durante horas y horas.


    Enseguida noté que los demás no apreciaban mi metamorfosis. El jueves, Clara, mi mujer, entró al baño y a pesar de que el espejo escupía la imagen de una gárgola, ella me sonrío como siempre, "¿desayunamos, cariño?" Cerró la puerta tras de sí con la naturalidad que da la costumbre. En la calle, las lunas de los escaparates también me enseñaban lo que para mí ya era una evidencia, dentro de mí vivía un demonio, un ser horrendo y maligno que pugnaba por salir y que poco a poco se había adueñado de mis facciones, quizá se apropiaría en breve de mis pensamientos. Comencé a tener deseos insanos, quería hacer mal a cuantos me rodeaban. Noté que el monstruo sonreía dentro de mí con la sola idea de producir daño o muerte.


    La primera pareja ni se enteró. Se repartían carantoñas en un recodo apartado y oscuro del parque. Nunca lo había hecho antes pero el monstruo me dijo cómo hacerlo, el cuchillo entró hondo y alargó la herida desde el bajo vientre hasta el esternón, desgarrando en un tajo profundo y seguro. Primero el muchacho, después ella, que presa del pánico no acertaba a mover un solo músculo. El temblor le cesó cuando entro la hoja afilada. Al día siguiente un corredor habitual que hacía deporte cada mañana los encontró desangrados.


    La segunda víctima fue una anciana que daba de comer a las palomas cerca de mi casa. El monstruo la retorció el pescuezo. Su cuello delgado crujió como el de una gallina. Y así continuó el demonio sediento de vidas. Hubo una tercera víctima y una cuarta y una quinta. Hasta que, meses después, una mañana el espejo me devolvió a quien era yo meses atrás. Recuperé mis ojos marrones, mi cara ovalada, mi dentadura, el color de mi piel. En aquella mañana supe que el monstruo, una vez saciado, había desaparecido para siempre. Sin embargo, la conciencia me enturbiaba el sueño y la náusea brotaba del estómago cuando pensaba en las vidas que había sesgado. Una tarde después de salir del trabajo acudí a una comisaría. Los agentes se rieron de mí, me insinuaron que dejara la botella, pero cuando les di detalles concretos y a medida que avanzaba en mi exposición sus facciones se fueron demudando. El miedo les contraía la tripa.


    El resto lo pueden imaginar ustedes. Ellos no me creen, los oigo cuando piensan que duermo, pasean altivos con sus batas blancas y los oigo: "este sí que está majara, de atar" "y que haya que tenerlo aquí..., colgando de una soga, le tenía yo". Ustedes pueden no creerme, como ellos, pero mañana cuando vayan a maquillarse o a rasurarse la barba frente al espejo tengan cuidado con quien encuentran del otro lado.


    Hola JNM;

    Me ha divertido la lectura de tu relato. Sísí. Buen manejo del lenguaje, sintaxis, su desarrollo, la manera de cerrarlo, de empezarlo, la excusa para iniciarlo. Los saltos de párrafo estánh bien colocados. La historia es sencilla, sin pretensiones, pero sin duda muy bien explicada y con un lenguaje sencillo que hace que se entienda perfectamente.

    Superado ese nivelillo tan majo, me atrevo a pedirle a tu relato un pelín más de elaboración del personaje, que de por sí ya está bastante bien construido (muy bien el proceso de transformación ante el espejo). Quizá forzar un poquito más la construcción del prota te hubiera llevado a reforzar un cierto toque muy fino de humor que ya de por sí apunta la situación.
    En lo concreto, creo que podrías prescindir perfectamente de la primera frase del segundo párrafo sin que el texto se resienta en modo alguno, adaptando la siguiente frase que te viene. Fíjate que ya habías dicho que era una persona normal hasta el año pasado, así que, para qué repetir la misma idea en el principio del siguiente párrafo? Ahórratela ;)
    Luego te he señalado un laismo ("la retorció) y el "En" de "En aquella mañana", también suprimible.

    Por lo demás, chapeau!

    Un saludo.
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    Gracias, Chus-A. Miraré la supresión de la frase, quizá tengas razón. Lo del laismo es un fallo que comento y que no sé quitarme. No lo veo. Supongo que tendrá que ver con mi forma de hablar.

    No quise entrar en más matices sobre el personaje porque aunque enriquecería el texto, haciéndolo más complejo, temí hacerle perder tensión narrativa. Un poco la idea que subyace es el Doctor Jekill y Mr. Hyde. Esa doble visión del bien y del mal en cada uno de nosotros. Quería que el personaje fuera bastante normal, sin entrar en mayores profundidades de carácter para que cualquier pudiera identificarse con él. Todos somos así, tenemos nuestro lado oscuro (aunque afortunadamente no tan pronunciado). De pronto un tipo normal se ve dominado por ese lado oscuro, esa es la idea del texto.

    Gracias por tus críticas. Corregiré esos dos errores ortograficos que me has marcado. Por cierto, tengo otros tres textos colgados. Si te apetece leerlos se titulan "Paz y Amor", "Resurrección" y "El limpiabotas". Agradecería cualquier comentario tuyo sobre ellos. Gracias.

    Un saludo.
  • PapuPapu Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2010
    Me gustó mucho y entretuvo bastante.
    Coincido un poco con lo de Chus-A, aunque a decir verdad lo noté recién cuando leí su comentario.

    Lo que si te corrijo es lo siguiente. Tal vez pasa desapercibido, pero al estar terminando 3er año de medicina me choca bastante al momento de leerlo. Dijiste que los ojos estaban rojos, en la parte marrrón habitual, en la pupila.
    La pupila no tiene color, es un ägujero para decirlo fácil. Es lo que vemos negro, lo que se agranda o reduce dependiendo de la intensidad de la luz. Lo que es marrón, verde, celeste....rojo en tu mosntruo, es el IRIS.

    Salvo esta cuestión anatómica, lo disfruté.
    Abrazo
  • isabel veigaisabel veiga Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2010
    El relato está bien llevado, con el ritmo justo y continuado, sin altibajos. Eso hace que lo leamos bien de principio a fin a pesar de los asesinatos de por medio. Todas esas muertes contadas como algo ajeno hasta que vuelve a ser normal hace que también las veamos más distanciadas y más naturales ya que es un monstruo quien hace eso, no él. El único pero es que no hay ninguna frase de transición desde que teme que se adueñe de sus pensamientos hasta que comienza a tener deseos insanos; las dos frases, los dos conceptos van seguidos sin un vínculo de por medio: "quizá se apropiaría en breve de mis pensamientos. Para mi desgracia, no tardó en hacerlo. Comencé a tener deseos insanos..." (por poner un ejemplo).

    Lo del laísmo creo que ya te lo comenté en alguna ocasión. El objeto indirecto (quién, a quién) es "le" independientemente de si es femenino o masculino. El objeto directo (qué) es el que admite "la" (espero no estar equivocándome). A ver si con un ejemplo... Si digo que regalo algo (una colonia) a alguien (una amiga), "algo" es el objeto directo y "alguien" el indirecto, en este caso he elegido dos femeninos para ver la diferencia: le regalé una colonia; se la regalé a mi amiga.

    Si estoy equivocada, por favor que alguien lo diga ahora o calle para siempre :D

    Me gusta leer tus relatos.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado febrero 2010
    Estás en lo cierto, Texas, el pronombre átono la (y plural las) no se puede usar como complemento indirecto, se debe usar le/les sin necesidad de especificar el género.

    El pronombre la se debe usar sólo como complemento directo y sólo con verbos transitivos (como el del ejemplo que has puesto). El laismo es muy común en Madrid: decirla, pedirla..
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    Gracias a todos por vuestros comentarios. Papu, tomo nota, ya ves, de medicina ni idea. Corregiré ese fallo por falta de documenación, je.

    Ah, gracias texas y shaianti, por la explicación. Es un error que cometo a menudo pero creo que en parte es cierto que es por vivir en Madrid. Igual que en otras zonas no se pronuncian bien ciertas palabras por los acentos etcetera, por ejemplo hace poco trabajé con una colombiana y me hacía gracia que tenía que pararse a pensar si algo se escribía con "s" o con "c", porque al hablar no hacía distinción, a mí me sucede con los laismos. Es muy difícil corregir algo al escribir cuando piensas que lo natural es como lo pronuncias. Pero en cualquier caso tampoco me preocupa una barbaridad, para eso están los correctores ortográficos y de estilo.

    Texas, lo de la transición está bien visto. Lo cierto es que me gusta romper en ciertas ocasiones lo que narro, para despistar un poquito al lector y situarle de pronto, por sorpresa, en otro escenario. Pero quizá abuso de ese recurso. Lo miraré.

    Me alegro de que en general os haya gustado. Papu, cuando escriba sobre asesinatos y descuartizamientos acudiré a ti. Me vendrán fenomenal esos apuntes de anatomía. Tener un médico cerca puede ser una ventaja para alguien que escribe novela negra, como es mi caso.

    Un abrazo para todos.
  • Chus-AChus-A Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    JNM escribió : »
    Pero en cualquier caso tampoco me preocupa una barbaridad, para eso están los correctores ortográficos y de estilo.


    Hola de nuevo, JNM ...

    El mejor corrector, ortográfico o de estilo deberías ser tú mismo. Ya sea para mejorar tu propio estilo y ortografía, saber corregirte, eliminar párrafos, recombinarlos etc para limpiar en definitiva y poder pulir tu texto hasta convertirlo en un brillante, o ya sea para separar entre tanta publicación en el mercado la mierda (que la hay, y mucha) del oro. Por eso, en mi opinión, sí debería preocuparte ;) lo suficiente, nada más ;) Un jurado te lo tendrá aun más en cuenta. Aquí sólamente jugamos y decimos medias verdades ;)

    POr lo demás ya sabes mi opinión sobre este texto tuyo .

    cordial saludo!
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    Por supuesto, Chus-A, estoy totalmente de acuerdo. Está claro que el mejor corrector y el más exigente debe ser uno mismo. De hecho me considero una persona bastante objetiva con respecto a mis textos. Pero también sabrás, que hay un momento en que tu propia opinión no es suficiente. Es decir, hay un momento en el que un consejo profesional viene de perlas. Lo que quería decir, es que aunque yo relea mi texto 500 veces habrás cosas que no veré y que a otro le saltaran a la vista y podrá decírmelo y podré corregirlas. Te aseguro que cada texto mio está muy trabajado. Pero aún así, siempre hay cosillas que se escapan, es inevitable. He concluido una novela negra, por ejemplo, en la que he trabajado durante unos cuatro años. Ha sido un trabajo largo, con reposos espaciados para entrar a las relecturas con mayor objetividad. He tenido procesos de auténtico "corte y confección" en los que he pulido, he eliminado párrafos buscando tensión narrativa, he modificado diálogos para ganar fluidez, que sé yo. Pero con todo y con eso, me vino estupendamente la opinión de un escritor amigo que la leyó y me dio unas cuantas sugerencias, unos cuantos puntos de vista, que yo no me había planteado.

    Un saludo.
  • B.T.B.T. Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    humm con qué un demonio, jajaja me ha recordado al libro que estoy leyendo ahora, DRÁCULA. de Bram Stoker, donde hay un loco, jaja muy muy bueno me ha gustado muchisisimo.
    un abrazo bea
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2010
    Gracias por tu comentario, Bea. Buen libro ese que estás leyendo. Disfrútalo.

    Un abrazo.
  • serranaserrana Juan Boscán s.XVI
    editado septiembre 2010
    Hola JNM
    Me gusto este relato. Narras muy bien, el texto se hace ameno.
    Gracias por compartirlo.

    P.D. !cuantas personas del foro ya no vienen a visitarnos!
  • JNMJNM Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2010
    Gracias, Serrana, por tu opinión. Me alegro de que te gustara. Sí hay muchas personas que ya no visitan el foro. Yo mismo durante meses he estado ausente y ahora intento recuperar.
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