¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

La mano de Dios

AzothAzoth Pedro Abad s.XII
editado mayo 2010 en Fantástica
caballerohuyendo.jpg


La mano de Dios
Prólogo
Tierras devastadas por la guerra, víctimas empaladas, aldeas quemadas, reinos arrasados, olor a azufre y muerte. No son otras vistas las que se pueden observar cuando el ejército invencible pasa de largo. Un ejército que no tiene ninguna meta, un ejército al que no se le puede detener, un ejército con una sed de lucha insaciable, un ejército construido por millones de hombres-bestia dirigidos por un salvaje al que llaman Zorg el inmortal, aquel que nunca ha sido derrotado en batalla. Victoria tras victoria, el ejército invencible ha ido destruyendo civilizaciones enteras, su leyenda se va aumentando y transmitiendo entre reinos, su marcha es cada vez mas temerosa, no dejan nunca supervivientes, solo ríos de sangre interminables. Su matanza es indiscriminada, batallones enteros se han opuesto y enfrentado a ellos, ninguno ha sobrevivido para contarlo. Cada vez son mas las personas que temen tal monstruosidad, cada vez son mas las personas que se apartan de su camino, poco importa lo que hagan, al final todos acaban igual.
Muy lejos de la posición del ejército, en un lugar aun lejano, en un reino aun fuera de su alcance, donde los rumores sobre Zorg y sus hombres envuelven las cabezas de sus lugareños, se aprecia a un hombre salir de un balcón del castillo, con ropajes de la realeza. El hombre apoya sus manos sobre el reposa brazos del balcón, se pone erguido y fija la vista sobre el horizonte, esperando a que la leyenda viva aparezca. No tiene miedo, no está nervioso, solo desea ansiosamente la llegada de su enemigo.

Comentarios

  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado septiembre 2009
    La mano de Dios
    Capítulo 1
    El valle de los caídos, la última escena donde se han presenciado los crímenes aterradores del ejército invencible. Los habitantes, antes arrinconados y torturados, ahora arden dentro de sus casas, son empalados como muestra del poder de Zorg, y sus miembros son amputados y exhibidos en las vestimentas y armas del devastador ejército. Pero no contentos con su último triunfo, Zorg el inmortal, como siempre, ordenó a sus hombres decapitar a los moribundos y colgar sus cabezas en los estandartes.

    -Estos humanos son una desgracia, apenas se opusieron a nosotros, solo sabían berrear y llorar, me entran ganas de coger sus cabezas y chafarlas con mis propias manos.-Dos componentes del ejército estaban charlando entre ellos. Con voz chirriante y aguda, se burlaban de los inocentes que caen bajo sus pies, no se consideran humanos, sino algo superior, y lo muestran batalla tras batalla.
    -Lo que mas disfruto de esto es ver y oír los llantos de las madres cuando les extraigo el corazón a sus repugnantes descendientes, siempre me regalan esa satisfacción.
    -¿Y te has fijado en las hembras que habían en este valle? Me habré divertido por lo menos con un par de puñados de ellas, es una dulce acaricia oír sus gritos de dolor cuando las violas.
    Ambos se reían y no dejaban de contar anécdotas de la última victoria, hasta que uno de ellos observó de refilón a un superviviente, que con las piernas inutilizadas, intentaba huir arrastrando su malherido cuerpo por el suelo, sucio por la sangre de sus camaradas.
    Ambos se acercaron a él, cada uno por un lado, y andaban al mismo ritmo que el moribundo sin decir absolutamente nada, mientras le seguían se limitaban a mirarle con una sonrisa que generaba malas intenciones. El malherido descubrió que aquellos dos monstruos le estaban siguiendo e intentó apresurarse, pero sus dos finos y heridos brazos no aguantaban la presión, y no solo no aceleró su ritmo, sino que no aguantó mas y se detuvo.
    -Por favor… dejadme ir, no os he hecho nada.-La triste e irritante voz de aquel hombre enfureció a uno de los dos soldados del ejército, provocando que le propinase un puntapié para volcarlo boca arriba. El magullado hombre se quejó e intentó razonar con ellos.-Habéis matado a mi mujer…Y a nuestro único hijo ¡Por el amor de Dios, solo tenía un año!...No ganáis nada con esto…por favor, os lo ruego…-El entristecido hombre se echó a llorar, sin poder añadir nada mas.
    -¿El amor de Dios?-El soldado alzó su mirada al cielo, llamando a su compañero.-Grendell ¿tú ves algo?-Su compañero alzó también su vista.
    -Yo no veo nada Seraph, solo un asqueroso cielo azul.-Gruñó Grendell.
    -¿Lo ves?-Se volvió a dirigir al hombre malherido.-El amor de Dios no existe.-Seraph se alejó unos pasos, alzó sus brazos y se dirigió al cielo.-¡Dios, si estás ahí, baja y salva a este inocente de nuestras manos! ¡De lo contrario, su cabeza será un bonito adorno para mi lanza!-El tono burlón del soldado llenó de impotencia al hombre.
    -Parece que tu Dios te ha dado la espalda, eso quiere decir que tenemos carta blanca para hacer lo que queramos.-Grendell desenvainó su espada y la clavó en la pierna izquierda del hombre, empalándolo en el suelo.-Así no irás a ninguna parte ¿verdad?-El hombre estaba demasiado ocupado retorciéndose de dolor como para contestarle.-¡Mira esta maravilla!-Agarró al hombre del cabello y le levantó unos centímetros para obligarle a presenciar el entorno que le rodeaba.
    -¡noooo! ¡Por favor, no me obliguéis a ver esta pesadilla!
    -¡Deja de suplicar, cobarde!-le gritó Grendell, y Seraph se acercó de nuevo a ellos y retorció la espada clavada en su pierna.
    -Esta es la nueva era.-Prosiguió Seraph, dando una vuelta lenta alrededor del herido.-Los hombres están hechos para matarse entre ellos, para demostrar quien es mas fuerte. Aquel que no cumple los requisitos de la vida, no merece seguir existiendo. ¿Es que acaso no lo entiendes? Somos el destino, el fin de todo viaje.
    -Y tú, solo eres una decepción de tu Dios.-Le interrumpió amistosamente su compañero.-Por lo tanto, no creo que nada de lo que digas nos haga cambiar de parecer.
    -¡Sois unos asesinos!-El hombre se dejó de convencerles y directamente pasó a menospreciarles.-¡No quedareis impunes! ¡Tendréis vuestro merecido! ¡Seréis castigados!
    -¿Por quien?-Una voz grave y monstruosa silenció tanto a los dos soldados como al pobre hombre.
    Era el líder del ejército invencible, Zorg el inmortal. Su sola presencia apartó a los dos soldados, y los que estaban alrededor hicieron un círculo, rodeando al moribundo y al líder.
    Mas de dos metros de altura, un cuerpo mas escultural y grande que cualquier humano que se pueda encontrar, una cara cadavérica y espeluznante, y una melena negra y ancha como la de un león. Su armadura era lo único que impresionaba mas que él mismo, una armadura compuesta por placas de acero teñido de negro y rojo, y piel humana. Quizá lo que mas resultaba llamativo era el cinturón compuesto por calaveras humanas.
    -Adelante, contesta.-La voz monstruosa de Zorg intimidaba al hombre, que dejó de emitir sonido alguno.-¿Quién nos castigará? ¿Tú nos castigaras?
    Zorg empuñó una de sus dos hachas de batalla, cada una de ellas pesaba lo suficiente para que solo el líder pudiese llevarlas. Ambas eran de dos manos, pero él las sujeta con solo una. Dio unos pasos hacia el hombre, levantó su arma sobre su cabeza, y con un corte vertical partió la cabeza de su víctima por la mitad, salpicando la sangre a todos aquellos que estaban lo suficientemente cerca.

    -¿Y ahora que hacemos, mi señor?-Preguntó respetuosamente Grendell.
    -Existe un reino lejano que aun no nos conoce, por lo menos en persona. Pondremos a prueba su fuerza en el campo de batalla.-Zorg llamó a su caballo, Belcebú, que se presentó en cuestión de segundos, y montó sobre él. Un caballo de guerra mas grande que el resto, de piel negra y ojos rojos.-Tú y Seraph avisad a los otros oficiales sobre nuestra marcha, si no nos demoramos solo tardaremos unos cinco días de viaje.

    Cuando el devastador ejército se puso en marcha, aquellos que portaban el estandarte lo levantaron mostrando las cabezas de algunas de sus víctimas. Otra batalla se acercaba, esta vez en un lugar que ningún otro reino a conseguido conquistar, un lugar del que nadie desea hablar, un lugar donde reposa el mas fuerte de los héroes.
  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2010
    ues aqui tenemos otra historia con un super malote que amenaza con conquistarlo todo, aunque para variar hay un super buenote capaz de hacerle frente, no se en que vaya a parar esto, pero los dialogos son creibles y adecuados
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    La mano de Dios

    Capítulo 2


    En un reino perdido, alejado de todo peligro, se encontraba la capital Kriz, una ciudad ilusoria donde solo los mas afortunados pueden vivir. En dicha ciudad estaba el castillo de Kriz, y en uno de los balcones de ese castillo se apreciaba a un hombre con ropajes de la realeza apoyado en el reposa brazos. Apenas divisaba el horizonte, solo la luz de las estrellas le favorecía. La noche era fría y el viento le susurraba maldiciones, pero el astuto hombre era capaz hasta de engañar al mismísimo viento. Sabía que el ejército invencible se aproximaba, era inevitable, aunque su confianza en sí mismo era tal que ningún miedo se apoderaba de él.
    Una bella mujer de ojos verdes apareció en el balcón, se acercó al hombre desde atrás y le abrazó lentamente, dejando su cabeza en el hombro derecho de él.
    -Hermana.-Dijo el hombre sin apartar la vista del horizonte.-Esta noche es muy hermosa ¿No es cierto?
    -¿Por qué no entras conmigo y descansamos juntos? Hoy has tenido un día duro, mi futuro rey.-Dijo ella mientras le acariciaba el cuerpo con cariño.
    -Alza tu mirada y deléitame con ese don tuyo de leer las estrellas, vamos, dime que te cuentan, Elizabeth.
    Ella contempló el hermoso cielo estrellado, como versos en la noche, y se dejó llevar por los cánticos que sonaban en su cabeza. Luego aproximó sus labios a la oreja de su hermano y con una voz dulce y suave le susurró al oído.
    -Veo muerte, Argus, pero también veo vida.-Él ni se inmutó ante las palabras de su querida hermana.-¿Por qué es esto lo que veo en las estrellas hermano? ¿Qué va a pasar? No lo entiendo.-Ella dejó de abrazarle e intentó girar el musculoso cuerpo de Argus para que no le diese la espalda-¡Contesta!-Después de que desistiera, él se dio media vuelta por voluntad propia y la agarró de los brazos con fuerza, dándole un beso apasionado bajo la única luz de las estrellas.
    -Ahora entra, no me esperes despierta, la noche y yo tenemos asuntos que tratar.
    La sensual Elizabeth, no convencida del todo, obedeció a su hermano y se acostó. Argus volvió a su posición original a visualizar el horizonte de nuevo.


    A la mañana siguiente, en la sala del trono, estaba el rey descansando sentado, el consejero a su derecha de pie, inmóvil, y enfrente un emisario venido de la frontera informando al rey. La sala era oscura, pequeñas y no muchas ventanas dejaban pasar apenas unos rayos de luz. Los pilares de la sala eran adornados con una larga tela roja que descendía desde lo más alto.
    -Oh gran rey, de una mala noticia vengo a informaros.
    -Prosigue.-Le dijo el rey, sentado en su trono.
    -El ejército invencible se aproxima.
    -¡No digas esas palabras!-Exclamó alterado el rey, levantándose nervioso.
    -Siéntese mi señor, estos estados de alteración no le reconfortan en absoluto.-Le dijo el consejero con una voz irritante que pocos tienen.-Luego pasó a dirigirse al emisario de la frontera con una mirada cruel y una sonrisa ambigua.-Seguro que este buen hombre tiene una buena explicación para arreglar lo que acaba de decir. Deberías saber que esas dos palabras están totalmente prohibidas en este reino.
    -Muchacho.-Siguió hablando el rey, ya calmado y sentado.-Hace ya mucho tiempo que los primeros rumores entraron en mis tierras y se apoderaron de mi gente. El miedo que llegaron a tener casi les hizo volverse locos. Me costó mucho tranquilizarlos, y una vez resuelto el problema, prohibí que se volviese hablar de él.
    -Pero es cierto, los vigilantes de la frontera les han divi…
    -¡¿Qué te hemos dicho?!-Le cortó el consejero, erguido y con las manos en la espalda.
    -Son solo rumores.-Volvió a hablar el rey.-Tal cosa no existe, nosotros somos el reino más fuerte, y siempre lo hemos demostrado. Batalla tras batalla nos hemos apoderado de las mejores tierras del mundo. ¿Acaso no te fías de tu rey?
    -No dudo… de vuestro coraje ni de vuestro liderazgo, y menos aun de vuestro… reinado. Mi deber es informaros.-El emisario intentó con miedo medir bien sus palabras.
    Las puertas de la sala se abrieron creando un chirrido que cortó la conversación, entrando el príncipe a paso ligero y serio. Se paró al lado del emisario y se arrodilló ante su padre, luego se incorporó y entró en la conversación.
    -Mi rey, se lo del ejército. Debemos partir de inmediato a la guerra o de lo contrario nos arrasarán.
    -Argus, hijo mío, el más valiente de los héroes, el más grande y el más fuerte. En el pasado era yo quien se enfrentaba a los peligros. Calixto y yo éramos imparables.-Calixto era la espada de la familia.-Cuando envejecí, te la cedí y tú seguiste mi legado, llegando a superarme y convirtiéndote en una leyenda por estos lares…
    -Pero ahora no nos haces falta.-Le interrumpió el consejero, dirigiéndose al príncipe con una leve sonrisa.
    -Cuando la realeza habla, los subordinados se callan.-Le dijo Argus frunciendo el ceño, y el rey siguió hablando.
    -Dicho peligro no existe, mas no es sino una fábula. Piénsalo detenidamente hijo mío ¿Miles de bestias arrasando un mundo entero y que no pueden ser frenadas? Es una buena historia para contar a los niños, se podría interpretar como la voluntad del Señor castigando a los pecadores, nada mas.
    -Pero padre…
    -¡Ya basta!-El anciano rey se levantó y se puso serio con su propio hijo.-¡No se tomarán medidas porque no existe ningún peligro!
    -Si…padre.-Argus cerró sus manos con fuerza e impotencia, asintió a su padre y se largó sin añadir nada mas.
    Sabía la postura del rey, y se hizo a la idea que no obtendría ayuda alguna. Si no hacía nada, la llegada de las bestias supondría el final del reino, así que optó por tomarse esta batalla por sus propias manos, y en secreto se dirigió a la armería.


    Horas después, la imagen de un hombre encapuchado se divisaba en los límites de la ciudad, alejado de la civilización, frente al portón de ésta.
    -Abridlo.-Ordenó el encapuchado a los dos guardias de la muralla, y estos abrieron el gran portón con dificultad, toneladas de madera y acero son difíciles de mover con el sistema que conocían para mover tales cantidades de peso.
    Los guardias, curiosos ellos, intentaron fijarse en el rostro del hombre disimuladamente, pero la capucha era tan grande que le tapaba toda la cara, dejándose ver solo oscuridad.
    El misterioso hombre salió de Kriz y a un paso lento fue desapareciendo por el horizonte. El encapuchado escondía tras una vestimenta marrón, una armadura plateada y un mandoble brillante y bello, la Calixto. Con un paso fantasmagórico se dirigía sin demora alguna hacia su destino, encaminando sus pasos por un desierto solitario, solo la presencia de la muerte se regodeaba con aquel hombre, que en un momento dado, dejó de caminar y echó la vista atrás.
    -Padre, hermana, mi pueblo, mi gente… Si yo solo debo enfrentarme al ejército invencible, que así sea.-El héroe encapuchado reanudó su camino, un camino cual conocía su final, un final que llevaba muerte y vida a la vez.
  • MACONDOMACONDO Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2010
    La Unica Mano De Dios Viable Fue La De Diego Armando Maradona, Contra Los Ingleses En El 86.
    Fue La Existencia Más Contundente

    Ahora Parece Que Lio Messi Esta Jugando Un Fulbito Con Jesus....
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    MACONDO escribió : »
    La Unica Mano De Dios Viable Fue La De Diego Armando Maradona, Contra Los Ingleses En El 86.
    Fue La Existencia Más Contundente

    Ahora Parece Que Lio Messi Esta Jugando Un Fulbito Con Jesus....

    Por favor, esto no tiene nada que ver con el tema, no hacer flood.
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado abril 2010
    La mano de Dios

    Capítulo 3


    Argus llegó a una miserable aldea del reino de su padre, asombrado contempló la pobreza y la penuria de esta gente. “¿Esto es lo que hay fuera del castillo? Pensé que mi padre era un buen rey, quizá exista alguna excepción… pobres infelices.”
    Nada mas dar los primeros pasos en la aldea, un grupo de bandidos salieron de una taberna y se fijaron en el príncipe encapuchado. Éste dejó de caminar prediciendo lo que iba a pasar, quería saber como acabaría la situación. Los bandidos formaron un círculo a su alrededor y sacaron sus armas para intimidarle a la vez que reían. Uno de ellos dio un paso al frente y se dirigió a Argus.
    -Tú, extranjero.-Hablaba con una maliciosa sonrisa.-Entréganos todo lo que tengas de valor. Si no opones resistencia no te haremos daño, vamos, hazlo por la causa.-El grupo entero no dejaba de reír.
    -Es la primera vez que intentan robarme.-Dijo el príncipe con una voz muy baja y seria. Su rostro no se apreciaba por la capucha y eso parecía incomodar un poco al bandido que le hablaba.
    -Siempre hay una primera vez, extranjero.
    -¿Y que debe hacer alguien como yo en una situación de este tipo?-Argus no cambió su tono de voz.
    -Alguien en tu posición nos entregaría todas sus posesiones de valor.
    -Lo único que tengo de valor es esto.-Argus empuñó y levantó la Calixto, la espada que brillaba con luz propia.
    -¿Qué demonios…?-Las risas incesantes de los bandidos cesaron y se quedaron algo confusos ante la situación.
    -Mi espada bailará sobre vuestros cadáveres.- El encapuchado príncipe lanzó su espada al bandido que tenía enfrente, clavándosela en la cabeza, y de un salto la volvió a coger, sacándola del primer muerto. Otro se le acercó y le atacó con un espadazo vertical, pero un suave movimiento de la Calixto partió a la otra espada por la mitad, Argus cogió al bandido del cuello de la camisa y con un golpe del mango en la nuca le dejó inconsciente. Le vinieron dos ladrones mas de golpe, uno por cada lado e intentaron herirle en las costillas dirigiendo sus respectivas espadas hacia él, cosa que el príncipe saltó rápidamente posando sus pies sobre las armas de sus enemigos e impulsándose para hacer una voltereta hacia atrás con elegancia, luego agarró con las dos manos a su bello mandoble y le cortó la cabeza a uno de ellos.
    -¿Quién diablos eres? ¡No pareces normal!-El resto de bandidos se empezaron a asustar al ver la pelea y salieron corriendo despavoridos.


    Argus volvió a esconder su espada y se adentró en la aldea, una aldea que iba cerrando sus puertas y ventanas según él se adentraba. Al parecer, los extranjeros no caían bien.
    Dos personas mas se colocaron en mitad de la calle, con intención de bloquearle el camino. Era una hermosa mujer y un anciano. Él era alto y corpulento a pesar de su edad, ella tenía el cabello negro y ondulado, desmelenado diría. Ambos iban armados.
    -No sois bien recibido, forastero. Dad media vuelta y no volváis.-Le dijo ella. Tenía una voz sexy pero con carácter a la vez.
    -No busco problemas.-El tono del príncipe seguía siendo el mismo que usó con los bandidos.
    -Pues es lo único que habéis encontrado nada más entrar. Volved por donde habéis venido.-Ella parecía no flaquear.
    -Me tenéis que dejar pasar, dar media vuelta no es una opción.
    -No nos obliguéis a haceros daño, pobre hombre. Vuestro encuentro con los ladrones no nos impresiona. La mujer y el anciano desenvainaron sus espadas.
    La gente de la aldea comenzó a salir de sus hogares y se juntaron alrededor de los tres.
    -¿Pobre hombre?-Argus se quitó la capucha lentamente con sus manos.
    La gente no se lo creía, murmuraban entre ellos, el héroe del reino estaba en su aldea.
    -El príncipe Argus…-Dejó caer la mujer.
    -¡Matad al príncipe! ¡Quemadlo en la hoguera! ¡Muerte con él!-La respuesta de los aldeanos no era exactamente la que Argus esperaba.
    -¿Qué estáis diciendo? Así no se les trata a los héroes.-Se quejó el príncipe.
    -Para nosotros no eres más que basura.-Siguió hablando la mujer.-El reino nos tiene abandonados. Hace años que los niños se nos mueren de hambre, el rió está seco y no recibimos ayuda, los bandidos nos roban casi todos los días… el Señor nos ha abandonado ¿Y de mientras, dónde estabais tú y tu padre?
    -Estábamos luchando contra los enemigos del reino.-Contestó bajo los abucheos de la gente.
    -¡Matar no te convierte en un héroe!-La mujer se alteró y unas pequeñas lágrimas cayeron de sus penetrantes ojos.-¡Para nosotros, tú eres el enemigo y no a los que has matado en el nombre del reino!
    -No… no sabía lo de vuestro pueblo, no tengo palabras para disculparme, se que nada de lo que pueda decir podrá complaceros.-Argus se arrodilló ante la aldea entera.-Pero debéis escucharme, os lo suplico. Un ejército imparable se cerca amenazándonos a todos. Ciudades y aldeas enteras serán arrasadas si yo no lo impido antes. Tenéis que dejarme marchar.
    -El reino nunca nos ayudó ¿Por qué íbamos nosotros a ayudar al reino?-Las palabras de ella eran bastante duras, y manejó desde un principio la conversación.
    -Porque si os quedáis de brazos cruzados, mucha más gente sufrirá la misma o peor suerte que vosotros.-Entonces el príncipe se levantó y se puso firme.-Porque no hacéis nada, os convertiréis en las personas que odiáis.-El príncipe dio entonces unos pasos hacia la mujer para hablarla mas de cerca.-Porque miles de hombres, mujeres y niños están a punto de morir. ¿Qué es mas importante para ti, una estúpida venganza o la vida de miles de perdonas inocentes?
    -Esa pregunta noqueó emocionalmente a la mujer, que se quedó completamente callada.
    -Llamaré al herrero.-Le dijo el anciano a Argus.
    -¿Por qué? ¿Qué pinta un herrero en esto?-Preguntó extrañado el príncipe.
    -Porque necesito un arma de verdad para el viaje.
    -¿Qué viaje?-Sigue preguntando Argus.
    -Estás loco si piensas enfrentarte tú solo al famoso ejército invencible.
    El príncipe sonrió y afirmó con la cabeza, y ambos se dirigieron a la casa del herrero.
    -¿A dónde creéis que vais los dos?-Argus y el anciano se giraron y vieron que la voz provenía de la mujer, que aun se le notaban las lágrimas en su cara.-No quiero quedarme aquí y ver como el ejército acaba con vidas inocentes, suficientes injusticias he visto ya. Además, tú y yo tenemos que arreglar cuentas después.
    Argus soltó una carcajada y preguntó le nombre de sus nuevos acompañantes.
    -Mi nombre es Ragsamur, y mi edad no influirá en absoluto en la batalla. Soy mas hombre que la mayoría del reino.
    -Yo soy Liliana, ambos somos guerreros.
    -Ya no hay vuelta atrás, una vez nos marchemos no volveremos, y es posible que muramos en el intento.


    Las palabras de Argus no parecieron importarles mucho a Ragsamur y a Liliana, y los tres se dirigieron al herrero, debían estar preparados para lo que se les venía encima.
  • tykerextykerex Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2010
    Está bastante bien tu novela. A ver que les sucede a Argus y a los demás.
  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2010
    La historia esta cambiando de forma algo abrupta, primero que el principe se lanze asi nada mas me hace suponer que de algun modo es superpoderoso o bien planea una incursion al corazon del ejercito enemigo, pero los dialogos tienen una construccion que se ve medio forzada, el hablar de forma sunturosa siempre me lo parece, tambien los eventos se sucedieron muy rapido en el pueblo, practicamente nadie pidio pruebas de nada, aun es pronto para tomar una postura de me gusta o no me gusta pero creo que tiene bastantes detalles por pulir
    Tenía una voz sexy pero con carácter a la vez
    Hablaba con una maliciosa sonrisa

    Estas son observaciones muy generales y vagamente fundamentadas, casi casi describes la esencia del personaje nada mas verlo y eso los limita
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2010
    Me encantan tus comentarios Hakatri^^, cuando lo termine de escribir al completo lo reescribiré para perfeccionarlo, a ver que tal.


    La mano de Dios


    Capítulo 4





    El salmo era cantado por el sacerdote Freimas, en la iglesia católica de Rusmus, primera ciudad del reino perdido. La iglesia estaba cada vez mas llena, pues eran más los devotos que se presentaban a misa todos los días. Los cristianos escuchaban arrodillados y en silencio el canto del sacerdote. Aquel salmo fue inventado en honor al fundador del reino, Kriz, un hombre que salvó cientos de vidas al dar hogar a todo aquel que se encontraba por el camino, hasta que junto con sus seguidores, forjó las tierras donde actualmente viven las personas del reino perdido, y por eso solo ese reino podía cantar aquel salmo.




    -Bienvenidos a la casa del señor una vez mas, hijos míos.-Procedió el sacerdote.-Somos bendecidos una vez mas por nuestro Padre, al darnos cobijo en su tierra, al darnos pan cada día, al darnos un techo donde dormir…
    La gente le escuchaba con la cabeza agachada y los ojos cerrados, disfrutaban todos al oír a Freimas. En la iglesia se hallaba todo tipo de personas, ancianos, adolescentes, mujeres, niños… todos adoradores del Señor, le rezaban para que bendijese Rusmus y para que les respaldaran de todo mal. Solo las palabras del sacerdote entraban en los oídos de aquella gente, solo esas palabras puras de un santo eran escuchadas. Solo la paz y la armonía se apoderaban de la iglesia, y una tranquilidad absoluta habitaba en las personas que rezaban a Dios.


    Las campanas de la ciudad empezaban a sonar, alertando a todos los habitantes.
    -¡No os alertéis hijos míos, el Señor nos protegerá de todo mal!-Gritó Freimas, intentando calmar a los cristianos. Cosa difícil, ya que un gran jaleo parecía expandirse por todo Rusmus a una velocidad impresionante. Las puertas de la iglesia fueron echadas abajo por dos guerreros de gran estatura, que después de entrar, dejaron paso a otros dos guerreros aun mas intimidantes, Seraph y Grendell, los capitanes del ejército invencible.
    -¡Alejaos de la casa del Señor! ¡Alejaos de la casa del señor!-El sacerdote Freimas les repetía una y otra vez que se marchasen… craso error.
    -¿Eh?-Seraph levantó una de sus cejas y se puso a mirar todos los lados de la iglesia con una leve sonrisa.-Yo… no lo veo.-Soltó entre risas.-Si él no me dice nada, yo no me largo.-Cada palabra sonaba mas prepotente que la anterior.
    Grendell se acercó al sacerdote y de una sacudida lo tiró al suelo.
    -¡El Señor me a hablado!-Se burlaba el capitán después de lanzar al sacerdote al suelo.-¡El Señor ha hablado!-Gritaba con un tono burlón a mas no poder.
    -¡Blasfemias!-Soltó Freimas desde el suelo.
    -¡Me ha dicho que ya no sois dignos de vivir en estas tierras!-Seguía burlándose de aquellas personas, que estaban cada vez mas nerviosas y atemorizadas, temiendo por sus vidas.-¡¿Y sabéis que significa eso?!
    -¡Que nos llevaremos a las mujeres!-Le siguió Seraph.-¡Los niños, hombres y ancianos se quedarán aquí! ¡¿No estáis contentos?!-Se dirigió el capitán a todos, abriendo sus brazos en forma de cruz.-¡No nos llevaremos a todos! ¡No somos tan malos como imagináis!
    -¡Proceded, soldados!-Ordenó Grendell, acto seguido levantó al sacerdote con solo una mano hasta que sus pies dejaron de tocar el suelo.
    -¡El Señor está con nosotros! ¡Nos protegerá de todo mal!-El sacerdote agarró su collar con la cruz con fuerza y Grendell lo puso sobre la mesa donde estaba la Biblia.
    Entonces desenvainó su mandoble y con una mano cogió al sacerdote de la cabellera y con la otra procedió a cortar. La gente comenzó a gritar de terror mientras Grendell les mostraba la cabeza de su sacerdote. Cundió el pánico entre la multitud de la iglesia y el capitán se encaminó a la salida con la cabeza en mano. El cuerpo de Freimas yacía en la mesa junto a la Biblia, y una vez todas las mujeres fueron sacadas de allí, los cuatro solados se marcharon.
    -Cerrad la iglesia como podáis y quemadla.-ordenó Seraph.


    Las calles estaban patas arriba y pequeños ríos de sangre circulaban en ellas, el ejército invencible se había apoderado de la primera ciudad del reino perdido sin problemas. Los guardias de la ciudad no tuvieron nada que hacer frente a los hombres-bestia, y aquellos que osaban huir eran asesinados a flechazos. Solo un pequeño grupo quedó resistiéndose a lo inevitable.
    -¡Aguantad! ¡No bajéis vuestras lanzas! ¡Podemos aguantar!-Los ánimos de los últimos guardias no decaían.
    -¡Dejad paso a Zorg!-El ejército hizo un pasillo y el inmortal hizo acto de presencia, poniéndose enfrente de la última resistencia de la ciudad.
    -El caos inunda vuestras calles, jóvenes guerreros. Vuestras murallas han caído ¿Qué razón tenéis para luchar?-Las frías palabras de Zorg siempre eran temidas.
    -¡No creáis que habéis terminado, mas allá de esta ciudad reside el mayor de los héroes, al mas grande que se pueda conocer!-Gritó enfurecido uno de los guardias, corriendo hacia el líder para clavarle su lanza.
    -Valiente guerrero, hemos venido precisamente para eso.-Dijo Zorg con su grave y monstruosa voz mientras se dejaba clavar la lanza.
    Para asombro de aquel guardia, Zorg no mostró signo alguno de dolor, y después de que éste se la sacara sin temor alguno, la gran bestia de mas de dos metros de altura empuñó su hacha de batalla, y partió en dos a su atacante, salpicando sus fluidos al resto de compañeros.
    -Vamos, atacadme o moriréis como viles perros. La provocación del líder hizo mella en el resto de la resistencia… y todos murieron bajo le hacha de Zorg el inmotral. Da igual que atacaran de uno en uno o en grupo, ninguno le superó en combate.


    Después de arrasar por completo la ciudad, Zorg volvió a reunir a sus capitanes, entusiasmados de crear tanta destrucción.
    -Seraph, Grendell, reunid a los oficiales y decidles que seguimos avanzando, presiento nuestro mayor reto, el que andábamos buscando está mas cerca de lo que creemos. Por fin tendremos un rival digno de nuestra fuerza, después de tanto tiempo vagando entre miserables que no han superado la prueba, tendremos la gloria que nos merecemos. Nuestra próxima parada será una fortaleza que nunca ha podido ser invadida, la fortaleza de Ázgaran. Preparad bien a vuestros hombres, está a solo un día de camino.


    Después de organizarse, partieron en busca de su próximo destino, dejando atrás una ciudad reduida a cenizas, con las mujeres empaladas en las lanzas de sus enemigos, y las lanzas colocadas en lo alto de los edificios y las murallas de Rusmus.
  • ana pablo arroyoana pablo arroyo Anónimo s.XI
    editado mayo 2010
    he tenido la suerte de leer su libro,me ha parecido estupendo.
  • miquelmiquel Anónimo s.XI
    editado mayo 2010
    esun libro muy interesante.
  • santisanti Anónimo s.XI
    editado mayo 2010
    Me ha gustado mucho la novela, està interesante!
  • juan69juan69 Anónimo s.XI
    editado mayo 2010
    me agustado mucho tu libro es una fabula
  • pilar rodriguezpilar rodriguez Anónimo s.XI
    editado mayo 2010
    me ha gustado mucho el libro
  • PaulinaPaulina Anónimo s.XI
    editado mayo 2010
    M´agradat moltel relat .Trobo que esta plagat de fantasia:):):)
  • JoseGrussJoseGruss Anónimo s.XI
    editado mayo 2010
    que bueno
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com