Despertó cuando le pareció oír (dentro de las cuatro paredes
de silencio que es la noche) la puerta de entrada abriéndose lentamente. Dos segundos más tarde, el golpe metálico del pestillo y el chirriar del picaporte, que volvía a su posición. No se atrevió a moverse. Quería escuchar otro ruido para cerciorarse de que no lo había soñado. Entonces percibió los pasos allá por el living. Se fue incorporando progresivamente, asustado, hasta apoyarse contra la cabecera de la cama. Cuando los pasos cesaban, algún objeto se corría: ahora una silla, luego la mesa ratona; y nuevamente los pasos que —él suponía— se acercaban a la cocina. Alguien había entrado. El hombre, en la cama, estaba seguro de ello como de que el corazón se le iba a salir por la boca. «Como en el cuento de Cortázar», tuvo tiempo de reflexionar: “nos han tomado la casa”. Un mosquito le rozó la mejilla con su condenado silbido incansable. Oyó el televisor que se encendía: «Maldito —pensó—, el maldito se atreve a encender el televisor». Con la punta de los dedos, tocó a su mujer, quien se dio vuelta bruscamente.
— ¿Qué pasa? —preguntó.
—Alguien ha entrado en la casa, ¿escuchás?
—El televisor —dijo ella, incorporándose—. Claro que lo escucho.
—Debemos salir —sentenció él.
Asustada, la mujer comenzó a vestirse como pudo: no era momento de fijarse en la prolijidad. Él hizo lo mismo apresuradamente, mientras trataba de oír si era sólo uno el que había entrado. En un segundo de estupidez, pensó en salir de la habitación y encarar al intruso. Pero luego se dio cuenta de que su esposa estaba allí, y no podía ponerla en riesgo. Aturdido, con desesperación, se puso las zapatillas al revés; eso no importaba. La mujer fue más rápida que él para estar lista para salir; ya lo esperaba junto a la ventana, con los zapatos en la mano. En la oscuridad, ella hacía inútiles señas para que su marido la encontrara. Él se arrimó a la ventana en puntas de de pie y giró la falleba, que se quejó con un sonido metálico. Abrió los vidrios, empujó los postigones, y un mortecino haz de luz de neón inundó el cuarto.
Medio encandilados, saltaron a la vereda, adonde cayeron estrepitosamente. Se pusieron de pie con rapidez. No pasaba nadie por allí a esa hora. Corrieron calle abajo, no sin antes empujar los postigones, que se volvieron a cerrar.
Cuando el hombre entró en la habitación, descubrió la ventana sin trabas. Sin embargo, en el cuarto no faltaba nada. Supuso entonces que había olvidado cerrarla antes de salir a la oficina. No se percató de las sábanas todavía tibias ni de que una media de mujer había quedado debajo de la cama. Ni tampoco de que dos personas huían despavoridas, maldiciéndolo.
Comentarios
Excelente mezcla.
betob
Me quedo con una pequeña pena,, la de no haber captado el final. Me pierdo en ese saltito temporal, raccord,, o lo que sea ...
También quizá la historia hubiera dado para trabajar un poquito más el relato y su suspense, puestos a versionear "La casa tomada"
Gracias por la lectura.
Suscribo
Chus: El último párrafo intenta darle una vuelta de tuerca al cuento, y resulta que en realidad el que había entrado era el dueño de casa y los intrusos los que estaban en la habitación. En este país son moneda corriente las usurpaciones de viviendas. Puede que un día salgas de tu casa una semana y al regresar te encuentres con que una familia que te la ha usurpado. Podés tardar meses en recuperar tu vivienda, así son las leyes acá. Esa es la idea que quise plasmar. Voy a ver como lo puedo corregir para cerrar mejor el final. Si alguien no entiende un final, es que algo ha fallado.
Agradezco muchísimos las críticas de todos.
Un abrazo.
Siguiendo los paralelismos nos trasladaríamos entonces al cine a "Los otros"
Y vaya con la leyes, por cierto,, Aquí en España y mucho más concretamente en Barcelona, ocurre últimamente también muy a menudo.
En cuanto a entender la historia y la posible revisión...
Pues no te lo niego, me hubiera gustado poder entender mejor ese final .. algo así sospechaba, u otras situaciones,, igual es culpa mía que no lo pille, pero también depende de la fuerza con la que tú quieres que se revele al lector, claro...
En cualquier caso está muy bien ese texto.
Abrió los vidrios, empujó los postigones, y un mortecino haz de luz de neón inundó el cuarto.
Bueno, esa oración está mal escrita en sí, o al menos la idea que querés dar se muestra contradictoria. Ahí dice que un “mortecino” haz de luz inundó el cuarto, mortecino quiere decir sin vigor, que está casi muriendo o apagándose, y me hace ruido la idea de que una luz mortecina débil “inunde” el cuarto,
Medio encandilados, saltaron a la vereda, adonde cayeron estrepitosamente.
Si la luz era tal para medio encandilarlos entonces no era mortecina. Pero de todas formas lo más seguro es que haya comprendido mal la idea, y tal vez quisiste decir otra cosa con la palabra “mortecino”.
Agradezco a todos los aportes.
Un abrazo.
ademas de las correcciones previas de los companieros creo que esta muy bien. La similitud con el cuento de Cortazar existe pero la forma en la que ambos abordan el tema es muy distinta. Cortazar inventa unos intrusos que nos son humanos, esto se revela al final del cuento cuando el personaje arroja la llave y dice "no fuera a ser que alguien entrara en la casa, a esta hora y con la casa tomada", en cambio tu cuento trata una dualidad, una doble cara, varios seres viviendo en la misma casa siendo cada uno intruso del otro.
Solo quiero decir muchas felicitaciones.