Todo el mundo ha oído hablar de la contaminación atmosférica, estoy seguro. También es cierto que existe una preocupación más o menos responsable por parte de gobiernos, instituciones y particulares por disminuir la concentración de las especies contaminantes en el aire que respiramos. Así, se legisla, con mayor o menor acierto, para evitar que vertamos gases tóxicos a nuestra atmósfera y conseguir espacios verdes y limpios.
Sin embargo, pocos políticos se han preocupado por el aire que más respiramos: el de los ambientes interiores. Pensadlo, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos residimos más tiempo en espacios cerrados (casa, coche, metro, oficina, ...) que en abiertos. Os traigo aquí este artículo para que reflexionemos juntos sobre los contaminantes de los espacios interiores y sus terribles efectos sobre nosotros y nuestras familias. Espero que os sea útil.
CONTAMINACIÓN DEL HOGAR POR FORMALDEHÍDO
Presente en muchos productos cotidianos en el interior de las casas, puede producir diversos efectos nocivos.
Gracias a sus propiedades aislantes y a su resistencia, el uso industrial del formaldehído se ha generalizado en productos tan diversos como materiales de construcción, pinturas, prendas textiles, madera conglomerada o servilletas de celulosa. En general, el interior de las viviendas no suele concentrar niveles preocupantes de este compuesto. Ahora bien, dada la sensibilidad que pueden tener algunas personas y los efectos que puede causar durante un tiempo de exposición prolongado, es recomendable reducir lo más posible su presencia en los hogares. Como consejos generales, se recomienda el uso de materiales naturales y ecológicos, ventilar el interior de las viviendas y evitar la humedad.
El formaldehído forma parte de la colección de
compuestos orgánicos volátiles (COV) que se utilizan en buena parte de productos de uso cotidiano. Descubierto en 1867 por el químico alemán August Wilhelm von Hofmann, el formaldehído o metanal es un compuesto que a temperatura ambiente se comporta como un gas incoloro de olor penetrante.
La exposición al formaldehído puede provocar diversas consecuencias negativas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niveles de concentración no sean mayores de 0,05 ppm (partes por millón).
En función de la concentración en la que se encuentre, el tiempo de exposición y el grado de sensibilidad que se pueda tener hacia el mismo, los efectos pueden ser muy variados.
En dosis superiores a 30 ppm puede ser mortal. Los trabajadores que manejan este producto tienen que utilizar los sistemas de prevención necesarios que marca la legislación para evitar posibles intoxicaciones. En concentraciones a partir de 0,1 ppm, se pueden producir varios tipos de irritaciones, como ojos llorosos o con sensación de quemazón, así como en la nariz y garganta, náuseas, tos, jadeos, opresión en el pecho, sarpullidos, dolor de cabeza, dificultad para conciliar el sueño, fatiga, bronquitis, etc.
Algunas personas pueden tener una alta sensibilidad a este compuesto, y experimentar este tipo de reacciones a niveles inferiores a 0,1 ppm. Su detección no es sencilla, ya que sus síntomas se pueden confundir con los del resfriado, la gripe o las alergias. La exposición a bajas concentraciones de formaldehído durante un amplio espacio de tiempo puede aumentar la sensibilidad tanto a este producto como a otros que provocan alergias. La contaminación por formaldehído se puede producir de forma silenciosa
en el interior de las casas durante años. Las mayores emisiones se producen cuando los materiales que contienen este compuesto son nuevos. Poco a poco disminuyen, pero pueden durar en dosis bajas durante cinco o más años.
El formaldehído también puede acentuar las reacciones de personas ya de por sí sensibles o con problemas de
asma o rinitis. Asimismo, en experimentos con animales de laboratorio ha demostrado tener un
efecto cancerígeno, y podría tenerlo también en los seres humanos. Algunos estudios han vinculado al formaldehído con la esclerosis lateral amiotrópica.
Cómo evitar la contaminación por formaldehído
El uso de
materiales aislantes en los edificios es una buena idea para reducir el consumo energético, pero pueden contener formaldehído. Así lo ha señalado la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA en sus siglas en inglés), que ha recordado que, a la hora de construir o reformar un edificio, se pueden buscar alternativas que no lleven formaldehído. En los años 70, se generalizó el uso en el sector de la construcción de la urea-formaldehído (UFFI, en sus siglas en inglés), una variedad de este compuesto. En 1984, la normativa limitó su uso a partes muy concretas del edificio y para que en ningún caso tuviera contacto con la zona interior de la vivienda. No obstante, conviene tener cuidado con las reformas que se hagan en casas construidas en aquellas fechas. Las pinturas, pigmentos y barnices sintéticos son otro de los elementos que pueden contener este compuesto. Su sustituto pueden ser las
pinturas y los tratamientos ecológicos.
Los muebles de conglomerado o contrachapado suele llevar formaldehído como adhesivo. Por ello, si se puede, tras su compra conviene dejarlos que se aireen en espacios sin habitar. La
madera maciza o las fibras naturales no contienen este compuesto, así que para evitarlo son una alternativa para el mobiliario de casa.
Los materiales vinílicos para revestimientos y las moquetas y alfombras sintéticas pueden contener formaldehído para hacerlos más resistentes a las manchas. Las
fibras vegetales o la lana no emiten este compuesto, así que para evitarlo conviene adquirir alfombras y moquetas con dichos materiales naturales.
La industria textil también se vale de este compuesto como conservante y para evitar arrugas o manchas. Así, se le puede encontrar en diversa ropa del hogar, como colchones, toallas o tapicerías. En este caso, el contacto puede ser tanto directo con la piel como por inhalación. Como alternativa, se pueden buscar las
prendas con fibras ecológicas y naturales, y evitar las que presenten propiedades anti-manchas y anti-arrugas, que suelen llevar formaldehído. Pero si se adquiere una de estas prendas, siempre se pueden lavar y aclarar antes de usarlas. Asimismo, los sistemas de limpieza en seco también suelen utilizar este compuesto como disolvente en las prendas. Por ello, es recomendable colgar la ropa en un lugar ventilado y aislado durante unos días después de haberla traído de la tintorería.
Los productos de limpieza, cosméticos y de higiene personal también se valen del formaldehído para combatir las manchas o la humedad. Los pañuelos, servilletas y papel de celulosa, los desodorantes, lacas, champús, jabones, detergentes, desinfectantes, ambientadores, etc. pueden hacer uso de este compuesto. El uso de estos productos se puede reducir, ya que en ocasiones se abusa de ellos. Asimismo, los productos de limpieza ecológicos pueden ser un sustituto.
La combustión de calderas de leña y gas, así como el tabaco, emite formaldehído. En el primer caso, es imprescindible contar con un buen sistema de ventilación. En el segundo caso, se debe evitar fumar en lugares cerrados, y permanecer en habitaciones donde se sepa que hay fumadores habituales.
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Comentarios
No quiero aburrir, pero ahora pienso tenerlo en cuenta como una opción más y revisar bien la habitación.