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Stalker (Prologo)

Vitin_2Vitin_2 Pedro Abad s.XII
editado febrero 2010 en Ciencia Ficción
PRÓLOGO: EL INCIDENTE
La Central Eléctrica Nuclear Memorial V.I. Lenin, más conocida como Central Nuclear de Chernobyl, comenzó a construirse en 1970 a 18 km al noroeste de la ciudad de Chernobyl, Ucrania. Más tarde, y con motivo del alojamiento de los familiares de los trabajadores destinados en la central, la ciudad de Prypiat fue edificada junto al emplazamiento de la misma.
La construcción de la planta representó un gran reto, al mismo tiempo que un gran orgullo para la Unión Soviética, pues se trataba de su tercera central nuclear del tipo RBMK (Después de la de Leningrado y Kursk). Estas centrales usaban un tipo de reactor refrigerado por agua y basado en su producción de plutonio moderado por grafito, hoy en día obsoleto, que solo fue construido por la URSS. Estos reactores habían sido diseñados especialmente para poder hacer recargas de combustible sin tener que parar la central, lo cual era muy útil de cara a la obtención de plutonio para armamento. Cuatro de ellos fueron construidos e implementados en la central y aún dos más estaban en proceso de montaje cuando se produjo el accidente.
La central funcionó con normalidad, abasteciendo de energía a millones de hogares y fábricas soviéticas hasta el año 1982, en el cual se produjo una fusión parcial de la base en el reactor Nº 1. Debido a la política secreta de la Unión Soviética, el grado del accidente no fue hecho público hasta años más tarde. El reactor fue reparado y puesto nuevamente en servicio al cabo de unos meses.
Lo que pasaría después no sería tan fácil de ocultar.
El día 26 de Abril de 1986, se produjo en esta planta el accidente nuclear más grave de la historia. Durante una prueba rutinaria en la que se simulaba un corte del suministro eléctrico un aumento súbito de potencia en el reactor Nº 4 de la planta produjo un sobrecalentamiento del núcleo del reactor, lo que terminó provocando la explosión del hidrógeno acumulado en su interior. Está inmensa detonación hizo volar el techo de 100 toneladas que cubría el reactor, permitiendo que el oxígeno penetrara, lo cual provocó un incendio en la planta. Minutos después del accidente, todos los bomberos militares asignados a la central ya estaban en camino y preparados para controlar el desastre. Las llamas afectaban a varios pisos del reactor número 4 y se acercaban peligrosamente al edificio donde se encontraba el reactor número 3. El comportamiento heroico de los bomberos durante las tres primeras horas del accidente evitó que el fuego se extendiera al resto de la central.
No obstante, la cantidad de material radiactivo que se liberó tras la explosión fue de una magnitud 500 veces mayor que la liberada por la bomba arrojada en Hiroshima en 1945.
Un primer acercamiento en helicóptero al lugar de la catástrofe puso de manifiesto las tremendas magnitudes de lo ocurrido. En el núcleo, ahora expuesto a la atmósfera, el grafito puro ardía al rojo vivo, rodeado de una masa incandescente de metales y combustibles, la temperatura alcanzaba los 2.500 ºC y el humo radiactivo se abría camino hacía la atmósfera impulsado por un efecto chimenea.
Como medida desesperada de emergencia, se ordenó a los helicópteros del ejército que sobrevolaran el reactor incendiado arrojando una mezcla de materiales que consistía básicamente en arena, arcilla, plomo, dolomita y boro. El boro, absorbente de neutrones, evitaría que se produjera una reacción en cadena. El plomo estaba destinado a contener la radiación gamma y el resto de materiales mantenían la mezcla unida y homogénea.
En los días siguientes se comenzó la construcción de un túnel que abría de pasar por debajo del reactor accidentado con el objetivo inicial de implantar un sistema de refrigeración para enfriar el edificio en llamas rápidamente. Este túnel, así como gran parte de las tareas de limpieza de material altamente radiactivo, fue desarrollado por reservistas del ejército ruso, jóvenes de entre 20 y 30 años, de los cuales pocos sobrevivieron. Finalmente, jamás se implantó el sistema de refrigeración y el túnel fue rellenado con hormigón para afianzar el terreno y evitar que el núcleo se hundiera debido al peso de los materiales arrojados. Pocos días después se inició el levantamiento de una estructura denominada el sarcófago, que envolvería al reactor aislándolo del exterior. Los trabajadores encargados de esta peligrosa tarea formaban parte en su mayoría de cuerpos de voluntarios del ejército y de sectores de la construcción, que, equipados con rudimentarios trajes antiradiactivos, representaban una vez más el sentido del sacrificio que el pueblo soviético ya había sacado a relucir con orgullo en otros momentos puntuales de su dilatada historia. Por otro lado, es conveniente resaltar que muchos de ellos no sospechaban ni por asomo lo que les esperaba junto al fatídico reactor número 4. Estas obras, no obstante, tampoco llegarían a terminarse.
El gobierno soviético se vio forzado a evacuar las regiones colindantes al lugar del accidente, tarea que se hizo tarde y mal, debido al afán desmedido de las autoridades por ocultar la tragedia al mundo. Las cifras de muertos variaron mucho según las fuentes, pero nadie se atrevió a negar que las consecuencias directas o indirectas de la lluvia radiactiva que siguió a la explosión fueron fatales para miles de personas.
La peor parte, curiosamente, no se la llevó Ucrania y esto se debió en gran parte a la acción caprichosa de los vientos, que soplaron en los días posteriores hacía el Norte, llevando a la contaminación de la mano más allá de la frontera con Bielorrusia, país principalmente afectado, y salvando de este modo de la catástrofe total a ciudades cercanas al Sur de la Central, como es la misma Kiev. Este fenómeno inevitable de rápida extensión de la radiación a través del viento era de las pocas cosas que quedaban irremediablemente fuera del control soviético en las semanas posteriores a la explosión, llegando a registrarse partículas anómalas provenientes de Chernobyl incluso en Suecia, Finlandia o Alemania. Esto permitió que las naciones occidentales empezaran a sospechar que lo que la Unión Soviética había anunciado tímidamente como un incidente técnico rutinario solventado rápidamente sin mayores consecuencias podía haber sido mucho más que eso. No obstante, el interés fue nimio, y las tensiones internacionales que en aquel entonces todavía coleaban no ayudaron a que se fuera más allá en la insistencia de Europa y Estados Unidos por saber más de lo ocurrido. Al menos no oficialmente.
En casi ningún país extranjero la noticia ocupó algo más que una página secundaria en los diarios o un inciso en los noticieros. Mientras que en la Unión los cientos de afectados eran distribuidos en colosales cuarentenas con el fin de ocultar el éxodo masivo que se estaba produciendo. La mayoría de la población de las regiones alejadas tenía preocupaciones más incipientes, y, quizá algo aletargada como estaba tras años de régimen, dieron casi todo el crédito que les quedaba a las declaraciones del gabinete de Gorbachov, que anunciaban los movimientos de masas más evidentes e inevitablemente percibidos como cautas medidas de precaución ante una posible intoxicación radiactiva, en ningún caso letal.
Pero lo peor estaba aún por llegar.
El día 26 de Mayo, exactamente un mes después de la explosión del reactor 4, cuando los esfuerzos por construir el sarcófago en torno al incendio, todavía activo, llegaban a su máximo apogeo, con más de 500 trabajadores empleando noche y día en la tarea, algo inesperado y anómalo ocurrió.
Los datos de que se dispone acerca de este segundo y mucho más extraño incidente, son extremadamente escasos y contradictorios, si bien todas las fuentes coinciden en algo: la tierra en toda la región tembló como si el mundo fuera a acabarse y el cielo se tornó de un color suave escarlata durante unos pocos segundos.
No se sabe a ciencia cierta si se produjo una segunda explosión en el reactor, bajo el sarcófago a medio terminar, o si lo que provocó los temblores fue una especie de réplica de la primera, los científicos a los que se preguntó en los días siguientes no podían explicarse el suceso.
Inmediatamente después de que la tierra vibrara, todas las comunicaciones con el perímetro más cercano a la Central se interrumpieron indefinidamente y no se volvieron a recibir noticias de los equipos de construcción y contención que rodeaban el área. Tampoco hubo más señales de los civiles que habían decidido quedarse y habitaban entonces los pueblos cercanos a la gran planta, aunque aquello preocupó bastante menos. Fue como si aquel trozo de tierra fuera de repente borrado del mapa, barrido por unas fuerzas antinaturales que parecían haber eliminado toda señal de vida inteligente.

Comentarios

  • Vitin_2Vitin_2 Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2010
    (continua prologo)
    El perímetro fue inmediatamente delimitado por las fuerzas del ejército, que fueron movilizadas rápidamente en torno al área anómala. En las horas siguientes, varios helicópteros militares sobrevolaron el recinto, con órdenes de transmitir informes detallados de la situación en torno a la Central, pero en todos los casos, los aparatos desaparecieron sin dejar rastro, interrumpiendo bruscamente las comunicaciones con el exterior, jamás se supo si la tripulación seguía con vida.

    Este cerco, de unos 20 kilómetros cuadrados alrededor de la planta nuclear, paso a denominarse más tarde como “La Zona” y allí me ocurrirían cosas que, por mucho que lo intente, jamás podré olvidar.
  • HakatriHakatri Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2010
    Ha sido una buena idea poner esto por separado ya que el escrito tiene mucha mayor fuerza sin esta explicacion, enseguida te doy mi opinion en el otro tema
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