Alguna vez me dijo que terminaría por no atender ninguna llamada telefónica:
- Entre las ofertas de contratos de todo tipo, a la hora en que has decidido descansar; las equivocaciones, y los intentos de comunicación con los anteriores titulares de la línea que te han adjudicado, consiguen que odies el teléfono...
Cuando, tras varios días intentando hablar con ella, me encontré con que su móvil estaba apagado, supuse, no sin cierta irritación, que había decidido vivir al margen del teléfono.
Nos adentrábamos en junio, el curso estaba finalizando y sobre mi mesa de trabajo se amontonaban los exámenes pendientes de calificación. Por eso, había puesto en práctica la vieja pauta de aislamiento: ninguna lectura (incluidos los periódicos), ninguna salida, hasta haber finalizado la tarea.
Pero, era sábado, Juanjo tenía una comida con su promoción en La Rioja, y yo me había levantado con el pie izquierdo. Ante la alternativa de prepararme algo para comer y dedicar el resto del tiempo al trabajo, y la posibilidad de tomar platos de capricho, en un lugar agradable, mientras charlaba con Marta, opté por lo último.
Para mi sorpresa, su móvil continuaba apagado y no atendía al fijo. Pensé que estaba exagerando y que cuando la tuviera a mi alcance le soltaría un buen sermón sobre el asunto.
Aun así, obligada a descartar el placer de la compañía, decidí comer fuera. Pero, ya que tendría que hacerlo sola, me acomodé en el restaurante más cercano.
“El Mesón” está en la misma manzana que mi apartamento; no creo que su cocina llegue a las guías gastronómicas, pero doy fe de que las patatas guisadas con carne del cocinero titular bien valen una visita.
Como cualquier restaurante de menú diario que se precie, “El Mesón” ofrece a sus clientes el entretenimiento de la cadena local de televisión, mientras degustan su almuerzo. Y mi llegada coincidió con el comienzo de las noticias.
Tras el correspondiente vermouth de grifo, obsequio de la casa por la vecindad, y el imprescindible saludo y cambio de impresiones con los camareros, cuando me disponía a atacar el primer plato, la voz engolada del presentador de televisión acaparó mi atención:
- “.... ha sido identificada. Se trata de Marta G. del P., profesora asociada de la Facultad de Filología de la Universidad ... que, al parecer, cayó mortalmente abatida por uno de los disparos efectuados por el agresor contra su amante, cuando accedía a la estación de metro en torno a la cual se desarrolló la reyerta...”
Las violentas náuseas me impidieron continuar ante la mesa.
Luego supe que Marta había sido alcanzada por una bala cuando se interpuso sin saberlo en la línea de tiro de un amante despechado. Iba a tomar una cerveza para celebrar la visita de un amigo largo tiempo ausente que, al no conseguir comunicar con ella telefónicamente, le había mandado un mensaje:
- “O vienes o te mato”
Comentarios
Un beso Marta y gracias por todo, ya sabes donde me tienes...
Dorchy
Un regalo:
Lo siento, Marta, no me había dada cuenta. A mí también se me ha encogido el corazón al ver tu comentario.
te lo digo en privado y ahora aqui,no tiene razón de ser que borres tu texto,es solo una coincidencia,además,me gustó lo que contaba,por favor vuelve a ponerlo,mi intención no era ni que lo borraras ni hacerte sentir mal,de verdad,ponlo de nuevo vale?
un beso.
Un abrazo
aaaaiiinnnnssss¡¡¡¡¡¡ pero que cabezota eres¡¡¡¡¡¡
vuelve a ponerlo,sin modificar,quien soy yo para permitir que hagas semejante cosa??
anda no seas cabezota y ponlo tal y como estaba,por favor.
un beso.