Suena el teléfono, rompiendo la paz con tanto cuidado y afán conseguida, algunos lo llamarían soledad, pero no saben saborear la felicidad de una imaginación volando por un mundo de papel, la comodidad del sofá, la ambientación musical, y si, el sempiterno cigarrillo encendido exhalando bocanadas de ansiedad en cada calada. Paz artificial… real… qué mas da, me encontraba genial.
Busco el móvil, marcando la página del libro, número desconocido. Pienso genial, me han interrumpido para hablarme de alguna promoción insulsa. Pero decido descolgar y mientras recoger la cocina, así al menos no volverán a llamar.
-¿Qué quiere? – Hace tiempo que decidí no ser simpática con esta gente.
-Siento interrumpirte la lectura, llamaré en otro momento – Y cuelgan
El miedo se apodera de mi, entonces recuerdo que no es una voz masculina sino femenina, y bastante improbable que sea una loca que me espía. Trato de pensar en alguna amiga dada a las bromas pesadas, o capaz de detectar que mi antipatía suele deberse a la interrupción de un buen momento. Número desconocido, por lo que probablemente sea una broma, pero entonces como sabía que estaba leyendo.
Necesito más pistas para resolver el enigma, pero antes de volver a mi rinconcito, me asomo a la ventana, no veo nada sospechoso, pero bajo las persianas. Vuelve a sonar el teléfono.
-¿Vas a acostarte tan temprano? –
-Dime quien eres, esto no tiene gracia – Intento mantener un tono calmado pero autoritario.
-Pregunta incorrecta, te aproximaste más la primera vez –
-¿Qué quieres de mi? –
-Pronto lo sabrás, no es necesario que responda a eso.
-¿Qué clase de broma absurda es esta?, si quiere algo dígalo, pero no tengo tiempo para jugar, buenas tardes. Y cuelgo.
Pienso en volver a asomarme a la ventana, pero entonces continuaría con su juego, pienso en llamar a la policía, pero realmente no me han amenazado, así que hago de tripas corazón y sigo leyendo.
Consigo volver a centrarme y relajarme, cuando suena el timbre de la puerta. En la mirilla no se ve nada, abro la puerta y me encuentro un perro genéticamente indefinible metido en una cesta con un hortera lazo rosa. Al agacharme a recogerlo veo una nota junto al perro, escrita a mano.
“Feliz cumpleaños, espero que este delicioso cachorro te aporte muy buenos momentos, y vuelvas a tener tiempo para jugar. Sofía”
Mi hermana, con la que hace años que no hablo desde que se mudó a vivir a Londres y perdimos el contacto. Y una de las mayores bromistas que conozco. Me hubiera gustado verla, pero no puedo llamarla porque perdí su teléfono y no me preocupé en volver a pedirlo.
Recojo el cachorro y me lame la mano, voy a buscarle un poco de leche a la cocina.
Creo que mi hermana tiene razón, ¿quiero cambiar de vida?, me quedo contemplando el perro castaño de apenas 10 cm de altura. Te llamaré Moisés.
Comentarios
Yo tambíén soy muy asustadiza, aunque no se me habría ocurrido abrir la puerta cuando llamaron.
Un abrazo compañera y a disfrutar de Moisés, si no es un perro virtual, claro.
Me gustó.
betob
Muchas gracias Betob y Suina.
Me gusta como escribes. Tienes un estilo muy lìmpido. La historia es simple pero con su dosis de tensiòn. Creo que leeré màs.
Has pensado en escribir un cuento de terror? Pensaba en Isak Dinesen.
Qué escritor te agrada?
Yo he puesto algunas cosas en la secciòn fantastica, es una literatura q me interesa particularmente, pero no se si sea ese el sitio adecuado.
Un saludo