El sonido del cañón al disparar dos veces lo devolvió a la realidad.
El tipo que estaba delante de él se desinflaba como si fuera un globo, retorciéndose hasta quedar inmóvil en el suelo. Hasta su olfato llegó el olor de la pólvora que se filtraba hasta llegar a su cerebro, que daba órdenes contradictorias. No supo qué hacer entonces. Miró hacia los raíles de la vía del tren que estaba abandonada, como aquella estación, herrumbrosa, podrida hasta la médula. Se preguntó si aún pasarían los trenes chirriando por aquellas vías oxidadas, haciendo un estruendo horrible. Tal vez los de mercancías pasaban todavía por allí.
Miró el charco de sangre que se extendía bajo sus pies. Lo único que recordaba era la expresión amenazante de aquel individuo, al que había disparado, al que miraba como si fuera un miserable gusano. No se reconoció, pero tampoco le importó demasiado. A fin de cuentas, había hecho lo que debía, y ya está. No había que pensar más que en cómo salir de aquella horrible pesadilla que lo tenía atrapado, como tantas otras veces. Solo que aquella vez, la frialdad de los sucesos estaba acometiendo contra él. Dudaba que al despertar fuera el mismo de siempre. Malditas pesadillas.
– Pero... ¿qué coño has hecho? – dijo una mujer a su lado, en la que no había reparado antes.
No sabía muy bien por qué, pero tenía la extraña certeza de que aquella mujer se llamaba María. No la había visto en su vida; no recordaba haberse cruzado con aquellas formas curvilíneas tan perfectamente envueltas en cuero marrón oscuro, ni con esos ojos verdosos y almendrados, ni con aquel cabello rojizo y ondulado que le caía por la espalda. La verdad es que le agradó bastante la presencia de María. Mera atracción sexual, se dijo. Pero lo jodido es que se acababa de cargar a un tipo y no sabía por qué. Sentía como una especie de angustia por acabar lo antes posible, que no le eximía de un cierto placer por haberse adueñado de un sueño que le permitía ser algo diferente a lo que era en su rutina diaria. No quiso despertar, aunque la tensión en el rostro de María era algo más que evidente.
– Te... te lo has cargado... ¡Y te quedas como si no hubiera pasado nada!
Mierda, se dijo. Otra voz de la conciencia martirizándome el sueño. La verdad es que si se hubiese quedado con la boquita cerrada hubiera ganado mucho más, pensó. Pero bueno, los sueños son así, y no queda más remedio que continuar con ellos.
– Era una amenaza – dijo casi mecánicamente.
– Lo sé, lo sé, perdóname... Es que me he puesto un poco nerviosa y... – contestó María temblando.
– Perdona, estoy un poco perdido... Acabo de entrar en la esfera onírica.
–¿De qué me estás hablando? – preguntó la inocente María.
Pasó por alto el descuido de la joven. Tal vez tuviera poca o nula experiencia en los sueños, así que la ignoró para que no se sintiera incómoda. A fin de cuentas, era mejor estar acompañado en esa clase de situaciones, porque no sabes lo que va a venir después. Por eso, cuando abrió la pesada puerta para entrar al interior de la estación no le importó demasiado que María le siguiese, como seguramente habría hecho durante el resto del sueño. Se preguntó si sería alguno de aquellos guaperas de movimientos casi mecánicos tipo Indiana Jones en sus mejores tiempos, o si solamente era un listillo agraciado que, con un poco de suerte, había evitado que una horrible criatura deforme, que parecía humano a primera vista de no ser por las horribles zarpas que habían brillado, desafiantes, ante su rostro, hubiera terminado descuartizándole. Puede que estuviera recordando parte del sueño o que, simplemente, su mente estuviera reinventándolo a modo de protección. Entrar en escena durante el transcurso de una acción tan tensa podía repercutir negativamente en el inconsciente. Pero ya no importaba. Tenía un revólver entre sus manos y quería saborear de nuevo el derramamiento de sangre. Tenía a una joven atemorizada que le seguía los pasos, como si no le quedara más remedio que confiar su suerte a él. Ese sueño le gustaba; disfrutaba con él, como si en realidad no fuera lo que en otras circunstancias hubiera descrito como una pesadilla, le animaba a seguir adelante.
– Hay que ir a por los demás – murmuró en un tono de voz que desconocía por completo.
- Tú no te vas a mover de aquí – saltó María ante su asombro.
Se había girado para ver que, entre ceja y ceja, el cañón con silenciador de la pistola de María se había posado para quedarse allí, inescrutable, ofensivo. La bella parecía haberse transformado, pasando de ser una inocente mujer guapa a un ser tiránico, que le producía pavor. No sabía si lo que peor le sentaba era que había perdido el control de la situación, o que si fuera María, una mujer cualquiera, la que le estaba apuntando con una sonrisa en los labios.
– Lo siento. Cambios de última hora en el guión – dijo María con una risotada estrepitosa que se elevó por los muros de la estación, estallando en ecos sucesivos que atormentaron sus oídos.
Quiso despertar, pero no pudo. Ya no era adrenalina lo que corría por sus venas, sino un sentimiento de auténtico pavor ante el cañón que lo miraba como riéndose de él. Sintió la humedad entre sus piernas, y deseó que tan solo fuera sudor. María rió de nuevo, echando la cabeza hacia atrás, divertida.
– Craso error, amigo mío. No deberías haber matado al humanoide. Venía a por mí, inútil – exclamó torciendo ligeramente el gesto de sus labios. – Pero debo agradecerte que me salvaras la vida. Sin embargo, las órdenes son las órdenes.
Acto seguido, el revólver de María se disparó con suavidad. El hombre se desplomó sobre el suelo, que fue tiñéndose de rojo ante la vista silenciosa de las paredes de la estación. María ya no estaba allí. María se había ido.
Aquel muchacho no volvió a despertar nunca más.
Comentarios
Pero me resulta algo complicado seguir la historia, es decir, no se si se trata de un sueño o de algo real o puede ser simplemente el delirio de un esquizofrénico por ejemplo
En definitiva me gusta mucho y no dudes que seguiré leyendote.
SALUDOS y nos leemos
PD: Gracias por tus comentarios en mis relatos
Tienes toda la razón del mundo. La historia en sí no está muy clara y debería haberle añadido un poco más de contexto. Lo plasmé tal y como lo había soñado y se me olvidó pensar que lo leerían personas más cuerdas que yo, jeje. Lo apunto para la próxima.
Un abrazo.
Mi enhorabuena y gracias por compartirlo