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La Aprendiz

lunaticalunatica Pedro Abad s.XII
editado diciembre 2009 en Narrativa
Señoría, los sucesos no ocurrieron tal y como los relata la señorita, no ha mentido, pero tampoco ha dicho toda la verdad.
Ella entró a trabajar en mi servicio en Enero. Guapa, divertida y trabajadora no tardó en llamarme la atención y traté de entablar amistad con ella, por el cariño y la dedicación que pone en cada nueva víctima no tardé en estar locamente enamorado de ella. Cada mañana observaba sus piernas, sus ojos me buscaban y soñaba con el momento en que terminase la jornada y poder llevármela a casa, saborear sus labios, su… me estoy perdiendo, perdón. Pero lo que sí quería señalar es que en la cama es pura pasión, me dijo que tomaba anticonceptivos, por lo que pronto dejamos de usar otras medidas de seguridad.
En Mayo empecé a encontrarme débil, y contraía casi todas las enfermedades infecciosas de mis pacientes, en la analítica observé una disminución de las defensas y tras varias pruebas infructuosas, decidí realizar la analítica de VIH que desgraciadamente para el resto de mi vida resultó ser positiva.
Aquella noche destrozado y hundido, le comuniqué a esta señorita que no podríamos seguir viéndonos, ni acostándonos juntos. Ella empezó a llorar y me exigió una explicación, decidí contarle el resultado de la desdicha. Ella me abrazó, me besó y me dijo que para ella no había más vida que yo, que si no podía estar conmigo también moriría y que quizá ya estaba infectada, pues no se sabía desde cuando yo estaba infectado. Al pensar que le podía haber transmitido la enfermedad mi mundo se hundió un poco más, pero ella en su abrazo, en su falta de rencor conseguía reconfortarme, deseé que nunca desapareciese de mi vida.
2 semanas después comprobamos que ella también padecía VIH, lloramos juntos la noticia, pero contábamos con el apoyo el uno del otro, y continuamos nuestra relación. Tomaba varias medicinas para hacer frente a la enfermedad, sin embargo cada pocos meses aparecía un nuevo problema que me debilitaba aun mas, en cambio ella permanecía lozana y sin contratiempos.
Nunca llegué a saber dónde contraje el VIH, ella nunca quería hablar de su vida anterior, y en mi mente apareció una duda que quería romperme el corazón. Empecé a buscar su posible historial médico por todos los hospitales del país, pero parecía que nunca había estado enferma, no tenía expediente en ningún hospital. Un día una llamada anónima me dijo que buscara por una tal Elisa Prieto en un clínica privada, no me dijo quien era, ni cómo sabía lo que yo buscaba. Tras un par de favores a colegas de la profesión, y cometiendo un acto ilegal, lo sé, posteriormente pueden juzgarme por ello, conseguí el historial, en el figuraba la infección por VIH desde hacía 5 años, y la extirpación de un lunar de la planta del pie izquierdo, recordé su cicatriz en este pie, no hay un rincón de su cuerpo que no haya recorrido.
No puedo explicar la ira, el dolor, lo que sentí en aquel momento, me volví loco. Fui a hablar con ella y le exigí una explicación. Llorando y abrazada a mis piernas, me imploró perdón, se había enamorado de mí, y sabía que si llegaba a conocer su situación nunca habría estado con ella, que vivía solo para mi, que sentía muchísimo lo que había hecho y que estaba completamente en mis manos para lo que quisiera hacer con ella. Cómo la amaba, cómo se puede llegar a amar tanto. La perdoné, si señores, la perdoné, de todas formas que podía hacer ya, ya no podría estar con otra mujer, estaba infectado. Pero conforme la enfermedad fue haciendo mella en mí cada vez fui mas torpe en la cama, hasta que prácticamente el sexo desapareció de nuestras vidas. Ella no decía nada, la enfermedad a ella no le afectaba, era una de esas pocas personas que a pesar de estar infectadas no desarrollan la enfermedad.
Un día, fui a buscar algunos medicamentos al almacén y la encontré hablando con un enfermero, casi rozándose, creí ver como se soltaban las manos. La agarré, le di un bofetón, y pregunté que qué narices hacía. Ella me miró roja de ira, y me aseguró que nada, que sólo tenía ojos para mí, que le estaba contando un terrible problema y ella sólo le consolaba.
Traté de hablar con el enfermero, pero no confiaba en mí. Sabía que si le contaba la verdad al enfermero la perdería, pero pesaba más en mí el que yo no fuera su única víctima, que hubiera más, que mi amor hacia ella. Finalmente me decidí, exigí sus servicios en mi unidad, me senté a solas con él, y le aseguré que parte de su cometido era escuchar la historia que tenía que contarle. Al finalizar los dos estábamos llorando. La historia del enfermero ya la ha escuchado señoría. Juntos decidimos poner fin a esta locura y denunciarla, y por eso es que nos encontramos hoy aquí.

Tras relatar mi historia busqué sus ojos, Dios sabe que a pesar de todo la seguía amando, esperaba cualquier expresión en su rostro, salvo la que encontré. Su cabeza sobre la mesa, su castaño y sedoso pelo cubría en parte la palidez de su inexpresivo rostro. Había aprovechado la atención depositada en mí para tomar un veneno mortal. Avisé a seguridad. Durante mi relato ella había escrito una nota:
“Perdonadme todo lo que os he hecho, yo os amaba, no sé amar de otra forma, necesitaba estar a vuestro lado y de otra forma habría sido imposible. Sin embargo no penséis que mi muerte pone fin a esta historia, yo sólo soy una aprendiz, el maestro sigue actuando”
Nadie comprendió esa última frase, nadie se fijó en la sonrisa del Juez.

Comentarios

  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado diciembre 2009
    ¡Muy intrigante! Como se suele decir, hay amores que matan.
    ¿Continúa?
  • lunaticalunatica Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2009
    Muchas gracias Shaianti, tal vez escriba una segunda parte, pero realmente acababa asi, quizá dejo los finales demasiado abiertos
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado diciembre 2009
    ¡Bravo por tu imaginación! :)
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