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La cacería

SaltrambasSaltrambas Anónimo s.XI
editado octubre 2009 en Humorística
Corría por las calles vacías entre el eco que levantaban sus propios pies al golpear los adoquines del suelo. Pequeñas gotas de sudor le perlaban la cara y se deslizaban lentamente por su rostro formando un húmedo sendero que delataba el cansancio del que era presa. Hacía frío, suficiente como para persuadir al resto de habitantes de que lo mejor era quedarse en casa, pero él no tenía tiempo para eso. Ni el frío ni el cansancio harían mella en su determinación.
Cuando por fin empezaba a plantearse seriamente que el agotamiento podría llegar a ganar el duelo, vio su objetivo, el final del camino. Era un edificio alto, imponente, lo suficientemente grande como para cumplir con su función. Del frente de la colosal estructura colgaban varios carteles rojos con letras blancas, todos anunciando lo mismo. Junto a la puerta de entrada se agolpaban decenas de personas que, como él, habían decidido ignorar el terrible frío propio de las fechas en pos de un objetivo superior. Hubiese preferido estar solo, pero la competencia lo convencía de que había hecho bien en ir.
Se acercó a sus contrincantes mientras intentaba recuperar el aliento. En su mayoría eran mujeres, pero varios hombres destacaban aquí y allá asomándose entre las cabezas femeninas. En todos los ojos podía ver la misma férrea voluntad que lo había conducido a él, ese brillo feroz en la mirada con el que expresaban claramente que sólo el más fuerte, el más rápido y el más hábil conseguiría salir de allí con lo que había ido a buscar.
Al otro lado de los cristales, protegidos en el interior del edificio, un par de guardias esperaban a que fuese la hora señalada para dar comienzo a la cacería. Miraban nerviosos de un lado a otro, temerosos de que el ímpetu arrollador de la multitud que se iba a liberar dentro de poco acabase con ellos en medio de una avalancha humana.
Ya faltaba poco, menos de cinco minutos. En el exterior los nervios empezaban hacerse notar entre acaloradas discusiones que, con una pequeña chispa, podrían convertirse en una explosión potencialmente peligrosa; todos lo sabían, pero había demasiado en juego como para ceder.
Aprovechando una momentánea distracción, el hombre se coló entre dos mujeres. Esos errores podían resultar fatales si había cerca alguien tan experimentado como él. Así, poco a poco, fue avanzando hasta quedar frente a las puertas de cristal que separaban el paraíso del resto del mundo. Su aliento formaba nubes que empañaban el cristal.
Dos minutos.
Una mujer a su derecha le pegó un codazo en un intento de desplazarlo, pero tras una mirada asesina volvió acobardada a su antigua posición.
Un minuto.
La mujer volvió a golpearlo, pero esta vez no pudo defenderse, pues la masa de gente que había a sus espaldas empujaba demasiado y lo aplastaba contra el vidrio. La presión le impedía respirar. Abría y cerraba la boca en busca de aire, como un pez al que han sacado del agua, pero era en vano. Veía todo nublado. El guardia que se acercaba era sólo una mancha oscura. Nunca había pensado que su vida acabaría así.
Sus piernas no podían sostenerlo ya cuando la puerta se abrió de golpe y la fuerza a la que había estado sometido y que casi le costó la vida lo lanzó a toda velocidad al interior del edificio. A trompicones consiguió llegar hasta la escalera mecánica mientras otros se abalanzaban detrás de él intentando adelantarlo.
Las rebajas habían comenzado.


No es gran cosa, pero lo vi en las noticas y me llamó mucho la atención

Comentarios

  • HolmesHolmes Anónimo s.XI
    editado octubre 2009
    Jejejeje, es bueno......un tanto predecible, ya que das detalles que son particulares de una tienda, sin embargo lo disfrasas muy bien....."tras una mirada asesina"......
    Interesante......

    Bendito entre las mujeres.......
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