Os paso mi último relato, ¡un abrazo foreros!
Luna de papel
Miguel Ángel Mendaro Johnson
No va a creer cuando le diga dónde estoy escribiendo esto. No obstante, lo intentaré:
Había nevado toda la mañana; llovió a mediodía y a las tres y doce minutos de la tarde, paró toda inclemencia y el sol salió. ¡Cómo atizaba! Terminó siendo una tarde de calor soporífero, rozando lo veraniego, y no cuadraba en absoluto con la mañana invernal que me hizo vestir como una cebolla.
Cualquiera que fuera la razón para tan extraño acontecimiento, el atardecer fue hermoso. Las estrellas fulguraban en un manto que iba desde el naranja, al azul y al violeta. La luna, era enorme, ¡nunca antes la vi tan grande! Yo, desde mi balcón, la miraba estupefacto, como si estuviera enamorada de ella (o él) y dije sin titubear: ¡Qué hermosa eres, joder! Y las estrellas tiritaron.
De pronto, floté.
Era, en cierto modo, como si me desinflara desde los pies hasta el pecho. Como si perdiera un peso que me había estado lastrando. Mientras buscaba el orificio donde había pinchado y por donde perdía aquello que me ataba a este mundo, cuando quise darme cuenta, los dedos de mis pies acariciaron la copa de un árbol. A pesar de lo excéntrico, me reía por las cosquillas y todos me miraban incrédulos desde sus ventanas, en la calle, desde los coches… Podríamos decir que era como el globo que pierde un niño. La suave brisa nocturna me llevaba a su antojo. La verdad es que estaba tan maravillado ante lo que me estaba sucediendo que no tuve tiempo para dar explicaciones a tantas bocas abiertas que me veían subir descontrolado, haciéndome cada vez más pequeño a sus ojos; cada vez más y más alto. Ya debía de ser tan pequeñito para ellos que, por si no volvía a bajar, grité:
— ¡Cuéntenle esto a algún periodista! ¡No sé, por si no vuelvo a bajar y me quedo volando para la eternidad!
No me respondieron, por lo que deduje que nadie me había escuchado debido a mi elevada altura ya. Allí arriba, el silencio era espectacular. Rascando mi cabeza, una nube me atravesó el cuerpo. ¡Qué sensación!
Ese confort, esa paz, se disipó cuando entendí aquella frase de:
<<Todo lo que sube, baja>>, Y:
<<Cuanto más alto subes, más dura será la caída>>. Entonces, grité horripilado: ― ¡Socooooorrooooooo! ― Pero nada, el silencio… ¡era espectacular!
Me dio por llorar tristeza. Entiéndalo, allí solo, a merced de las corrientes de viento… Aunque pronto, no supe cuál era la razón de mi llanto, de si mis lágrimas eran de jovialidad o de profunda congoja o una combinación ilustre de las dos. Embelesado ante la magia del lugar y el momento, pude tranquilizarme. ¿Cómo? Imagine un manto de luces bajo su cuerpo, una línea del horizonte que desdibuja la razón, la suave caricia del viento que le mece, las estrellas que le acarician con su luz, y la luna, que le susurra para que vaya hacia ella.
Ya estaba mucho mejor.
Un pájaro, digo yo que agotado por el viaje, encontró en mí una oportuna área de descanso. Ni se lo pensó, y tampoco creo que se diera cuenta de lo que yo era (un hombre flotando en el aire). Posado en mi brazo, le vi limpiar sus plumas y echar un vistazo hacia abajo. Y pronto levantó de nuevo el vuelo.
Me dio por pensar: ¿Podré yo guiar mi vuelo como él? Batí mis brazos como alas de pájaro, pero poco o nada ocurrió; no pareció surtir el efecto deseado. Instintivamente, braceé, como uno hace cuando nada. También, moví mis piernas como una rana y ¡Sí! Ya pude controlar mi vuelo. Era como nadar, igual de estiloso, tan simple como eso. No obstante, había una excepción: al pesar cada vez menos, no podía bajar. Lo explicaré con otra semejanza acuática: como quien tiene el trasero lleno de aire y no puede bucear hacia el fondo. Era lo mismo. Yo iba sin remedio hacia arriba y por mucho empeño que yo pusiera en bajar, lo único que sacaría de aquello sería cansancio y debía guardar fuerzas.
Despreocupado, nadé a
crol, a mariposa, de espalda…. entre nubes que hacían de agua y de espejo a la luz de las estrellas y la luna. Con un fuerte impulso, decidí que era el momento de poner mi nariz y después mi cuerpo, rumbo a la luna.
El hecho de ver a nuestro planeta con esta perspectiva (hermosísima) me hizo madurar muchas cosas, y una de ellas destacó sobre las demás: Qué pequeños somos y cuánto ruido nos gusta hacer. Uno puede pensarlo allí abajo, sin embargo, desde aquí, flotando en el espacio, es irrefutable.
En mi camino espacial, me he topado con unos astronautas. (Qué casualidad, ¿verdad? ¡No será por
espacio!) He hecho todo lo posible por pasar desapercibido y que no me vieran; no estaba de humor para hablar y menos aún, dar explicaciones sobre este peculiar trance en el que me encuentro, y pasé silbando, nadando a
crol, con más orgullo y distinción que nunca, con mi nariz rumbo a la luna, que me miraba sonriente. Antes de llegar a ella, me dijo que no me enfadara, puesto que fue ella la que me atrajo al querer darme las gracias en persona por el piropo que le lancé desde mi balcón.
— ¿De verdad has hecho eso? ― le pregunté a la Luna.
— Sí― me respondió.
— ¿Sabes a cuanta gente inspiras?
— ¿De verdad? ― preguntó ella, ruborizada.
— Sí― respondí ―. Como a mí.
Aterricé perfectamente en su grisácea y ceniza superficie. Rozando lo profesional. Y es inevitable confesar esto: lo primero que busqué fue la bandera norteamericana, pero no la encontré. Si bien, di con una mesa y una silla y una máquina de escribir. ¡No puede ser! Grité.
Los días pasaron y pasaron, y mi querida Luna y yo vimos infinitos amaneceres y atardeceres. A la Tierra izarse y ponerse sobre el horizonte. Era precioso, fantástico, prodigioso. Lo nuestro se había convertido en una historia de amor idílica. Ella me proporcionaba un lugar privilegiado y yo a ella mis palabras, mis historias, que salían y salían a borbotones. Y sirviéndome de la máquina de escribir, comencé a relatarle mis ideas, mis temores, las historias del planeta que ella mira cada día, y lloramos, y reímos todo ello mientras cada repiqueteo de la máquina tatuaba al papel… y luego, juntos, convertíamos esas historias en aviones de papel que lanzábamos a la Tierra (yo lanzaba, la luna soplaba) para que, cuando aterrizaran allí, lo leyeran aquellos que quisieran, y lo creyeran aquellos que pudieran. Créame cuando digo que echo de menos mi hogar, pero es eso precisamente lo que me inspira y me hace valorar.
Es posible que, cuando mire al cielo, pueda caer otro avión de papel como este (ya le anuncio un escuadrón entero). Y porqué no, si tiene un telescopio ultra-potente, le invito a que busque: encontrará al hombre más feliz (y desdichado a ratos) de toda la Luna.
Comentarios
He disfrutado ..leerte..
Ese dialogo entre la Luna y tu.., vaya que ha tenido buenos resultados..
"-¿Sabes a cuanta gente inspiras?
— ¿De verdad? ― preguntó ella, ruborizada.
— Sí― respondí ―. Como a mí."
¡La luna! Cuantos buenos ratos nos ha hecho y nos hará pasar...
A ver qué os parece, esto es lo que llevo hasta ahora.
http://goanimate.com/go/movie/0xQNj9UDtCKM/1
¿Demasiado cutre?
pero bueno, la verdad que muy bueno...
saludo!!
adeus
pero bueno, la verdad que muy bueno...
saludo!!
adeus
Saludos, sigue escribiendo asi!:)
Hola Zosesbnv, también te lo agradezco, y también te leo. Muchas gracias!!!!
¿Qué tendrá la luna qu enos hace sentir tanto y nos transporta a un estado mágico???
Gracias por escribir y compartirlo.
Qué envidia que me das (con eso de que soñaras que volabas) yo soy incapaz y es frustrante. Lo intento en sueños, bato mis brazos como alas, y sólo consigo alzarme unos centímetros del suelo... :mad:
En fin......
Bueno, este es el link:
http://www.scribd.com/full/19585159?access_key=key-1cabp5d45h4b8d0z1zwo
Voy a verlo otra vez....adiós.
Viajando hacia el viejo continente, obviamente en avión, me fue regalada la imagen más hermosa del mundo… después de superar el trance de la descompensación fisiológica y el miedo a que el avión termine en medio del océano, detrás del ala de este aparato se hace presente la señorita…
porque así como el sol es el astro Rey, la luna es mujer y es Reina o princesa (si te gusta mas)…
inmaculada inundando las nubes con su maravillosa luz, casi llena, casi exquisita… me acompaño durante todo el trayecto, fue suerte???...
No he viajado mucho en avión, pero fue un espectáculo de 8 horas aproximadamente, las nubes desde el cielo, parecía un mar embravecido, que por momentos se apaciguaba formando una bruma pasajera y al tiempo un abismo negro. Quedé estupefacta…
Tu viajero… se enamoro de la luna, de su impenetrable belleza, dejándose influenciar y quedando enamorado tal como el principito en su propio planeta… no es acaso solo la belleza femenina la única capaz de generar tal estado de estupefacción, la magia dada por la noche, la paz, el sexo (porque no?)
Como verás, tu cuento me atravesó el alma… y aquí me encuentro, mirando la luna, esperando que caiga un papelito del cielo para poder leerlo…
¡un abrazo Lilian!