Inútil repetir la sentencia de Borges de que él creía en la Summa Theologiae de Aquino como literatura fantástica. No tengo claro en la memoria si esta declaración la generalizó a los Evangelios y a la Biblia. No vamos a negar que de Borges se desprende cierto misticismo propio de las doctrinas idealistas a las cuales se adhirió desde temprana edad. Basta recordar que como paradigma filosófico tenía a Schopenhauer y era un infatigable adepto de Chesterton, un admirable escritor católico de cuentos policiales. (Por cierto El hombre que fue Jueves es una novela que supera, en mi opinión, a todas las de Conan Doyle).
De Borges rescato los últimos versos de su poema Ajedrez:
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza?
Ejemplariza, a la manera de las aporías de Zenón, una concatenación ad infinitum.
Borges rescata también un poema del siglo XVI que, por su sencillez y por ser anónimo, a pesar de que no tengo ni una pizca de creyente de dios, me gusta mucho, es éste:
No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido;
Muéveme ver tu cuerpo tan herido;
Muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
Que aunque no hubiera cielo yo te amara
Y aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
Pues aunque lo que espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.
Recuerdo que hace años, hace algunos, he de haber tenido en ese entonces unos 15 años, me prestaron un libro llamado “El diablo” de un escritor italiano, Giovanni Papini, libro que dictó a su nieta estando ya totalmente ciego. Desde aquellos días no ha vuelto a caer dicho libro en mis manos, y de verdad ansío darle una relectura ya que a esa edad y con mis pocos conocimientos de literatura me pareció un libro muy bien escrito. Mucho tiempo después me volví a topar con un libro del mismo autor: Gog, que he estado intentado leerlo, inútilmente, ya que lo he pospuesto por otras lecturas que he considerado más prioritarias. Papini fue partidario de Mussolini y acorde a las doctrinas fascistas propugnó una cultura conservadora que se deja sentir página a página, línea a línea. Aunque no tengo tan fresco en la memoria el libro al que aludo, “El diablo”, conservo las ideas generales, y una de ellas es la reivindicación del ángel caído. Papini la realiza a través de ciertos argumentos atractivos, inteligentes e innovadores pero desde su ortodoxia consecuente. Hay que valorizar al Diablo por lo que es y por el papel que representa frente a Dios. Esto no quiere decir que Papini adore al diablo o se declare adorador del diablo, sino más bien su objetivo es que sintiendo respeto por el diablo, elevemos nuestro acercamiento y amor a Dios. Propósito vano. No me convenció cuando tenía quince, menos ahora. Pero insisto, hay que tomar la literatura como es y aun sigo considerando el libro de Papini como ingenioso, innovador y de una alta calidad literaria. Así me repugnen las acciones de Papini como persona (no por su ortodoxia religiosa sino por adherirse a una causa tan inicua como el fascismo) debo reconocer su mérito como escritor.
Otro tratamiento del Diablo, lo encontré en una novela de Orhan Pamuk, Me llamo rojo, novela que tiene un atractivo supremo para una lectura envolvente tanto por la intriga detectivesca que mantiene la trama como por su forma que recuerda mucho (muchísimo) a la literatura de Faulkner, especialmente al Faulkner de Mientras agonizo.
Buena novela, en fin. Es el siglo XVI, los pintores e ilustradores empiezan a introducir la concepción figurativa del arte que ya está siendo propugnada en aquella época por los venecianos. El Corán prohíbe la representación de las personas en la pintura, así lo entienden los otomanos y los representantes de la religión, y por ende del poder, prohíben dicha floreciente manifestación del arte. Un grupo de ilustradores trabaja clandestinamente para realizarle una pintura al sultán, quien ansía, de esta forma, inmortalizarse. Uno de ellos es asesinado. De hecho la novela empieza con la voz del ilustrador asesinado exigiéndole al lector que encuentre al culpable de su muerte y que al hallarlo él (el muerto) le contará los secretos de la otra vida después de la muerte.
En el capítulo que se titula “Yo, el Diablo”, Pamuk realiza una disertación por parte de éste donde el diablo defiende su condición de pertenecer al universo y su dignidad al no haberse rebajado a adorar a una criatura inferior.
“Sí, Dios creó al hombre ante nuestros ojos, los de los ángeles. Luego, de repente, nos pidió que nos postráramos ante él. Y, tal y como está escrito en la azora de Los Lugares Elevados, mientras todos los demás ángeles se postraban, yo me negué. Le recordé que Adán había sido creado de barro y yo de fuego, una materia muy superior, como todos sabéis. No me postré ante el hombre. Y Dios me consideró «soberbio».”
“YO NO ME POSTRÉ ANTE EL HOMBRE. ¿Os parece adecuado que me ordenara «PÓSTRATE ANTE EL HOMBRE» después de haberme creado a mí de fuego y a él de un material mucho menos valioso?”
“Lo que hago es muy importante, porque si todos fueran al Paraíso nadie tendría miedo y los asuntos del mundo y el Estado no podrían seguir adelante basándose sólo en la virtud y además porque en este mundo el mal es tan necesario como el bien y el pecado lo es tanto como la piedad. Teniendo en cuenta que el orden de Dios se hace realidad gracias a mí y a Su permiso (¿por qué si no me habría concedido el vivir hasta el Día del Juicio?), el que se me tilde de malvado, el que nunca se me dé la razón, es mi dolor secreto.”
Un escritor igualmente contemporáneo, José Saramago, en su novela El Evangelio según Jesucristo, realiza una disección de la psicología de Dios con su típico escalpelo irónico y nos muestra a Dios hablando, en su presente, es decir en la época de Jesús, de lo que sería el futuro, entre otras cosas, la Inquisición, esa maquinaria de muerte que retrasó siglos el avance de los seres humanos.
Dentro de la novela también se establece la relación entre Dios y el Diablo.
He aquí un fragmento de uno de los capítulos finales, cuando el Diablo trata de convencer a Dios.
“No me aceptas, no me perdonas, No te acepto, no te perdono, te quiero como eres y, de ser posible, todavía peor de lo que eres ahora, Por qué, Porque este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres, un Bien que tuviese que existir sin ti sería inconcebible, hasta el punto de que ni yo puedo imaginarlo, en fin, que si tú acabas, yo acabo, para que yo sea el Bien, es necesario que tú sigas siendo el Mal, si el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios, la muerte de uno sería la muerte del otro, Es tu última palabra, La primera y la última, la primera, porque es la primera vez que la digo, la última porque no la repetiré. Pastor se encogió de hombros y habló con Jesús, Que no se diga que el Diablo no tentó un día a Dios.”
Dios, el Diablo (El Fausto de Goethe, es un ejemplo, El paraíso perdido de Milton otro), El infierno (la Divina Comedia de Dante), son constantes literarias que han preocupado las mentes más importantes de la historia de la literatura y sacado a flote las obras más relevantes. Propongo que compartan algunas lecturas de novelas, poemas o de ensayos donde estos asuntos sean temas centrales o periféricos. Tengo conocimiento de algunas novelas que tocan, igual, algunos de estos temas, pero no las aludo ya que no las he leído. Esperaré con ansias sus experiencias en obras literarias que traten sobre Dios y el Diablo.
Comentarios
En esta novelita se nos presenta a la junta directiva de los Infiernos como un conjunto de seres castigados (en pena, sin duda, a su maldad diabólica) por diversas y molestas enfermedades, y por parásitos corporales de varios tipos, en unos versos que dicen:
Satanás tiene muermo(1),
Lucifer, sarna
y el Diablo Cojuelo
tiene almorranas.
Almorranas y muermo,
sarna y ladillas.
Su mujer se las quita
con tenacillas.
(1) El muermo, aparte del actual significado coloquial de la palabra, es una zoonosis de etiología bacteriana.