Relato/crítica sobre la realidad misma
Pobres niños militares
Día 1
Chennai (India). Una aldea tranquila, pacífica y relajante lleva una vida monótona pero sin tristezas, acostumbrados a la pobreza que llevan desde el principio de sus días. Los pocos niños que no trabajan pasan sus días jugando con muñecos que ellos mismos hacen con el barro. Entre ellos se encuentran Amogh y Kavita,de 8 y 12 años respectivamente. Son una pareja de hermanos que malviven en una choza, pero siempre están juntos. Ambos tienen el lujo de no tener que trabajar gracias al gran esfuerzo de su padre.
A lo lejos se ve venir un jeep, algo nunca visto por la gente que habita en la aldea. El vehículo se para en la aldea y bajan dos hombres de dudosa confianza, con ropajes de distintos tonos de verde y en sus manos llevan armas. Obligan a gritos y amenazas a juntar a todos los aldeanos. Mientras se reagrupan, otros dos jeeps se acercan, y es entonces cuando los dos salvajes armados se llevan a rastras a todos los niños. Algunos lloran como si les arrancasen el alma, otros se abrazan a los padres; pero nada impedirá a los demonios enviados del infierno a llevárselos. Niños de 5, 6 y 7 años en su mayoría, los padres que se oponen acaban muertos. Le toca el turno a Amogh, cuando uno de los guerrilleros va a cogerlo, la madre se interpone y lo empuja. Como reacción, el hombre la coge del hombro con una mano, la acerca y con la otra mano la apuñala en el pecho, una y otra vez, hasta que al soltarla cae al suelo con los ojos totalmente abiertos. Kavita se arrodilla y zarandea a la madre llorando, suplicando que dijese algo. El padre de los hermanos da unos pasos atrás con los ojos cerrados, sabe que no hay opción. Los demonios llenan sus barcas de almas jóvenes y desaparecen de la aldea.
Los padres están conmocionados por lo ocurrido, a pasado tan deprisa… Todavía no se creen que se hayan llevado a sus descendientes.
Día 2
Los niños se despiertan confusos, ¿Dónde están? Parece una gran habitación rectangular, no hay absolutamente nada, han dormido en el frío suelo, y lo que no saben es que no va a ser la última vez, los mas afortunados serán los que ya no tengan que volver a esa estancia, porque esos no volverán a ningún lado.
Un hombre con la cabeza rapada y llena de cicatrices entra al búnker donde se encuentran los niños. El silencio se apodera de la situación, el guerrillero los separa por grupos y los saca de allí. Un a vez fuera les da un rifle a cada uno y les hace disparar a unos cerdos muertos que se ubican a unos 20 metros de distancia. La mayoría no pueden sostener el arma, otros se niegan a cogerla, esos que se niegan son llevados a una gran choza muy cerca de allí, ignorantes de su propia muerte.
Después de estar casi todo el día aguantando el peso del arma, son llevados otra vez al bunker, no les dan comida, ni siquiera agua, se la tienen que ganar.
Día 3
Ninguno ha dormido, la mayoría incluso tienen espasmos musculares. El mismo hombre de ayer entra y repite el mismo procedimiento. Una vez fuera los niños se preguntan dónde están los compañeros que se llevaron el día anterior. Amogh se acerca a uno de los guerrilleros y antes de que acabara la pregunta el adulto le tumba al suelo de un fuerte puñetazo en la cara, lo deja inconsciente de un solo golpe y le mueve a patadas mientras que otros monstruos como él se amontonan alrededor y se ríen a carcajadas.
Al despertar del brutal acontecimiento le obligan a levantarse y a coger un arma, sino lo hace lo llevarán a la choza. El cuerpo tembleque de Amogh se levanta muy lentamente, con los ojos hinchados no puede ver casi; pero debe coger el arma, o no volverá a levantarse nunca mas.
Al caer la noche vuelven todos al bunker excepto Kavita, que es llevada al lugar donde duermen los guerrilleros. En la madrugada, la puerta se abre se contempla una silueta, la puerta se cierra y todos la observan. La luz de la luna pasa a través de las pequeñas ventanas, iluminando mínimamente el búnker. Es la luz suficiente para reflejar a Kavita, con la ropa hecha trizas, la cara llena de moratones y heridas. Se podía ver bajando la vista un poco, una pequeña tira de sangre cayendo por las piernas, unas piernas que temblaban. Mientras los niños se levantaban para ir a verla, ella caía al suelo.
Día 4
Todos se despiertan menos Kabita. Amogh la zarandea igual que ella zarandeaba a su madre, ambos obtuvieron el mismo resultado. Los niños ya estaban esperando al hombre que les visita todas las mañanas para empezar fuerte el día. Al entrar se encuentra a Amogh llorando al lado de su hermana, es el único que no está en la fila. Todos son llevados afuera excepto Amogh, que recibe otra paliza. Al rato salen él y el guerrillero, el niño está empapado de sangre, tanto suya como de su hermana; pero en su rostro hay algo distinto, no expresa odio, no expresa tristeza, ni ira niangustia. No expresa nada.
El ejercicio de hoy será distinto que el de los días anteriores. Hoy no empuñarán ningún arma, el hombre de la cabeza rapada les ha dicho que tienen que golpearse entre ellos. Los niños se susurran entre ellos, hasta que uno de los guerrilleros saca una pistola y mata a uno de los pequeños, ellos no conocen otra forma de meter prisa. Amogh golpea a uno de sus amigos, después lo lanza al suelo y se pone encima, no deja de golpearlo, aun con sus nudillos llenos de heridas sus brazos no paran, el amigo no se mueve pero eso no le importa, todo ha dejado de tener sentido. Los adultos observan como empiezan todos a matarse entre ellos. Aquellos que al final del día siguen en pie volverán al bunker y serán recompensados con un poco de agua.
Día 30
Todos se despiertan antes de que entre el de siempre, salen y se ponen a disparar a la carne muerta, sujetando con firmeza sus rifles, miradas sin alma se reflejan en ellos. Visten como los adultos. Llega la tarde y los llevan a la aldea donde nacieron. Baja un guerrillero y pide a Amogh que baje, éste obedece sin rechistar y con una pistola. Los aldeanos vuelven a reagruparse, la mayoría están contentos porque creen que van a devolverles a sus hijos. El guerrillero se acerca a Amogh y se pone a su nivel, entonces le susurra que mate a su padre. Amogh se acerca a su padre y éste le abraza con fuerza, no quiere volver a perderle. El niño se aleja de sus brazos, le mira con un rostro sin expresividad y apunta a su cabeza. El padre no entiende nada ¿Por qué? ¿Por qué hace eso? ¿Por qué le apunta con un arma a su propio padre? Amogh dispara sin vacilación y el padre cae al suelo. Después la acción se repite con los otros niños.
Los guerrilleros se miran entre ellos con cara de satisfacción, están preparados.
Día 31
Pondicherry (India). Una aldea tranquila, pacífica y relajante lleva una vida monótona pero sin tristezas, acostumbrados a la pobreza que llevan desde el principio de sus días. Los pocos niños que no trabajan pasan sus días jugando con muñecos que ellos mismos hacen con el barro. A lo lejos se ve venir un jeep, algo nunca visto por la gente que habita en la aldea…
Comentarios
Situaciones semejantes se viven en países de América, Asia y África.
Mientras, el mundo observa, calla y avanza.
¿HACIA DONDE?
betob
¿Y si esto nos pasara aquí al lado? ¿Y si esta situación ocurriese en nuestro entorno? Entonces la gente que en un principio sentía indiferencia, cambiaría de ser. ¿Por que? ¿Por que somos así?