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Eterno

AzothAzoth Pedro Abad s.XII
editado agosto 2009 en Fantástica
Eterno cap1
Recuerdos


Buenos días amigos, mi nombre es Marcus Van Der Voul De La Vega y estoy cansado, desquiciado y asqueado de este mundo, tan complejo y hostil. Maldito por algo desconocido que impide concederme el sueño eterno. Estoy obligado a recorrer los caminos de mi soledad para siempre, mi historia no tiene fin ¿Por qué? ¿Por qué a mí?
Ni Dios ni el mismísimo diablo han conseguido llevarme con ellos, y la muerte pasa de largo cuando me saluda. Tantos años vagando en la oscuridad y no encuentro una explicación. En mi camino solo me he encontrado decepción y desamor. ¿Tampoco lo entendéis verdad? Dejad que os cuente mi historia…


Corría el siglo X. El pueblo donde vivía era acosado por su propio rey. Mi gente no podía pagar los altos e injustos impuestos que se nos otorgó. Dios mío, yo solo era un niño, ¡Un niño! Aquel día me es inolvidable, por mas que pasen los siglos.
Ese día vinieron los caballeros del rey a cobrar sus dichosos impuestos. Mi pueblo se rebeló y se negó a pagar:
-¡Es injusto! ¡Nuestro rey no hace nada por nosotros! ¡Solo nos pide dinero!
Dada la contestación de mi pueblo, los caballeros empezaron a matar a mi gente. Desde sus caballos hincaban sus espadas a mi pueblo. Mi madre me agarró de la mano y empezamos a huir, hasta que a ella le alcanzó una flecha en la espalda, Dios mío, lo recuerdo como si fuese ayer, que dolor, que angustia; pero no hay muerte para mí.
Yo corría y corría en medio del caos que presenciaba. Mis llantos y gritos de pena alertaron a uno de los caballeros, que se empezó a acercar con rapidez. ¿Es que tampoco tienen piedad con los niños?
Me tropecé con una piedra y caí al suelo, eso hizo errar al caballero con su espada, pero pronto se daría la vuelta para asestarme un espadado mortal. Yo intenté levantarme pero no podía, algo oscuro y pringoso me atrapó ¿Era un charco? Aún a día de hoy no lo se. No era agua ni barro, era bastante extraño, caí en algo difícil de explicar. Fuese lo que fuese, empezó con mi maldición, con mi desdicha. Esa cosa negra comenzó a subir por mis brazos y piernas, hasta engullirme por completo.
¿Dónde estoy? Fue como un sueño, de esos malos en el que tu corazón se acelera y obliga a despertarte. Me encontraba en la nada, flotando en un espacio vacío encontrado en la total oscuridad. No podía moverme ¿Qué hacer? No lo se, nunca lo supe y nunca lo sabré.
La respiración cada vez era mas costosa, la presión sobre mi cuerpo se cernía sobre mí con velocidad… Es como si fuese a estallar, no aguantaba esta oscuridad, estaba asustado, hasta que me desmayé.
Al tiempo desperté, y en un lugar familiar me encontré. Algo cambiado estaba, ¿cuanto tiempo ha pasado? Era mi pueblo, mi hogar, y estaba reduido a cenizas. No había nada mas, ni siquiera los cuerpos caídos de mi gente, solo cenizas…

En ese momento no caí, no sabía el sufrimiento que me esperaba, no comprendí en lo que me convertí… Pero pronto descubriría que era… el portador de la oscuridad.

Comentarios

  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado julio 2009
    Eterno cap2
    Soledad

    Recorrí los verdes campos de mi tierra durante algunos angustiosos e interminables años, pobre de mí, que no era consciente de lo que me esperaba en el futuro. Sin encontrar alimento alguno, el ente que recorría mis venas me proporcionaba la energía mínima necesaria para subsistir.
    Dada la adolescencia, me capturaron unos hombres del rey, el mismo rey que dio el visto bueno a la masacre de mi gente. Me tomaron por un salvaje y me dejaron en una especie de sala de torturas del interior de un castillo. Recuerdo bien esa sala. Cadáveres en estado de descomposición dentro de pequeñas jaulas que colgaban del techo, sangre seca impregnada en todo el suelo, utensilios de tortura colgados de la pared e incluso esparcidos por los rincones de la sala. Todo ello acompañado por un olor noseabundo. Apenas había luz, yo estaba exactamente en el centro, encadenado por las muñecas, rozando el suelo con las puntas de los dedos de los pies, pues me dejaron descalzo.
    En esos momentos no sabía con exactitud los niveles de dolor que iba a experimentar…

    Mi temor entró a la sala en forma de verdugo, acercándose a mí y rajándome la camisa. Estos malditos recuerdos… ¿Por qué no puedo quitármelos de la cabeza? Han pasado tantos siglos desde entonces…
    En el momento que aquél monstruo me dejará sin camisa, cerré los ojos, intentando de ese modo alejarme de la realidad. Noté un fuerte latigazo en mi espalda, escapándose inevitablemente de mi boca, un grito de dolor. Según se iban sucediendo los latigazos yo arrancaba a llorar queriendo ir con mis difuntos padres. Notaba como las gotas de sangre recorrían mi cuerpo hasta impactar contra el ya sucio suelo, juntándose con el líquido rojo de otros sufridos que ya pasaron por esa estancia.
    Cada vez que me acuerdo de esa escena, vuelve a mí la impotencia.
    Para mí las horas no pasaban, solo emitía gritos y mas gritos… mi llanto enorgullecía al verdugo, no pude evitar darle esa satisfacción. Quería morirme, pedía a Dios con mi llanto que me llevase con él, pero no me escuchó, estaba solo.
    Una vez terminó de darme latigazos, creí que terminaría mi pesadilla, cuan equivocado estaba… Me arrojaron a una celda oscura y mugrienta donde mis únicos compañeros eran las ratas. En esa celda, donde la luz no tenía cabida, pasé el resto de mi adolescencia.
    Perdí la noción del tiempo, innumerables partes de mi cuerpo quedaban entumecidas e incluso llegué a delirar. El tiempo que pasaba allí dentro lo gastaba en recordar quién era, pues me dejé algo de mi cordura…. Mi cabeza se llenaba de pensamientos ilógicos que no llegaban a ningún lugar. En repetidas ocasiones se podía distinguir los alaridos de dolor y los numerosos lamentos escalofriantes de otras víctimas que se encontraban en la sala de torturas. Esas personas seguramente nunca sobrevivieron al dolor, tenían mas suerte que yo.
    Solo me sacaban de la celda para seguir torturándome, y cada vez que salía veían como no quedaba ni una sola señal en mi espalda. Según pasaban los años, mis castigadores observaban con impresión que dejé de envejecer, estando siempre en un estado de juventud de forma inexplicable, yo me asombraba más que ellos.

    Cierto día, cuando abrieron mi celda para empezar con la rutina de siempre, la luz me cegó como de costumbre y mi verdugo me agarró de mi ya esquelético brazo y de un tirón no solo me sacó del pequeño habitáculo, sino que me tiró al suelo. Entonces yo me levanté y le dije:
    -ya basta.
    El verdugo, se echó a reír, burlándose y compadeciéndose de mí. Yo, intentando no volver a flaquear, me puse firme, sin decir nada más y sin moverme, estaba harto, cansado de mi sufrimiento, empachado del dolor que sentí esos años, lo que sentía en mi interior no se puede explicar con palabras. Justo cuando el verdugo iba a dar un paso hacia a mí, la sombra que yo producía por el único rayo de luz que entraba en la estancia empezó a moverse por voluntad propia. El verdugo reculó, pero eso no bastó, mi propia sombra le atrapó, impidiendo su movimiento, era espeluznante hasta para mí.
    No sabía que estaba ocurriendo con exactitud, aunque tampoco me paré mucho a pensar, simplemente aproveché la oportunidad y agarré una oxidada y larga espada que colgaba de la pared. Según me acercaba al verdugo, él me gritaba que no le hiciese nada…
    Es curioso fijarse en el comportamiento de las personas, algunos no son lo que aparentan ser. Mientras el verdugo abría su apestosa boca para chillar, yo le introducía la espada por el mismo orificio, muy lentamente. Se apreciaban los gargajos del verdugo, la sangre se escapaba por todos los agujeros de su cabeza, sus ojos estaban a punto de salir de su órbita, la verdad es que su cara daba bastante impresión.
    Finalmente le metí la espada entera y dejé su cuerpo en mi celda.

    Aún estaba lejos de comprender lo que ocurrió, aún tardaría en descubrir por qué mi sombra se movió por su propia voluntad.
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado julio 2009
    Eterno cap3
    Sentimientos

    Mi estancia en aquellos calabozos terminó con la invasión de un hombre al que llamaban Erik el Rojo, liberando a todos los presos.

    Años pasaron desde entonces hasta que encontrara mi primer amor, años que apenas perduran en mi mente, que casi quedaron en el olvido.
    Cierto día, en un reino que no consigo recordar, me encontré en unos campos de amapolas a una bella dama. Cuando la vi por primera vez no sabía que era exactamente lo que me enamoró de ella, si su largo y dorado cabello rizado, sus labios carnosos expresándome lujuria, o sus ojos azul celeste, con una mirada que penetraba directamente en mi corazón. Me acerqué a ella muy despacio mientras me decía con la mirada que no tuviese miedo. Tal fue nuestra conexión que nuestros labios intercambiaron sentimientos sin decirnos absolutamente nada. Lo noté, el viento acariciando nuestros cuerpos aquella tarde de verano.

    Ese fortuito encuentro no fue mas que el principio de una mágica relación. Nos veíamos casi todos los días, siempre a escondidas, me ocultaba algo aunque eso a mi no me importase, por fin era feliz, por fin tenía un motivo para vivir.
    Pasaron dos años, los dos años mas cortos de mi vida, y para celebrarlo quedé con mi amor en el campo de amapolas donde nos conocimos. Allí hablamos hasta el anochecer, acostados entre las amapolas.

    -Llevamos ya mucho tiempo juntos, Marcus… y siempre me has ocultado tu pasado.
    -Lo siento Charlotte.-Si, ese era el nombre de mi amada.- Mi pasado es tan turbio que me da escalofríos de solo recordarlo, solo quiero hundirlos, ahogarlos en lo mas profundo de mi ser.
    -¿Por qué, mi amor? ¿Por qué no quieres contármelo?
    -No me malinterpretes, no quiero que piensas mal de mí; pero no quiero desenterrar a los fantasmas de mi pasado. Quiero olvidar, quiero vivir el presente contigo.

    O mi amada, mi tesoro, mi reina, mi diosa, mi musa. Recuerdo mejor que nada esos momentos, en los que no temía nada, en los que solo existíamos los dos…

    Sin duda alguna, mi vida estaba en su pleno apogeo, algo que no tardaría en desaparecer. Días después de aquella maravillosa noche en el campo de amapolas, Charlotte dejó de aparecer, mi preocupación me hizo buscarla por todo el reino. Semanas de búsqueda intensa sin resultado, yo seguía insistiendo, no me rendiría tan fácilmente; pero claro, era tan joven en esos tiempos, aún tenía eso que los mortales llaman “fe”. En mitad de mi búsqueda, me enteré que en el pueblo cercano al castillo del rey estaban de festejo, mi curiosidad me llevó hasta allí, y para mi desgracia y sorpresa, el festejo era por la unión de la princesa con un presunto pretendiente. La princesa era Charlotte. En ese preciso momento me di cuenta de lo engañado que estaba, pensando que había encontrado la felicidad.
    Acto seguido me dirigí al castillo, pero no me dejaban pasar. Armé tal alboroto que los guardias me llevaron preso hasta la mismísima sala del rey. En dicha sala estaba ella, tan hermosa como siempre, su padre, el supuesto pretendiente y la guardia personal de la realeza.
    No sabía con exactitud lo que se me avecinaba, pronto descubriría otro apartado mas de mi maldición.
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado julio 2009
    Eterno cap4
    Lágrimas

    Otra vez un rey iba a interponerse en mi camino.
    Los guardias me sujetaban con fuerza, como si me quisieran arrancar los brazos. Todos los presentes me miraban con cara de superioridad, excepto Charlotte.
    -¡¡Charlotte!! ¡¡Amor!! ¡¡Dime que no es cierto!!-Intenté engañarme a mi mismo.
    Charlotte bajó su mirada, esa acción la interpreté bastante bien, ninguno de los dos podía hacer nada, ella estaba ligada a su destino.
    -Vaya, vaya, vaya.-Intervino su pretendiente, con una voz burlona, infravalorándome por cada palabra que emitía.- ¿Es acaso el nuevo bufón, mi señor?-Entonces se acercó a mí y me dio un bofetón en la cara.-Eres repugnante, ¿cómo te atreves a mencionar el nombre de la princesa? Alguien como tu nunca podría acabar con alguien como ella, maldito plebeyo… no, eres mas despreciable que un plebeyo, no mereces ser llamado así, quizá un calabozo hasta el día de tu muerte es lo que necesitas.
    -¡Ya basta!-Interrumpió el rey.- Joven, ¿acaso no sabes lo que haces? No puedes molestar de tal forma a la familia real… ¡A tu rey!
    -Tú… no eres mi rey.-Acto seguido, el pretendiente de Charlotte me propinó un puñetazo en el estómago, algo que me dejó sin respiración durante unos intensos segundos.
    -¡Por favor, Wallid, para!-Ahora es ella quien detiene la agresión de ese bastardo.
    -Vamos, mi amada.-Le contesta Wallid, maldito desgraciado, al final todos tenemos lo que nos merecemos, pero eso él no lo sabía.- ¿Acaso no lo ves? No hay futuro con este… salvaje, por así decirlo.-Cada palabra que sale de él me duele cuando rebota en mi oído.- Querida, conmigo podrás tener un reino, un porvenir. Juntos seremos los señores de nuestras propias tierras.
    -…- Charlotte se quedó muda, no tenía nada que decir para defenderse, no tenía opción… pobre Charlotte.
    -Hija, ¿Es que acaso estás enamorada de este plebeyo?-Le preguntó el rey.
    -… ¿Y que si lo estoy? ¿Por qué me obligas a casarme con Wallid? ¡No le quiero! ¡Es despreciable!
    -¡Como te atreves!-Wallid se acercó deprisa hacia Charlotte y le reventó la nariz de una fuerte bofetada, dejándola arrodillada en el suelo, provocando su llanto, un llanto triste y desesperanzador.

    El rey no intervino para nada, por lo que se ve, le convenía el emparejamiento de su hija con el desgraciado de Wallid.
    -¡¡¡¡Bastardo!!!!-Le grité con todas mis fuerzas.
    -¿Perdón?-Wallid se gira muy lentamente, dirigiéndome una mirada perturbadora.- ¿Cómo has dicho?
    -Bas…tar…do.-Le repetí.
    -Matadlo.-Ordenó Wallid…y el rey mirando sin hacer nada…- Ahora morirás patéticamente mientras yo me llevo a la princesa a su cuarto, a satisfacerla… adiós.-Empieza a agarrar a Charlotte, que se encuentra bastante conmovida por la situación, no puede moverse por su propia voluntad.

    La guardia real se acerca con sus lanzas, inclinándolas hacia a mí, clavándome sus afiladas puntas en mi estómago…
    -Aaaaggghhhh…-Nada mas podía pronunciar, mi patético grito se mezclaba con la sangre que se desplazaba por mis labios.
    El dolor… volví a sentir el dolor del pasado… Me arrodillé y deposité mis manos sobre el suelo, intentando desesperadamente no caer del todo, a la vez que la sangre ensuciaba gran parte del suelo.
    -Eres patético.-Seguía fastidiándome Wallid mientras llevaba a rastras a mi amor.
    El dolor, el gran dolor que sufría por las heridas… cesó.

    -¿Qué demonios…?-Se sorprendió uno de los guardias…
    -¿Qué es esto…?- Otro guardia sorprendido…
    El rey se levantó y se quedó boquiabierto, no se creía lo que sus grandes ojos contemplaban. Wallid se detuvo ante la expectación de toda la sala y se giró… para contemplarme…
    La sangre que derramé, toda esa sangre… estaba volviendo a mí. ¡Ahora sí! Justo en ese instante descubrí que era inmortal, que el ente que llevaba en lo mas profundo de mi ser me impedía morir, no me dejaría fallecer, no me concedería el sueño eterno. ¿Pero por qué? Otra incógnita más que desvelaría mas adelante.
    Tan rápido como me levanté, los guardias volvieron a darme muerte, ilusos. Sus lanzas me atravesaron una segunda vez, tal fue la rabia que coseché, que de mi herida salió una especie de mancha negra que atrapó las lanzas de mis enemigos y las engullía, hasta llegar a ellos, atrapándoles y metiéndose por todos sus orificios, asfixiándoles.
    Sentía como la adrenalina se apoderaba de mí, junto con mi maldición. La cabeza iba a estallarme hasta el punto de tener que arrodillarme y llevarme las manos a la cabeza, gritando de dolor. De vez en cuando podía abrir durante un breve periodo de tiempo los ojos, pero al hacerlo la oscuridad me los volvía a tapar, la oscuridad que emana de mi interior. “¿Es que acaso no quieres que vea lo que está ocurriendo?” Me decía a mí mismo.
    Oía los gritos de los guardias y del rey.
    -¡¡¡Eres un monstruo!!!¿Qué está ocurriendo? ¡Aaaaaaaahhh!-Esa era la voz de Wallid.
    Entonces me desmayé al no poder aguantar el terrible dolor de mi cabeza.

    Cuando desperté, me fijé que todos estaban muertos. Todos los guardias, el rey, incluso el cobarde de Wallid. Oh, que terribles recuerdos, por mucho que pase el tiempo, estas imágenes nunca me las quitaré de la cabeza. Allí estaba mi amada, tumbada en el suelo… Corrí hacia ella, me agaché y la cogí con fuerza. No se movía, no daba signos de vida.

    -¡Despierta!-Decía mientras la zarandeaba.-¡Despierta!-Y no se inmutaba.- ¡¿He sido yo?! ¡¿Yo te he hecho esto?!... ¡Noooo! ¡No es posible! ¡Yo te quiero! ¡Jamás te haría daño! ¡Eres mi vida! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no despiertas?!

    El hermoso rostro de Charlotte… tan bella como siempre… no volvería a verla nunca mas, yo la maté.
    Cerré sus hermosos y penetrantes ojos, y me quedé en aquella sala llena de cadáveres, llorando por los dos, llorando por un amor perdido.
  • AzothAzoth Pedro Abad s.XII
    editado agosto 2009
    Eterno Cap5
    Reflexión


    ¿De verdad tenemos algo que se llame alma? Si es así, yo la perdí hace ya mucho tiempo. Solo soy un cuerpo vacío que vaga por el mundo sin ninguna dirección. Este planeta solo me ha enseñado dolor, aquellos lugares por los que mi ser a pasado, solo he recogido ira y desprecio, consiguiendo solo tristeza y desesperación. El hombre me ha mostrado su verdadero rostro, un rostro que expresa muerte y guerra.
    ¿Acaso una especie así merece vivir? Los largos siglos que he pasado observando el crecimiento del mundo, me he dado cuenta que el ser humano se está destruyendo a sí mismo, ¿y quién podría poner fin a esto? Sinceramente hablando, puede que en antaño me importara el futuro de este planeta, pero a día de hoy me es indiferente. Mucho tiempo llevo viviendo y la vida me ha enseñado que la felicidad solo se encuentra en sueños.

    Después de matar inconcientemente al amor de mi vida y llorar su pérdida, me encaminé al exterior. La noticia de aquel acontecimiento se extendió rápidamente y la gente del lugar empezó a despreciarme. En las aldeas me lanzaban todo tipo de cosas, piedras, verduras… todo lo que estaba al alcance de sus prejuzgadas manos. Me insultaban y abucheaban, “monstruo” me llamaban.
    Condenado a vivir en la mas remota oscuridad, me vi obligado a abandonar el reino.
    Largas temporadas viví en solitario, recorriendo bosques, selvas, desiertos y montañas. Toda una cruzada en busca de mi destino, reflexionando sobre mi vida y sin buscar una lógica sobre mi maldición.
    En aquellos años llenos de pensamientos vacíos, aprendí diversos idiomas y llegué a visitar extraños y a la vez hermosos paisajes, permitiéndome saber que no todo lo que existe debe ser engendrado por el hombre. Esos lugares inspiraban tranquilidad, y no podía permitirme quedarme en ninguno, necesitaba ver más, explorar más espacios lejos de la corrupción del ser humano.
    Mi camino acabó al encontrar una mansión en mitad de un campo. La construcción de aquel edificio era distinto a lo que tenía acostumbrado ver, quizá perdí la noción del tiempo en mi particular cruzada, posiblemente el mundo evolucionó. A lo mejor pasé demasiados años caminando sin rumbo fijo.
    Al acercarme, un hombre salió a recibirme.
    -Hola forastero ¿Qué se le ofrece en este lugar?-Entendía perfectamente su lengua germánica.
    -Solo necesito reposar.

    El hombre me introdujo al interior de la mansión, me ofreció sentarme en una de las sillas de la cocina, y después de darme un vaso de agua, se sentó justo enfrente de mí, para conversar.
    -No parece de aquí ¿de dónde proviene?-No podía contestarle adecuadamente, no me creería.
    -Soy de muchos lugares, no vengo de ninguno en concreto.
    -Debería tener cuidado, haría bien en saber que este lugar es peligroso.
    -¿Por qué?-Le pregunté con algo de curiosidad.
    -Los ingleses intentan invadirnos, no es seguro ir andando por ahí en solitario.
    -¿Ingleses dice?-Lancé otra pregunta.
    -Si, ingleses. ¿Le interesaría formar parte de la resistencia? A mí particularmente hablando, no me interesa meterme en la guerra, soy demasiado pacífico, pero si le interesa caballero, hay un hombre que ha incrementado su fama lo suficiente como para ser mencionado… William Wallace. Podría unirse a él si le preocupa la intrusión de los ingleses.
    -No.-Le contesté.-No tengo interés en entrometerme en asuntos que no me conciernen en absoluto.
    -¿No?-Sonó una voz ajena a la conversación.
    -¿Quién ha hablado?-Salté de inmediato.
    -Aquí solo estamos usted y yo, nadie ha dicho nada.-Me decía el hombre de la mansión.
    -¿Por qué no te interesan las guerras?-Volví a oír la misma voz.
    -¿Quién ha preguntado?-Dije a la vez que me levanté mosqueado.
    -Calma buen hombre, calma, nadie ha preguntado nada.-Intentó calmarme otra vez el señor de la mansión.-¿Por qué no se queda esta noche aquí? Mañana se encontrará mejor.
    Acepté la generosa oferta.

    En esos momentos no sabía si me estaba volviendo loco, pero esa extraña voz y yo nos volveríamos a encontrar…
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