La belleza, concreta manifestación de la vida, fenómeno que es próximo a desaparecer, tendencia suicida por parte del cáncer que la tierra está destinada a soportar hasta su desaparición.
Cualquier manifestación de belleza, por mínima que ésta sea, sólo puede tener origen del lado de la naturaleza. El hombre ya no es capaz de demostrar sentimientos de misericordia ó bondad, ya que se encuentra en pleno proceso involutivo, próximo a su extinción.
Sin embargo, hay creaciones humanas, que pueden demostrar cuán grande es el hombre en realidad, tales como la edificación más alta, el imperio más poderoso, el ejército más numeroso, el gobierno más incorruptible, los versos más hermosos, la pintura más realista, la sinfonía más armoniosa, entre muchos otros avances dentro de las diversas disciplinas que el hombre practica.
Pero, de todas las invenciones humanas, ¿cuál es la verdaderamente más grandiosa? De entre todas las demás, cuál es la que destaca? A mi juicio, el Magnus Opus de la humanidad, la cúspide de la genialidad que el hombre alguna vez pudiese concebir, obra en la cual el hombre y sus dioses armonizan para dar paso a la invención más sublime, y a la vez más grandiosa, cual otra sería si no la 9na sinfonía de Beethoven, aunque producto de un intelecto individual, por mucho, con su grandeza supera a cualquier imperio, edificio ó ejército invencible. Los setenta minutos durante los cuales el hombre ha estado más cerca de tocar a sus dioses, junto con todos sus ángeles. Por ende, tal vez haya dejado a interpretación que, la música, es el logro más grandioso del hombre, pues bien no es esa mi intención, ya que la Oda a la Alegría difiere de todas las demás clases de música, difiere incluso, de toda otra creación de las ciencias y del ingenio.
Tal manifestación de belleza, infinita hermosura y sutileza son incomparables con cualquier otro fruto de la mente humana. Tal vez, su sola creación no pueda ser atribuida al ingenio del hombre, tal vez, su creador, Ludwig Van Beethoven, haya sido poseso por algún ente superior, al concebír dicha obra.
No es posible confirmar lo último, pero sí estoy seguro de mi juicio emitido, sin duda alguna, clasifico a La Oda a la Alegría como el más grandioso logro de la humanidad.
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