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La isla de Tabarca

rocinanterocinante Garcilaso de la Vega XVI
editado enero 2009 en Literatura


Este fin de semana, me he acercado a esta pequeña isla del litoral Valenciano Cuando en mi pasado viaje de este Invierno, la visité, y el trabajo que me costo encontrar un barco que me llevara hasta ella.


La especie de Ferrys que hace la travesía cada treinta minutos, desde la costa de Alicante hasta la isla, solo operan en Verano. A falta de estos, por entonces, me acercó hasta allí, un barco pesquero, que cada semana les lleva comida a las cuatro o cinco familias que viven en aquellas rocas todo el año.


Esta vez fué diferente, el pueblo costero de Santa Pola desde donde se inicia la corta travesía, estaba pleno de vida y movimiento. El puerto lleno de gentes que paseaba y que embarcaba, además de otras que descendía de los numerosos barcos de paseo. Alegría y risas de los más jóvenes en el ambiente, y admiración por el esplendido Mar que nos esperaba.
La travesía en los asientos de cubierta fue algo movida, Hacia un poco de "marejadilla" y el pequeño yate, se movía más de lo que hubiéramos querido. No era para marearse, porque la intensidad del espectáculo que surgía a nuestro alrededor, con el agua espumosa saltando casi hasta la cubierta, las gaviotas al acecho de su imprevisible comida, y la línea de la costa alejándose en la distancia, nos distraía de cualquier malestar.


Pronto, después de unos veinte minutos de continuos balanceos, divisamos el pequeño islote que se fue agrandando por momentos. El atraque al pequeño puerto fue rápido, pero lo suficientemente expresivo para poder observar la limpieza de aquella aguas y su riqueza de Fauna y Flora marina. No en vano todo aquello es una reserva piscícola y allí solo se permite la enseñanza del submarinismo, cuyas escuelas de tierra firme, van allí a hacer sus prácticas.


La isla es mayoritariamente rocosa y sus playas no tienen arena, si no infinidad de pequeñas piedras redondas. Está dividida en dos partes, la más agreste, aparece cubierta en su totalidad de paneles solares que le dan energía eléctrica al Faro, y a los múltiples servicios domésticos de los pocos edificios que la ocupan. La parte habitada se compone de un pequeño hotel de dos plantas de altura, una iglesia que esta tocando al mar y que de no remediarse pronto, este se la comerá algún día, cuatro hileras de casas de una planta habitada por pescadores y que en Verano se convierten en bares y tiendas de recuerdos, y una amplia plaza sin jardines y que siempre está solitaria.


La gente va y viene, y en sus `paseos matinales va encargando paellas en los "chiringuitos", compra recuerdos en las dos únicas tiendas, visitan la iglesia, se acercan a la playa, y se toman el aperitivo en el bar que esta debajo del hotel y que da a la playa de piedras. Todo es tan pequeño, tranquilo, silencioso que parece que el tiempo se ha detenido allí, pues te encuentras con la misma gente que has visto un poco antes antes y vuelves a pasar por el mismo sitio de antes, de forma que todo siempre gira sobre si mismo, por lo que el tiempo se queda allí quieto, como retenido. En la plaza hace un Sol que calienta demasiado para la fecha que estamos, y en el paseo que está y recorre por sobre las murallas que rodean la isla, se disfruta de la brisa y los olores de un mar de azul intenso, libre y travieso y que se desboca ante la vista toda su propia inmensidad.


La paz se interrumpe y se transforma en simple gula, ante la suculenta paella que me presentan y a la que acometo con ganas y doy buena cuenta de ella, a los postres y después del café, apetece de nuevo la fresca brisa salvaje de fuera. De nuevo sentado en la plaza, ahora sin tanto calor, se esta en la gloria, y un cartel descolorido por el Sol, de "se vende" de una casa cercana, me anima a quedarme allí para siempre.Pero el tiempo siempre se impone, y al final siempre gana, y la hora del regreso nos llama a todos lo que hemos invadido por unas horas ese trozo de tierra. En la cola para embarcar de regreso, charlo con el único Guardia Civil que vigila todo aquello, y por el me entero de muchas anécdotas de la isla y sus habitantes. Dignas de una novela.


Cortan y se remueven de pronto las hélices bajo las oscuras y nerviosas aguas del cercano rompiente y poco a poco la isla se va quedando pequeña en la distancia. La fina línea de tierra grande en la lejanía, no me quita la idea de venir a terminar mis días a un sitio como este.


Rocinante 11/05/2003

Comentarios

  • grblascogrblasco Anónimo s.XI
    editado julio 2008
    Hola rocinante, si lees este mensaje me harías un gran favor poniéndote en contacto conmigo. Estoy documentándome sobre Tabarca y me interesan mucho las anécdotas que mencionas sobre la isla. Mi correo electrónico es [email protected].

    Muchas gracias y un saludo!
  • TitánideTitánide Pedro Abad s.XII
    editado enero 2009
    :) Se me han puesto los pelos de punta al leer tu post, rocinante. Yo soy de por allí, y siempre he adorado ir de excursión a Tabarca. Ahora llevo un tiempo lejos de casa y casi no recordaba lo que era aquéllo... El paseo por el pueblo, siempre de un color camel que a mí me parecía dorado, y luego tirarme al agua desde una cala, para meterme en las cuevas y nadar de nuevo hasta la playa. Y la paella, por supuesto, con el caldero después.

    Qué encanto tenían esos días. Gracias por traerlos de nuevo a mí.
  • ManuManu Anónimo s.XI
    editado enero 2009
    Por la noche sin luz, y subir al foro, buscar el agua a la única fuente que había, las cabinas de teléfonos y la lancha del panadero que nos traia algunas mañanas pan calentito...¡Qué recuerdos aquellos! La vaquilla suelta por la isla y mi amiga Hada, la hija del fotografo que te hacía siempre una fotografía cuando bajabas del barco. El Kontiki I o el " después...paro, hace ya mucho de aquello, aunque aun tengo allí mi casita.:)
  • rocinanterocinante Garcilaso de la Vega XVI
    editado enero 2009
    Manu, me alegra enormemente tu mensaje porque hace tiempo que desde el progranma vía satélite de Google HEART desde arriba se ve muy cambiada la isla, pues se divisan allá abajo, grandes barracones ocupando la parte que estaba deshabitada y han desparecido el pequeño hotel, los chiringuitos y alguna cosa más.

    Me preocupa estos cambios, y no se sin son reales y la distancia engaña porque hace años que no voy por allí, y si te pudieras informarte de todo esto y lo dijeras qui te lo agradecería porque ese rincon para mi es formidable por su belleza.

    Espero tus noticias.

    Rocinante
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