Off: por ahora mi personaje sólo sigue lo que dicen... no estoy con mucho humor para escribir, así que sólo "asuman" que mi personaje sigue sus órdenes... u.u
Al
- Kirara... *estaba lejos de ese lugar. Apenas notaba lo que los demás hacían, o decían* lo mejor será rescatar a los aldeanos después, ahora tu hermano me preocupa más...*me dí cuenta de lo egoísta de mi frese* perdón... a lo que me refiero es... ir con el hechicero no es algo que quiera, pero tal vez sea algo que tú debas hacer... me encargaré de los aldeanos junto a quién desee hacerlo... *la miré apenas. Mi cabeza jugaba en la Luna*
Lo miré por un segundo. Algo de razón tenía. Lo mejor era que yo fuese a ver al hechicero. Por más que tenía muchos deseos de salvar a los aldeanos, tenía que rescatar a mi hermano.
- Miauu, tenés razón Al... pero no puedo ir sola... *se acerca a Elrad, que estaba un poco alejado del grupo, hablando con Dreinn, aún tenía esa cara que le inspiraba desprecio y desagrado a Kirara* ...venis, miauu?
-No me temas. Soy tu amigo, y por eso quiero lo mejor para tí. Supongo que sabrás muy bien que me dirijo al templo de Duris. Si me acompañas, de seguro encontrarás algún que otro tesoro. ¿Qué dices?
–¿Amigo? Es fácil decirlo… –dije mientras miraba el techo, adentrándome al peligroso mundo de los recuerdos, pero antes de que fuera demasiado tarde, reaccioné y volví al mundo físico. –Crees que me conoces, pero no es así… –empecé a moverme nuevamente hacia la salida de la cueva.
- Con o sin aliados... no puedo esperar más... *caminé hacia la puerta y dejé volar mi plan(1)*
Vé, pequeño idiota... *el murciélago comenzó a revolotear sobre los kobolds, que empezaron a arrojar piedras sobre el. Algunos aldeanos gritaron, y los kobolds les hicieron callar [malditos... ya los mataré]. Cuando el alboroto era algo grande, acerqué al pequeño idiota a la puerta y le dejé salir, con los kobolds detrás de él. Escondido en la sombra, manipulé al murciélago un rato hasta que quedó un sólo kobold dentro, cuidando que los aldeanos no se escaparan. Entré y dejé a mi golem fuera [eso les hará jugar un rato], avancé con el mayor sigilo, escondiéndome hasta que me diera la espalda.*
- Sólo unos segundos más... *un niño que estaba cerca logró mirarme, soltando un pequeño chillido. El kobold se giró justo cuando corría hacia él y grito mientras atravezaba su boca con mi espada [¡Demonios! los otros debieron escuchar a este*
- ¡Escuchen! a medida que los suelte deben agruparse en la pared más alejada del pasillo, lo más lejos que puedan... *miré a ver si entendían. Por sus rostros de miedo, creo que no. Comencé a soltarlos y mientras lo hacía les obligaba a ir lejos. Así, después de un rato estaban a salvo [de mí]. Tomé a Sang y busqué el cadáver de un hombre en el piso*
- Lamento esto, pero si no lo hago nos matarán *enterré la espada en su cuerpo y desperté a Sang (2). Luego, esperé a que estuviera con algo de poder y la clavé en el suelo, en la boca del pasillo . Me senté frente a ella y esperé*
1: Golem de Sangre
2: Despertar
Off: Aún quedaba sangre en mi ropa. Fue la que Al usó para el golem de sangre...
Antes que Elrad pudiera contestarme, un escalofrío recorrió mi espalda. Sentí el olor de mi hermano casi inconcientemente. Me quedé helada. Hacía mucho tiempo que no lo veía. La última vez fue hacía varios meses cuando el caballero negro me llevó para demostrarme que seguía vivo. Volteé levemente mirando a un punto fijo, de donde sentí que venía el olor. Pero... había alguien más, y era muy probable que fuese el hechicero. Mi boca se resecó. Mis músculos se tensionaron y mi cuerpo casi se movía por su cuenta. Sentí muy cerca la presencia de el sujeto, su respiración estaba justo en mi nuca. Al verlo, sus ojos me recordaron al caballero negro, era evidente que eran hermanos. - Olfateabas esto? *dijo levantando un trozo de tela, que evidentemente, estaba sudada por el hermano de Kirara* Otra vez venía a mi, esa sensación de odio y venganza que no podía contener. Esas ganas de querer encontrar a mi hermano a cualquier costo. Otra vez estaba perdiendo el control de mis acciones, la mano con la que sostenía mi báculo temblaba y comensé a sudar.
- Donde... está... mi hermano...? *dijo mostrandole sus dientes que lentamente, comenzaron a transformarse en colmillos*
El hechicero me observó con desgano, y me lanzó una mirada de desprecio y a la vez amenazante, como tratando de intimidarme. - Se encuentra en Dirus... sano y salvo *dijo mientras comenzaba a reirse de el chiste que acababa de hacer* Mis ojos se abrieron de par en par sin poder creer lo que el hechicero estaba diciendo. Dirus, el lugar más temido por lo hombres. Y mi hermano se encontraba allí, tan lejos. Mil sensaciones recorrieron mi cuerpo. La bestia de mi interior luchaba por salir. Apreté fuertemente mis puños.Y luché contra ella. El esfuerzo me dejó exahusta, pero lo había logrado, había logrado cesar una vez más.
- Dirus... *cae al suelo de rodillas, por el esfuerzo que acababa de realizar*
Ignore a la gatita: tenía cosas más importantes en mente.
-Te conosco lo suficiente- le dije al pícaro-. Se que la promesa de un tesoro tan basto y sin dueño te llama la atención. Yo se un camino seguro al templo: un camino subterraneo donde los dragones no nos seguirán. Solo tienes que ayudarme y serás bien recompenzado.
¿mh?... (¿y a ésta qué le pasa ahora? parece que vio un fantasma...) eh, chica gato... ¿estás bien? -Mialë se acercó despacio, intentando no perturbarla. Frente a ella, nadie estaba... no comprendía mucho. <Mi dama... ¿qué le ocurre a Kirara?>-inquirió el gran lobo plateado. <¿Y cómo esperas que lo sepa?... se puso tensa, nerviosa, creí que se polimorfearía en un gato y de repente... cayó de rodillas, casi llorando...>
No tan lejos, podía percibir el olor a sangre que despedía la temeraria espada de Alexander. No pensaba intervenir... sentía pánico cada vez que se acercaba a aquél pedazo de metal dotado de Ego. Temía no poder controlarse y destruír más de lo que realmente desearía (o debiera).
Se arrodilló junto a Kirara y la miró extrañada- hey... ¿podés seguir? nos van a dejar atrás sino...
-Te conosco lo suficiente- le dije al pícaro-. Se que la promesa de un tesoro tan basto y sin dueño te llama la atención. Yo se un camino seguro al templo: un camino subterraneo donde los dragones no nos seguirán. Solo tienes que ayudarme y serás bien recompenzado.
–La verdad es que me parece una oferta tentadora, pero… ¿no crees que deberías preocuparte primero por tus compañeros? –Dije riendo mientras le señalaba la puerta que conducía a donde estaban los aldeanos prisioneros, el parásito inútil [así llama mi pj a Al =P] había hecho que salieran todos los kobolds a gran velocidad, y después de la sorpresa al ver a tanta gente en su guarida, se pusieron a atacar al resto del grupo. –Te deseo suerte en tu lucha… pero como tú mismo has dicho, yo ya tengo mi botín entre manos –Di la vuelta y caminé unos cuantos pasos para después detenerme y sin mirarle acabar diciendo –Quizás en otro momento y en otro lugar te hubiera acompañado a tu loca aventura, pero ahora no tengo tiempo para entretenerme con un hechicero que grita por la cabeza de las personas que han entrado en su hogar sin ser invitadas… –y seguí mi camino.
No entendía lo que estaba pasando, podría jurar que delante mío había estado el hechicero. Pero luego todo se desvaneció como si fuera una ilusión. ¿Será esto obra de aquél hechicero? Cuando pude pensar claramente, miré mis manos, aún estaban temblando, y mi cara estaba sudada, eso no podía ser una simple ilusión ¿o si? tal vez estoy volviendome loca por tanto juntarme con Elrad. Miré a mi alrededor tratando de tranquilizarme, Mialë estaba allí acercándose a mi.
- hey... ¿podés seguir? nos van a dejar atrás sino...
- S... si... *dijo sonriendo levemente en un intento de calmarse a si misma*
Me paré y comensé a caminar nuevamente. Cuando di el segundo paso, la planta de mi pie se topó con una superficie suave, levanté mi pie y allí estaba, el trozo de tela... pero no tenía el olor de mi hermano, esta vez. Parece como si me lo hubiera dejado para hacerme saber que lo que sentí fue real. Tomé el trozo de tela entre mis dedos y lo apreté fuertemente. <<Tu voluntad es muy fuerte, Kirara>> Dijo una voz dentro de mi cabeza. - Dirus... allí está mi hermano.
Espero que afuera no se topen con los kobolds, aunque de seguro van a venir por ese bastardo que no pudo morir sin gritar... *sentado cómo estaba, miré el cadaver. De lejos se escuchaban algunos pasos* creo que ya vienen...
- Kirara, por favor, no te demores...
*Abrí mi cuello con la espada. La sangre brotó brutalmente. Con mi último halo de conciencia, puse a Sang bajo la abundante sangre y esperé a que Sang no cometiera errores (?)*
<<Cubierto de sangre, deseando matarte>> *Los kobolds se acercaron por el pasillo, tratando de averiguar el motivo del grito. Los tres primeros se convirtieron en sangre frente a sus compañeros. Bastó un golpe para hacer que retrocedieran, otro para deshacerme de un pequeño grupo y otro para que comenzaran a atacar. Solté un alarido inhumano y me dispuse a acabar con todos, sin importar cuanto daño me provocaran*
- SaNgrE...
Otra vez... El olor a la sangre de Al. ¿Por qué hacés esto?
- Vamos rápido Mialë! Presiento que algo malo va a pasar si no nos damos prisa.
Comensé a correr. El olor a muerte se sentía fuertísimo. Y cada vez más. Los kobolds caían ante Al. No sé como, pero a gran velocidad se iba sintiendo cada vez más. Llegué al lugar donde estaban los aldeanos. Al estaba allí, cubierto de sangre. El espectáculo era horrible. Y no podía ni siquiera acercarme. Seguramente, si intentaba curarlo acabaría con el poder de esa espada. Pero no podía permitir que siguiera haciendo ese sacrificio sobrehumano. Estaba muy lejos para llegar con una técnica de curación. Asi que utilisé el sacrificio. Realisé debajo de mi un campo de curación y luego extendí mi mano alcansando con la luz a sincronizar mi alma con la de Al. De mi cuerpo empesó a brotar salngre sin parar. El poder de esa espada era terrible. Sentía como mi cuerpo sufría ante la maldición de la hoja de esa endemoniada espada. No podía mantener mucho el hechizo ya que me encontraba muy exhausta, con lo que me quedaba de energías, grité rogando que Al pudiera escucharme:
- Al!!!! Detente!!!!!
Y luego me concentré y el campo de curación se encargó del resto.
(Nunca he provado la sangre de gato...) *giré hacia Kirara*
//Llena de heridas te ves hermosa... apetecible, no cómo estos bastardos// *tomé a uno y reventé su cabeza en el piso*
¡¡NO te atrevas a dañar a Kirara ni a de los aldeanos!! es por ellos que te liberé... si los tocas, no te llevaré a Dirus...
*no me moví durante unos segundos*
- (Pequeña, vete ahora y no te mataré, llévate a estos humanos y déjame jugar con los bastardos. El hechicero tampoco está aquí ahora. Vete antes de que cambie de opinión) *evité que los kobolds se acercaran a los aterrados aldeanos y seguí atacándolos*
Seguí mi camino hasta la entrada de la cueva, cuando empezaron a darme los rayos de sol, el estómago empezó a rugirme, necesitaba comer algo, me saqué el mapa de los alrededores para buscar la aldea (habitable) más cercana, después de sopesar las opciones que tenía, salí rumbo hacia el este.
Ya empezaban los problemas. Antes de sufrir ningún percance me dirigí a la entrada.Sería lo más sencillo para salir. Nadie se fijó en mí. Corrí rápidamente hacia la salida y vi al pícaro partir. Me detuve cerca de la salida para que no me dieran los rayos de sol. No quería que el píicaro me viera.
Cuando ya llevaba parte del camino recorrido me acordé de la caja misteriosa, esa caja misteriosa que había cogido prestada en la habitación del hechicero… la saqué de la bandolera, intenté abrirla pero no encontraba ninguna abertura, ningún grabado a simple vista, lo escudriñé mejor y encontré la palabra de mando, –Otidlam –pronuncié en voz baja mientras lo leía detenidamente, inaudible para cualquier oído lejano, pero que la caja, al parecer si notó, la parte superior empezó a girar hasta que formó una estrella con la parte inferior, luego un simple “clic” me dio el aviso de que se había abierto, ¿Qué se podrá esconder dentro de la caja? Tragué saliva y lo abrí lentamente, un brillo empezó a salir por los bordes. Al quitar la tapa, descubrí una simple piedra, del tamaño de un puño… por lo visto aún existen dioses con sentido del humor, ¿Dónde están las monedas típicas de un botín? Como si el mismo dios siguiera conmigo, cuando cogí la piedra descubrí una moneda de cobre debajo… volví a meter la piedra, después cogí la moneda y guardé la caja, –Ya que he arriesgado mi vida por este “tesoro”, voy a volver a arriesgarla –dije mientras me reía de mi suerte, la lancé, la cogí y cerré los ojos… –Si es cara… vuelvo a una muerte segura con el que tendría una mínima posibilidad de que si sobreviviera no tendría que preocuparme más por el dinero o… cruz –en este momento me volvió a rugir el estómago, miré la moneda… cara, bueno, la comida debe esperar y me di la vuelta volviendo al refugio pensando en un futuro tesoro si las cosas iban bien…
CFR: Zeros, el hechicero no vive única y exclusivamente para atormentarme a mi Un_n... pero ya que es uno de los malos y como nadie lo usa, aprobecho y lo "uso" para enriquecer mi historia
Irme? No podía irme. Y más sabiendo que había llegado tarde después de prometerle a Al que estaría siempre al lado de él para curar sus heridas. Tengo que admitir que tengo miedo. Pero tengo que madurar de una vez y hacerme una mujer. Tengo que dejar de ser esa niña a la que todos tienen que proteger. Las heridas eran dificiles de curar, ya estaba empesando a sentirme débil y la conexión comenzaba a diluirse, por eso tuve la oportunidad de hablar con él y con los aldeanos.
- Rápido!! Salgan todos de aquí!! *le dijo a los aldeanos, aprobechando que Al estaba deteniendo a los kobolds*
Mi cuerpo comensó a perder estabilidad, ¿qué clase de heridas eran aquéllas? No podía curarlas tan facilmente como unas comunes y corrientes. Caí de rodillas al suelo, sin bajar el brazo que me conectaba a Al. Estaba sufriendo, pero tenía que lograr que dejara de brotar sangre de su cuerpo y tal vez asi, podría acabar con esa endemoniada espada.
- No pienso irme de acá! Si abandonara a un amigo que me necesita, no estaría cumpliendo con mi deber! *le dijo poniendo cara de seguridad*
Las heridas me estaban matando lentamente. No iba a resistir mucho más. De no ser por el campo que me estaba curando, de seguro ya habría muerto hace rato. Comensé a sollozar, mientras las lágrimas caían por mis ojos. Me estaba sacrificando por una persona, como lo haría cientos de veces. Si llegara a morir, me gustaría morir de esta forma, ayudando a alguien.
<<Al, por favor, reaccioná... de lo contrario...>>
<<¿Kirara...? no, no la conozco. Ahora déjame en paz...>>
*Kirara no se marcharía, pero los aldeanos estaban abandonando lentamente la cueva, y los kobolds ya no eran tantos.*
¿Sang... es una promesa, lo recuerdas? ya puedes detenerte... ( Recuerda ese lago en el que solíamos jugar, claro, las promesas no se las lleva en bote ) *El ser de sangre en el que me había convertido empezaba a cambiar su forma. Las heridas que parecían brotar de mi cuerpo poco a poco se cerraban, hasta que al final sólo quedé yo, sin ningún rasguño frente a Kirara, empapada en sangre y un pequeño grupo de kobolds más asustados que enfurecidos*
- ¡Atrás, si no quieren enfrentarse a mí otra vez! *les dije levantando mi espada contra ellos, horizontalemente*
Por la expresión en sus rostros, creo que me puedo ir tranquilo... *Sin dejar de apuntarles con la espada, me dirigí hasta Kirara, que estaba a punto de perder en conocimiento. La tomé de la cintura con el brazo libre y me la llevé hasta estaban los demás. La dejé en el suelo, con cuidado y me fuí hasta la entrada de la cueva, sin reparar en lo que tuvieran que decir. Allí ví a Arya, le sonreí y salí. Miré caminar a Dreinn y pasé de largo*
Creo que siempre se me dió mejor el caminar solo... no quiero dañar a quienes quiero, así que tendrás que perdonarme por ahora, Kirara... pero no te preocupes... nos veremos de alguna y otra forma...
Poco después Al pasó por mi lado. Me sonrió y salió. -Ese tipo no es un cobarde, voy a ver qué ha pasado.
Volví a donde estaban los demas. La gata estaba en el suelo. Alguien la había dejado allí cuidadosamente. -Vaya con el enamorado. Cree les irá bien separarse. Eso no funciona, o no funcionó en mi caso...-eso último lo murmuré inconscientemente.
-¿Estais bien?-pregunté
Por el camino, cuando ya veía la cueva a lo lejos, escuché una voz en mi cabeza –No sigas… –decía la voz, era algo aterradora, paré y pregunté al aire –¿Pero qué…? –Me quedé esperando una futura respuesta, y entonces volvió –No vuelvas a esa cueva sucia y maloliente, sigue tu camino hacia Bendek [la ciudad hacia el este a la que me dirigía], en esa cueva no necesitas nada… ven y te daré las respuestas a tus preguntas –la voz tenía cierto halo de misterio [Además de un conjuro de sugestión =P], y sin entender todavía muy bien la razón, emprendí mi camino hacia Bendek.
Anduve un par de pasos, pero antes de que me diera cuenta, el paisaje cambió radicalmente y tenía ante mis narices un gran portón con una muralla de piedra a los lados, uno de los guardias que había custodiando la puerta, al verme se puso a buscar algún punto por el que hubiera venido sin haber sido avistado hasta ese momento, para mi era muy sencillo por donde había venido, miré hacia atrás y para mi asombro había un gran bosque…
–¿Quién eres y qué has venido a hacer a Benderk? –me preguntó intentando no perder la calma y haciéndome las preguntas rutinarias que se les hace a los viajeros –Me llamo Dreinn, vengo de Virmgi y sólo estoy de paso, pero necesito entrar para descansar un poco y comer algo –pocas veces había podido decir una verdad a un guardia, y lo dije en un tono muy orgulloso, los dos guardias que había empezaron a hablar entre ellos para después responderme –Ok, puedes pasar –y ordenar a uno de sus compañeros que abrieran el portón.
Entré y me puse a ver las maravillosas tiendas que había, mercantilmente era una ciudad muy desarrollada, pero entonces, volvió esa voz que ya casi había olvidado –Excelente, ahora ven a mi casa –justo cuando iba a preguntarle donde estaba su casa, una especie de llamarada se incrustó en mi mente, cuando desapareció tenía un mapa de la ciudad grabado a fuego, todo era muy extraño y decidí darme prisa para terminar lo antes posible.
Llegué hasta la casa y contemplé la puerta abierta, entré y pude ver que era una simple taberna –Sube las escaleras –continuó la voz, la subí lo más rápido que pude pero evitando ser descubierto, no te da buena fama hacer estas cosas… al llegar arriba, todo era diferente, parecía mentira que fuera la planta superior de una taberna, el suelo estaba limpio y la puerta estaba tallada de una manera exquisita, la abrí y me encontré a una persona –Te esperaba… –me dijo aquel desconocido con la misma voz que había en mi mente –Quizás no sepas porqué te he mandado que vinieras, aunque he de admitir que tienes una gran voluntad, me ha costado más de lo que me esperaba hacer que vinieras –le miré extrañado pero aquel desconocido continuó sin darme la mayor importancia –Bueno, eso es otra historia, y la que debo contarte ya es bastante larga como para alargarla más de lo necesario… –se sentó en un silla sin siquiera mirarme, mirando varios papeles que tenía encima de la mesa –Hace mucho tiempo… Tesslo, un hechicero algo loco, robó un objeto de mi propiedad, ese hechicero es demasiado poderoso, igual que todos los hechiceros locos… así que había perdido la esperanza de recuperarlo hasta el día de hoy, cuando he notado que una mano desconocida cogía lo que me pertenecía…
Abrí el ojo con el que veía, y pude observar que Arya estaba allí.
-¿Estais bien?
Tomé mi cabeza entre mis manos y luego recordé todo. Instantáneamente llevé mi mano a la herida del cuello, y luego observé la palma llena de sangre.
<<Aún estoy viva, pero... cómo? Esta herida está sangrando... todavía>>
- Eh estado en mejores situaciones... miauu*dijo sonriendo levemente, luego llevó su mano al cuello y comenzó a curarse*
Miré a mis alrededores. Después de lo que había ocurrido es probable que Al se hubiera ido.
- Listo... creo que asi está bien... *saca su mano del cuello* Arya, miauu... podrías hacerme el favor de buscar a Van, el paladín...? asi ayuda a la gente que esté herida del pueblo... miauu *sonrie y se retira, saliendo por la entrada de la cueva* enseguida vuelvo!
Caminé un poco y no tardé en encontrar a Al, que iba a paso lento pero seguro.
- El rojo de la sangre no te sienta bien, miauuu *dijo con una sonrisa inmensa*
-Ahora hasta el pueblo que sigue... el camino hasta Dirus es largo, pero seguro encontraré algo entretenido que hacer... *dije sonriendo, tratando de evadir un poco las otras ideas que rondaban en mi cabeza*
¿Habrá sido lo correcto...? dejar así a los demás... Mialë seguro estará bien... Addul es muy fuerte; ni hablar de Elrad... Arya puede ser algo tímida, pero sabe cuidarse bien... y Kirara tiene a Van... quizás volver sea innecesario...
- El rojo de la sangre no te sienta bien, miauuu
*Me dí vuelta y ví a Kirara, no pude evitar sonreir, pero por dentro estaba muy dañado*
- A mí me gusta, es un color fuerte y friamente cálido... *esperé unos segundos*
- No sé si sea correcto seguir con ustedes... no soportaría volver a hacerte daño... o a los demás... sabes cómo se pone Mialë cada vez que uso a Sang... sabes que pierdo la cabeza...
*luego la miré y le dije con un tono menos amable*
- Lo que hiciste allá... fue tonto e innecesario... no creas que me arriesgaría más de lo necesario, por más riesgoso que se vuelva en contexto... sólo lograste quedar dañada... llevo más tiempo del que crees jugando con esta espada, no olvides eso...
Off: No pongo a Auria porque no sé si está todavía o no xD
- No sé si sea correcto seguir con ustedes... no soportaría volver a hacerte daño... o a los demás... sabes cómo se pone Mialë cada vez que uso a Sang... sabes que pierdo la cabeza... Lo que hiciste allá... fue tonto e innecesario... no creas que me arriesgaría más de lo necesario, por más riesgoso que se vuelva en contexto... sólo lograste quedar dañada... llevo más tiempo del que crees jugando con esta espada, no olvides eso...
- Jugando...? *la sonrisa se borra de su rostro* Me ofendes, Al... Obviamente, las heridas para una curandera son lo peor que puede existir. Y si, tal vez no te estabas arriesgando más de lo necesario, pero yo tampoco. Y no pude evitar reaccionar al verte asi. Herirte a vos mismo, luchar con sangre, perder la razón... Definitivamente sos la clase de persona que una curandera odiaría, pero sabés una cosa? *vuelve a sonreir* te parecés más a mi de lo que te imaginás... Ah! perdon... miauuuu! *se rie*
-Jugando...? Me ofendes, Al... Obviamente, las heridas para una curandera son lo peor que puede existir. Y si, tal vez no te estabas arriesgando más de lo necesario, pero yo tampoco. Y no pude evitar reaccionar al verte asi. Herirte a vos mismo, luchar con sangre, perder la razón... Definitivamente sos la clase de persona que una curandera odiaría, pero sabés una cosa? te parecés más a mi de lo que te imaginás... Ah! perdon... miauuuu!
Ciertamente eres una chica extraña...
- Lo siento... pero cargar con esto es más difícil de lo que crees... no es algo que eligiera... *respiré profundamente* hace unos dos años fuí desterrado de mi tierra por enfrentarme a mi padre adoptivo... habían rumores que decían que yo no debía ser de la nobleza, porque era un huérfano de la guerra... hablé con mi padre y terminó confesando que no era su hijo... y que mis padres habían muerto en una pelea en la frontera... que durante la batalla me vió cerca del cadaver de mis padres y me recogió... enfurecí, porque me dijo después que él no sabía que ellos tuvieran un hijo, y que sólo obedecía órdenes... lleno de ira lo enfrenté, perdí y terminé sin hogar... sin patria... *volví a respirar*
- Mi madre adoptiva me dió esta espada... dijo que era lo único que mis padres biológicos tenían consigo cuando fueron asesinados y que mi padre la había escondido hasta entonces. Al principio no entendía porque debía conservar la espada, hasta que me habló por primera vez... "( El destino del hombre es cumplir con sus destino, aún si de cenizas se cubre)"... no sabía que pasaba, ni de donde provenía esa voz, hasta que mi mano usó la espada para cortarme en contra de mi voluntad... llena de sangre, en mi cabeza llegaron imágenes de un templo, en Dirus... un nombre escrito en la agonía y una espada empapada en sangre... "Sang"... el espíritu del caballero que se atrevió a enfrentar al Señor de los Dragones... *miré a Kirara y terminé mi relato*
- Descubrí que mi misión era llevar esa espada de vuelta a Dirus... así cumpliría el trabajo por el cuál mis padres murieron... y terminaría esta maldición... si... maldición... porque si dejo a Sang moriré... una vez lo intenté... la dejé en un templo abandonado en Logthen y mi cuerpo se empezó a pudrir lentamente... hasta que la recuperé...
-Espero que entiendas eso, Kirara... debo afrontar mi destino... y no sé si con ustedes pueda hacerlo... no quiero repetir lo que pasó allá atras...
-Espero que entiendas eso, Kirara... debo afrontar mi destino... y no sé si con ustedes pueda hacerlo... no quiero repetir lo que pasó allá atras...
*agacha la cabeza* - Veo que... ambos tenemos asuntos en Dirus... Veras... *levanta la cabeza* mi hermano se encuentra allí. Él, es la única familia que tengo. Mi madre murió cuando tenía 10 años, y mi padre mi hechó de Demereo cuando se enteró que no quería ser una guerrera, sino una curandera. *señala su ojo rojo* Esa es la razón por la que me propinó esta herida que me dejó ciega de mi ojo izquierdo. *sonrie* y no tardaré en perder la vista de mi ojo derecho también. Lamento que la vida de ambos sea difícil, pero es mejor cuando la pasas con alguien, no te parece? *pone su mano en su nuca y sonrie* Permíteme acompañarte a Dirus, Al. Cuando estoy cerca tuyo, siento que quiero crecer más y hacerme más fuerte, para proteger a los seres que quiero *apreta el trozo de tela que tenía en su mano* Prometo... no interferir más contigo y Sang, aunque odie decir eso, y aunque odie inmensamente las cosas que tienes que hacer por esa espada *agacha la cabeza y junta sus manos frente a sus piernas en señal de respeto* Mi deber es prestarle mis servicios a la gente, y ya que el destino quiere que ambos acabemos en Dirus, veo muy probechoso acompañarte *lo mira profundamente a los ojos*
- Kirara...*No pude evitar sonrojarme* volvamos con los demás... *sonreí y le acaricié la cabeza, pasé mis dedos por sus orejas; después besé su frente* creo que este viaje será agradable...
- Kirara... volvamos con los demás... creo que este viaje será agradable...
- Hmmp?
No entendí como, pero lo había convencido. Él me acarició la cabeza, las orejas y luego me dio un beso en la frente.
<<Al... vos... >> Ronroneé ante tal muestra de afecto. Lo último que dijo me había dejado pensando. ¿Quizás lo quiso decir para sí mismo? Bueno, en todo caso... la grata companía de Al iba a seguir a nuestro lado, tal vez no tan grata para algunos. Pero sí para mi, lo que me dejaba muy feliz. Lo que todavía no podía entender es, cómo alguien como él podía inspirarme tales sentimientos. Até el trozo de tela a mi brazo. Lo miré mientras comenzaba a caminar y lo seguí caminando a su lado. Hasta que llegamos otra vez a la cueva de los kobolds. Donde podría ayudar a los aldeanos.
CFR: Nuria, no busques a Van, no va a contestar por un largo tiempo Un_n
Se fue, probablemente a buscar a Al. Esperaba que le fuera bien y que regresaran. Ignoré su petición de buscar al paladín y volví a la entrada de la cueva. Había corriente. Me senté apoyandome en la pared de la cueva y estuve así un momento hasta que vi un papel delante de mí. Lo cogí suponiendo que lo trajo el viento. La letra era como la de las notas de aquella casa. "En una aldea de camino a Dirus te reencontrarás con alguien de tu pasado que no te ha olvidado"
*Caminé junto a Kirara hacía la cueva*
Es raro... creí que estaría más tiempo descansando...
- ¿No dijo Dreinn a dónde iba...?
*Luego estabamos llegando a la cueva y ví a Arya con algo en las manos, o al menos eso creí, ya que al llegar no tenía nada*
- Hola... *sonreí* ¿vamos adentro...?
–Hace mucho tiempo… Tesslo, un hechicero algo loco, robó un objeto de mi propiedad, ese hechicero es demasiado poderoso, igual que todos los hechiceros locos… así que había perdido la esperanza de recuperarlo hasta el día de hoy, cuando he notado que una mano desconocida cogía lo que me pertenecía…
[FONT="]Escuchaba cada una de las palabras de aquel desconocido, después, dije –Y esa mano desconocida, debo suponer que era la mía… –su rostro mostró una mueca de felicidad y aunque parecía algo viejo, de un salto se colocó justo delante mía, levantó su mano arrugada a causa del inevitable paso del tiempo y me respondió con una exclamación –¡Exacto! Y ahora, tú me la devolverás –antes de hacer cualquier movimiento, pensé en conseguir la respuesta que tanto ansiaba, di un paso atrás y le dije –¿Para que necesita alguien con tanto poder una piedra inútil y una moneda de cobre? –su rostro cambió, ahora estaba preocupado, ahora con ojos suplicantes me pidió que la enseñara, saqué la caja y se la mostré, después de estar un rato mirándola, volvió sus ojos hacia los mios y dijo con un tono de voz asustado, delatando esta vez su edad –Dime… ¿Pediste un tesoro antes de levantar la piedra? –sin entender el por qué de esa pregunta, empecé a intentar recordarlo, y luego, respondí –Quizás… –entonces, pegó un grito desgarrador y se derrumbó de rodillas bastante abatido, mirando el suelo dijo –Eso que llamas piedra… es la gema de Gosher… concede el deseo de su portador pero ahora es inútil, ese insensato de Tesslo la ha gastado… para devolverle su poder hay que ir a Dirus, reino habitado por dragones, nadie es tan valiente (o estúpido) como para ir allí… –¿Dirus? Me suena… creo recordar que ese grupo se dirigía hacia allí, al principio los llamé locos, pero ahora puede que me sirvan, dejé a aquel hombre abatido, si le hacia preguntas sobre la gema seguro que sabría mi plan, así que me fui sin hacer ruido…[/FONT]
Comentarios
Al
- Kirara... *estaba lejos de ese lugar. Apenas notaba lo que los demás hacían, o decían* lo mejor será rescatar a los aldeanos después, ahora tu hermano me preocupa más...*me dí cuenta de lo egoísta de mi frese* perdón... a lo que me refiero es... ir con el hechicero no es algo que quiera, pero tal vez sea algo que tú debas hacer... me encargaré de los aldeanos junto a quién desee hacerlo... *la miré apenas. Mi cabeza jugaba en la Luna*
- Miauu, tenés razón Al... pero no puedo ir sola... *se acerca a Elrad, que estaba un poco alejado del grupo, hablando con Dreinn, aún tenía esa cara que le inspiraba desprecio y desagrado a Kirara* ...venis, miauu?
–¿Amigo? Es fácil decirlo… –dije mientras miraba el techo, adentrándome al peligroso mundo de los recuerdos, pero antes de que fuera demasiado tarde, reaccioné y volví al mundo físico. –Crees que me conoces, pero no es así… –empecé a moverme nuevamente hacia la salida de la cueva.
Hice como si no hubiera escuchado eso último y seguí mi camino, no me interesaba volver ahí dentro, ya tenía lo que quería.
- Con o sin aliados... no puedo esperar más... *caminé hacia la puerta y dejé volar mi plan(1)*
Vé, pequeño idiota... *el murciélago comenzó a revolotear sobre los kobolds, que empezaron a arrojar piedras sobre el. Algunos aldeanos gritaron, y los kobolds les hicieron callar [malditos... ya los mataré]. Cuando el alboroto era algo grande, acerqué al pequeño idiota a la puerta y le dejé salir, con los kobolds detrás de él. Escondido en la sombra, manipulé al murciélago un rato hasta que quedó un sólo kobold dentro, cuidando que los aldeanos no se escaparan. Entré y dejé a mi golem fuera [eso les hará jugar un rato], avancé con el mayor sigilo, escondiéndome hasta que me diera la espalda.*
- Sólo unos segundos más... *un niño que estaba cerca logró mirarme, soltando un pequeño chillido. El kobold se giró justo cuando corría hacia él y grito mientras atravezaba su boca con mi espada [¡Demonios! los otros debieron escuchar a este*
- ¡Escuchen! a medida que los suelte deben agruparse en la pared más alejada del pasillo, lo más lejos que puedan... *miré a ver si entendían. Por sus rostros de miedo, creo que no. Comencé a soltarlos y mientras lo hacía les obligaba a ir lejos. Así, después de un rato estaban a salvo [de mí]. Tomé a Sang y busqué el cadáver de un hombre en el piso*
- Lamento esto, pero si no lo hago nos matarán *enterré la espada en su cuerpo y desperté a Sang (2). Luego, esperé a que estuviera con algo de poder y la clavé en el suelo, en la boca del pasillo . Me senté frente a ella y esperé*
1: Golem de Sangre
2: Despertar
Off: Aún quedaba sangre en mi ropa. Fue la que Al usó para el golem de sangre...
- Olfateabas esto? *dijo levantando un trozo de tela, que evidentemente, estaba sudada por el hermano de Kirara*
Otra vez venía a mi, esa sensación de odio y venganza que no podía contener. Esas ganas de querer encontrar a mi hermano a cualquier costo. Otra vez estaba perdiendo el control de mis acciones, la mano con la que sostenía mi báculo temblaba y comensé a sudar.
- Donde... está... mi hermano...? *dijo mostrandole sus dientes que lentamente, comenzaron a transformarse en colmillos*
El hechicero me observó con desgano, y me lanzó una mirada de desprecio y a la vez amenazante, como tratando de intimidarme.
- Se encuentra en Dirus... sano y salvo *dijo mientras comenzaba a reirse de el chiste que acababa de hacer*
Mis ojos se abrieron de par en par sin poder creer lo que el hechicero estaba diciendo. Dirus, el lugar más temido por lo hombres. Y mi hermano se encontraba allí, tan lejos. Mil sensaciones recorrieron mi cuerpo. La bestia de mi interior luchaba por salir. Apreté fuertemente mis puños.Y luché contra ella. El esfuerzo me dejó exahusta, pero lo había logrado, había logrado cesar una vez más.
- Dirus... *cae al suelo de rodillas, por el esfuerzo que acababa de realizar*
-Te conosco lo suficiente- le dije al pícaro-. Se que la promesa de un tesoro tan basto y sin dueño te llama la atención. Yo se un camino seguro al templo: un camino subterraneo donde los dragones no nos seguirán. Solo tienes que ayudarme y serás bien recompenzado.
<Mi dama... ¿qué le ocurre a Kirara?> -inquirió el gran lobo plateado.
<¿Y cómo esperas que lo sepa?... se puso tensa, nerviosa, creí que se polimorfearía en un gato y de repente... cayó de rodillas, casi llorando...>
No tan lejos, podía percibir el olor a sangre que despedía la temeraria espada de Alexander. No pensaba intervenir... sentía pánico cada vez que se acercaba a aquél pedazo de metal dotado de Ego. Temía no poder controlarse y destruír más de lo que realmente desearía (o debiera).
Se arrodilló junto a Kirara y la miró extrañada- hey... ¿podés seguir? nos van a dejar atrás sino...
–La verdad es que me parece una oferta tentadora, pero… ¿no crees que deberías preocuparte primero por tus compañeros? –Dije riendo mientras le señalaba la puerta que conducía a donde estaban los aldeanos prisioneros, el parásito inútil [así llama mi pj a Al =P] había hecho que salieran todos los kobolds a gran velocidad, y después de la sorpresa al ver a tanta gente en su guarida, se pusieron a atacar al resto del grupo. –Te deseo suerte en tu lucha… pero como tú mismo has dicho, yo ya tengo mi botín entre manos –Di la vuelta y caminé unos cuantos pasos para después detenerme y sin mirarle acabar diciendo –Quizás en otro momento y en otro lugar te hubiera acompañado a tu loca aventura, pero ahora no tengo tiempo para entretenerme con un hechicero que grita por la cabeza de las personas que han entrado en su hogar sin ser invitadas… –y seguí mi camino.
Me paré y comensé a caminar nuevamente. Cuando di el segundo paso, la planta de mi pie se topó con una superficie suave, levanté mi pie y allí estaba, el trozo de tela... pero no tenía el olor de mi hermano, esta vez. Parece como si me lo hubiera dejado para hacerme saber que lo que sentí fue real. Tomé el trozo de tela entre mis dedos y lo apreté fuertemente.
<<Tu voluntad es muy fuerte, Kirara>>
Dijo una voz dentro de mi cabeza.
- Dirus... allí está mi hermano.
Espero que afuera no se topen con los kobolds, aunque de seguro van a venir por ese bastardo que no pudo morir sin gritar... *sentado cómo estaba, miré el cadaver. De lejos se escuchaban algunos pasos* creo que ya vienen...
- Kirara, por favor, no te demores...
*Abrí mi cuello con la espada. La sangre brotó brutalmente. Con mi último halo de conciencia, puse a Sang bajo la abundante sangre y esperé a que Sang no cometiera errores (?)*
<<Cubierto de sangre, deseando matarte>>
*Los kobolds se acercaron por el pasillo, tratando de averiguar el motivo del grito. Los tres primeros se convirtieron en sangre frente a sus compañeros. Bastó un golpe para hacer que retrocedieran, otro para deshacerme de un pequeño grupo y otro para que comenzaran a atacar. Solté un alarido inhumano y me dispuse a acabar con todos, sin importar cuanto daño me provocaran*
- SaNgrE...
?:Transfusión.
- Vamos rápido Mialë! Presiento que algo malo va a pasar si no nos damos prisa.
Comensé a correr. El olor a muerte se sentía fuertísimo. Y cada vez más. Los kobolds caían ante Al. No sé como, pero a gran velocidad se iba sintiendo cada vez más. Llegué al lugar donde estaban los aldeanos. Al estaba allí, cubierto de sangre. El espectáculo era horrible. Y no podía ni siquiera acercarme. Seguramente, si intentaba curarlo acabaría con el poder de esa espada. Pero no podía permitir que siguiera haciendo ese sacrificio sobrehumano. Estaba muy lejos para llegar con una técnica de curación. Asi que utilisé el sacrificio. Realisé debajo de mi un campo de curación y luego extendí mi mano alcansando con la luz a sincronizar mi alma con la de Al. De mi cuerpo empesó a brotar salngre sin parar. El poder de esa espada era terrible. Sentía como mi cuerpo sufría ante la maldición de la hoja de esa endemoniada espada. No podía mantener mucho el hechizo ya que me encontraba muy exhausta, con lo que me quedaba de energías, grité rogando que Al pudiera escucharme:
- Al!!!! Detente!!!!!
Y luego me concentré y el campo de curación se encargó del resto.
(Nunca he provado la sangre de gato...) *giré hacia Kirara*
//Llena de heridas te ves hermosa... apetecible, no cómo estos bastardos// *tomé a uno y reventé su cabeza en el piso*
¡¡NO te atrevas a dañar a Kirara ni a de los aldeanos!! es por ellos que te liberé... si los tocas, no te llevaré a Dirus...
*no me moví durante unos segundos*
- (Pequeña, vete ahora y no te mataré, llévate a estos humanos y déjame jugar con los bastardos. El hechicero tampoco está aquí ahora. Vete antes de que cambie de opinión) *evité que los kobolds se acercaran a los aterrados aldeanos y seguí atacándolos*
Ya empezaban los problemas. Antes de sufrir ningún percance me dirigí a la entrada.Sería lo más sencillo para salir. Nadie se fijó en mí. Corrí rápidamente hacia la salida y vi al pícaro partir. Me detuve cerca de la salida para que no me dieran los rayos de sol. No quería que el píicaro me viera.
Irme? No podía irme. Y más sabiendo que había llegado tarde después de prometerle a Al que estaría siempre al lado de él para curar sus heridas. Tengo que admitir que tengo miedo. Pero tengo que madurar de una vez y hacerme una mujer. Tengo que dejar de ser esa niña a la que todos tienen que proteger. Las heridas eran dificiles de curar, ya estaba empesando a sentirme débil y la conexión comenzaba a diluirse, por eso tuve la oportunidad de hablar con él y con los aldeanos.
- Rápido!! Salgan todos de aquí!! *le dijo a los aldeanos, aprobechando que Al estaba deteniendo a los kobolds*
Mi cuerpo comensó a perder estabilidad, ¿qué clase de heridas eran aquéllas? No podía curarlas tan facilmente como unas comunes y corrientes. Caí de rodillas al suelo, sin bajar el brazo que me conectaba a Al. Estaba sufriendo, pero tenía que lograr que dejara de brotar sangre de su cuerpo y tal vez asi, podría acabar con esa endemoniada espada.
- No pienso irme de acá! Si abandonara a un amigo que me necesita, no estaría cumpliendo con mi deber! *le dijo poniendo cara de seguridad*
Las heridas me estaban matando lentamente. No iba a resistir mucho más. De no ser por el campo que me estaba curando, de seguro ya habría muerto hace rato. Comensé a sollozar, mientras las lágrimas caían por mis ojos. Me estaba sacrificando por una persona, como lo haría cientos de veces. Si llegara a morir, me gustaría morir de esta forma, ayudando a alguien.
<<Al, por favor, reaccioná... de lo contrario...>>
<<¿Kirara...? no, no la conozco. Ahora déjame en paz...>>
*Kirara no se marcharía, pero los aldeanos estaban abandonando lentamente la cueva, y los kobolds ya no eran tantos.*
¿Sang... es una promesa, lo recuerdas? ya puedes detenerte... ( Recuerda ese lago en el que solíamos jugar, claro, las promesas no se las lleva en bote ) *El ser de sangre en el que me había convertido empezaba a cambiar su forma. Las heridas que parecían brotar de mi cuerpo poco a poco se cerraban, hasta que al final sólo quedé yo, sin ningún rasguño frente a Kirara, empapada en sangre y un pequeño grupo de kobolds más asustados que enfurecidos*
- ¡Atrás, si no quieren enfrentarse a mí otra vez! *les dije levantando mi espada contra ellos, horizontalemente*
Por la expresión en sus rostros, creo que me puedo ir tranquilo... *Sin dejar de apuntarles con la espada, me dirigí hasta Kirara, que estaba a punto de perder en conocimiento. La tomé de la cintura con el brazo libre y me la llevé hasta estaban los demás. La dejé en el suelo, con cuidado y me fuí hasta la entrada de la cueva, sin reparar en lo que tuvieran que decir. Allí ví a Arya, le sonreí y salí. Miré caminar a Dreinn y pasé de largo*
Creo que siempre se me dió mejor el caminar solo... no quiero dañar a quienes quiero, así que tendrás que perdonarme por ahora, Kirara... pero no te preocupes... nos veremos de alguna y otra forma...
Poco después Al pasó por mi lado. Me sonrió y salió.
-Ese tipo no es un cobarde, voy a ver qué ha pasado.
Volví a donde estaban los demas. La gata estaba en el suelo. Alguien la había dejado allí cuidadosamente.
-Vaya con el enamorado. Cree les irá bien separarse. Eso no funciona, o no funcionó en mi caso...-eso último lo murmuré inconscientemente.
-¿Estais bien?-pregunté
Anduve un par de pasos, pero antes de que me diera cuenta, el paisaje cambió radicalmente y tenía ante mis narices un gran portón con una muralla de piedra a los lados, uno de los guardias que había custodiando la puerta, al verme se puso a buscar algún punto por el que hubiera venido sin haber sido avistado hasta ese momento, para mi era muy sencillo por donde había venido, miré hacia atrás y para mi asombro había un gran bosque…
–¿Quién eres y qué has venido a hacer a Benderk? –me preguntó intentando no perder la calma y haciéndome las preguntas rutinarias que se les hace a los viajeros –Me llamo Dreinn, vengo de Virmgi y sólo estoy de paso, pero necesito entrar para descansar un poco y comer algo –pocas veces había podido decir una verdad a un guardia, y lo dije en un tono muy orgulloso, los dos guardias que había empezaron a hablar entre ellos para después responderme –Ok, puedes pasar –y ordenar a uno de sus compañeros que abrieran el portón.
Entré y me puse a ver las maravillosas tiendas que había, mercantilmente era una ciudad muy desarrollada, pero entonces, volvió esa voz que ya casi había olvidado –Excelente, ahora ven a mi casa –justo cuando iba a preguntarle donde estaba su casa, una especie de llamarada se incrustó en mi mente, cuando desapareció tenía un mapa de la ciudad grabado a fuego, todo era muy extraño y decidí darme prisa para terminar lo antes posible.
Llegué hasta la casa y contemplé la puerta abierta, entré y pude ver que era una simple taberna –Sube las escaleras –continuó la voz, la subí lo más rápido que pude pero evitando ser descubierto, no te da buena fama hacer estas cosas… al llegar arriba, todo era diferente, parecía mentira que fuera la planta superior de una taberna, el suelo estaba limpio y la puerta estaba tallada de una manera exquisita, la abrí y me encontré a una persona –Te esperaba… –me dijo aquel desconocido con la misma voz que había en mi mente –Quizás no sepas porqué te he mandado que vinieras, aunque he de admitir que tienes una gran voluntad, me ha costado más de lo que me esperaba hacer que vinieras –le miré extrañado pero aquel desconocido continuó sin darme la mayor importancia –Bueno, eso es otra historia, y la que debo contarte ya es bastante larga como para alargarla más de lo necesario… –se sentó en un silla sin siquiera mirarme, mirando varios papeles que tenía encima de la mesa –Hace mucho tiempo… Tesslo, un hechicero algo loco, robó un objeto de mi propiedad, ese hechicero es demasiado poderoso, igual que todos los hechiceros locos… así que había perdido la esperanza de recuperarlo hasta el día de hoy, cuando he notado que una mano desconocida cogía lo que me pertenecía…
<<Aún estoy viva, pero... cómo? Esta herida está sangrando... todavía>>
- Eh estado en mejores situaciones... miauu*dijo sonriendo levemente, luego llevó su mano al cuello y comenzó a curarse*
Miré a mis alrededores. Después de lo que había ocurrido es probable que Al se hubiera ido.
- Listo... creo que asi está bien... *saca su mano del cuello* Arya, miauu... podrías hacerme el favor de buscar a Van, el paladín...? asi ayuda a la gente que esté herida del pueblo... miauu *sonrie y se retira, saliendo por la entrada de la cueva* enseguida vuelvo!
Caminé un poco y no tardé en encontrar a Al, que iba a paso lento pero seguro.
- El rojo de la sangre no te sienta bien, miauuu *dijo con una sonrisa inmensa*
-Ahora hasta el pueblo que sigue... el camino hasta Dirus es largo, pero seguro encontraré algo entretenido que hacer... *dije sonriendo, tratando de evadir un poco las otras ideas que rondaban en mi cabeza*
¿Habrá sido lo correcto...? dejar así a los demás... Mialë seguro estará bien... Addul es muy fuerte; ni hablar de Elrad... Arya puede ser algo tímida, pero sabe cuidarse bien... y Kirara tiene a Van... quizás volver sea innecesario...
*Me dí vuelta y ví a Kirara, no pude evitar sonreir, pero por dentro estaba muy dañado*
- A mí me gusta, es un color fuerte y friamente cálido... *esperé unos segundos*
- No sé si sea correcto seguir con ustedes... no soportaría volver a hacerte daño... o a los demás... sabes cómo se pone Mialë cada vez que uso a Sang... sabes que pierdo la cabeza...
*luego la miré y le dije con un tono menos amable*
- Lo que hiciste allá... fue tonto e innecesario... no creas que me arriesgaría más de lo necesario, por más riesgoso que se vuelva en contexto... sólo lograste quedar dañada... llevo más tiempo del que crees jugando con esta espada, no olvides eso...
Off: No pongo a Auria porque no sé si está todavía o no xD
Ciertamente eres una chica extraña...
- Lo siento... pero cargar con esto es más difícil de lo que crees... no es algo que eligiera... *respiré profundamente* hace unos dos años fuí desterrado de mi tierra por enfrentarme a mi padre adoptivo... habían rumores que decían que yo no debía ser de la nobleza, porque era un huérfano de la guerra... hablé con mi padre y terminó confesando que no era su hijo... y que mis padres habían muerto en una pelea en la frontera... que durante la batalla me vió cerca del cadaver de mis padres y me recogió... enfurecí, porque me dijo después que él no sabía que ellos tuvieran un hijo, y que sólo obedecía órdenes... lleno de ira lo enfrenté, perdí y terminé sin hogar... sin patria... *volví a respirar*
- Mi madre adoptiva me dió esta espada... dijo que era lo único que mis padres biológicos tenían consigo cuando fueron asesinados y que mi padre la había escondido hasta entonces. Al principio no entendía porque debía conservar la espada, hasta que me habló por primera vez... "( El destino del hombre es cumplir con sus destino, aún si de cenizas se cubre)"... no sabía que pasaba, ni de donde provenía esa voz, hasta que mi mano usó la espada para cortarme en contra de mi voluntad... llena de sangre, en mi cabeza llegaron imágenes de un templo, en Dirus... un nombre escrito en la agonía y una espada empapada en sangre... "Sang"... el espíritu del caballero que se atrevió a enfrentar al Señor de los Dragones... *miré a Kirara y terminé mi relato*
- Descubrí que mi misión era llevar esa espada de vuelta a Dirus... así cumpliría el trabajo por el cuál mis padres murieron... y terminaría esta maldición... si... maldición... porque si dejo a Sang moriré... una vez lo intenté... la dejé en un templo abandonado en Logthen y mi cuerpo se empezó a pudrir lentamente... hasta que la recuperé...
-Espero que entiendas eso, Kirara... debo afrontar mi destino... y no sé si con ustedes pueda hacerlo... no quiero repetir lo que pasó allá atras...
- Kirara...*No pude evitar sonrojarme* volvamos con los demás... *sonreí y le acaricié la cabeza, pasé mis dedos por sus orejas; después besé su frente* creo que este viaje será agradable...
No entendí como, pero lo había convencido. Él me acarició la cabeza, las orejas y luego me dio un beso en la frente.
<<Al... vos... >> Ronroneé ante tal muestra de afecto. Lo último que dijo me había dejado pensando. ¿Quizás lo quiso decir para sí mismo? Bueno, en todo caso... la grata companía de Al iba a seguir a nuestro lado, tal vez no tan grata para algunos. Pero sí para mi, lo que me dejaba muy feliz. Lo que todavía no podía entender es, cómo alguien como él podía inspirarme tales sentimientos. Até el trozo de tela a mi brazo. Lo miré mientras comenzaba a caminar y lo seguí caminando a su lado. Hasta que llegamos otra vez a la cueva de los kobolds. Donde podría ayudar a los aldeanos.
CFR: Nuria, no busques a Van, no va a contestar por un largo tiempo Un_n
Se fue, probablemente a buscar a Al. Esperaba que le fuera bien y que regresaran. Ignoré su petición de buscar al paladín y volví a la entrada de la cueva. Había corriente. Me senté apoyandome en la pared de la cueva y estuve así un momento hasta que vi un papel delante de mí. Lo cogí suponiendo que lo trajo el viento. La letra era como la de las notas de aquella casa. "En una aldea de camino a Dirus te reencontrarás con alguien de tu pasado que no te ha olvidado"
*Caminé junto a Kirara hacía la cueva*
Es raro... creí que estaría más tiempo descansando...
- ¿No dijo Dreinn a dónde iba...?
*Luego estabamos llegando a la cueva y ví a Arya con algo en las manos, o al menos eso creí, ya que al llegar no tenía nada*
- Hola... *sonreí* ¿vamos adentro...?
[FONT="]Escuchaba cada una de las palabras de aquel desconocido, después, dije –Y esa mano desconocida, debo suponer que era la mía… –su rostro mostró una mueca de felicidad y aunque parecía algo viejo, de un salto se colocó justo delante mía, levantó su mano arrugada a causa del inevitable paso del tiempo y me respondió con una exclamación –¡Exacto! Y ahora, tú me la devolverás –antes de hacer cualquier movimiento, pensé en conseguir la respuesta que tanto ansiaba, di un paso atrás y le dije –¿Para que necesita alguien con tanto poder una piedra inútil y una moneda de cobre? –su rostro cambió, ahora estaba preocupado, ahora con ojos suplicantes me pidió que la enseñara, saqué la caja y se la mostré, después de estar un rato mirándola, volvió sus ojos hacia los mios y dijo con un tono de voz asustado, delatando esta vez su edad –Dime… ¿Pediste un tesoro antes de levantar la piedra? –sin entender el por qué de esa pregunta, empecé a intentar recordarlo, y luego, respondí –Quizás… –entonces, pegó un grito desgarrador y se derrumbó de rodillas bastante abatido, mirando el suelo dijo –Eso que llamas piedra… es la gema de Gosher… concede el deseo de su portador pero ahora es inútil, ese insensato de Tesslo la ha gastado… para devolverle su poder hay que ir a Dirus, reino habitado por dragones, nadie es tan valiente (o estúpido) como para ir allí… –¿Dirus? Me suena… creo recordar que ese grupo se dirigía hacia allí, al principio los llamé locos, pero ahora puede que me sirvan, dejé a aquel hombre abatido, si le hacia preguntas sobre la gema seguro que sabría mi plan, así que me fui sin hacer ruido…[/FONT]
-Me quedo aquí. Sólo estorbaría.
Rompí el papel. y deje que el aire se llevara los trozos.