P O E M A D E L A V I D A
¿Dónde fue aquel primer momento? ¿Fue el azar?
Las nieblas del tiempo han borrado el recuerdo del cuando y el porqué tuvo lugar.
Desde la primera ondulación ya me sentía viva, mas ¡Ay! No era consciente.
La energía nace activa, siempre en movimiento, dando vueltas, pero vive alegremente,
Hasta que repetidas acumulaciones le proporcionen la memoria y el bagaje
Necesario. y es entonces cuando da comienzo el gran viaje.
Vagas impresiones acuden a mí: Lluvia y fango entre la niebla.
Recuerdos borrosos que —vivos aún hoy— conservo en la conciencia.
Pero... ¡Hace ya tanto tiempo!
¡Como perdura en mí todavía aquella sensación primera
Del tenue, maravilloso y extraño despertar de una quimera!
¡Sentirme vivir! Milagroso y sublime fin de la energía misma,
Que en la fluidez del estado líquido adquiere esta condición y se transforma.
Impulso vital, energía desbocada, latente ya en el seno de las nubes.
Eternos anhelos viajeros –innatos en todo lo creado— que me mueven.
Instintos de expansión presentes ya en el primer giro del espacio fraccionado.
¡Tanto tiempo hace ya que se inició el milagro!
Y sin embargo, siempre guardaré la memoria de aquel primer latido;
Aquel soplo original en que —por primera vez— el ser ha sido.
Aquel sentir la vida que llenaba un núcleo antes dormido,
Agitarse bulliciosa entre vidas gemelas, aún sin hambre ni miedo.
Mas ¡Ay! ¡Es tanto el tiempo transcurrido...!
Sí, hoy el milagro es inmenso, pero aquel día del principio
Fue una cosa tan frágil... Tan pequeña...
Nadie hubiese descubierto en la gota de agua recién caída
Nada más que inerte, transparente y líquida substancia,
Que rebotando en el suelo, caliente y tierno todavía,
Iba fluyendo, a ensanchar el gran charco entre desnudas peñas.
Pero una casual y mágica combinación de elementos y energía,
Añadiendo al sensible fluido un nuevo aliento
—Cumpliendo aquel mandato que hace siempre lo posible cierto—
Generó en el llanto impetuoso de la oscura nube, un núcleo que vivía.
¡Vivir! Vivir sí, pero, de una forma tan sutil e indiferente...
Y es así. Esta vida que día tras día con la lluvia aflora,
Es sólo un leve impulso, como un sueño, casi nada.
Aquel primer instante donde la líquida materia sensitiva se separa
Y abandona la mineral insensibilidad, no tiene casi trascendencia.
Mas ¡Qué grandiosa la epopeya si miro hacia atrás ahora!
Tampoco las raíces del árbol —alto, fuerte, reposado—
Que extiende sus brazos, cubriendo un espacio soleado,
Se diferencian del tronco, allí donde enlazadas,
El tronco mira al cielo y ellas viven en la tierra hincadas.
Pero aquella atrayente y hermosa reina flor
(Explosión de colores son sus pétalos sedosos,
Que se agitan con la brisa en vanidoso gesto)
Al ser arrebatada de su florida rama
Por el viento impetuoso, en un soplo traidor,
Cayendo dulcemente entre rugosas raíces torturadas,
Tampoco intuirá su propio ser en ellas.
Aquel ser luminoso que siempre ha conocido
Alzado hacia el azul, el Sol y las estrellas.
Hoy recuerdo todavía aquel primer instante, si vuelvo atrás la mirada,
Como un alegre rebullir, entre agua y lodo, de una tierra en celo.
Recalentada y tierna, reciente y desnuda, aún dormida,
Que esperaba el beso de miles —millones— de gotas del cielo,
Lanzadas a despertar al Mundo para una nueva vida.
Vivir sí; pero ¡Cuan pronto acaba esta vida embrionaria!
Apenas un instante vital. Sentir mi ser libre y animado,
En un éxtasis milagroso de la líquida materia;
Y quemar rápidamente esta energía que me acciona.
Ya cansado, languidecer lentamente, sentir gélida la indiferencia,
Para volver al mundo de lo inerte sin lucha y casi sin consciencia.
Yo notaba remitir mis energías —semidormida el alma—.
Ya mi ser se abandonaba a la dulce laxitud —último sueño—,
Cuando a mí alrededor, al entorno de mi ser, todo era calma.
Aquel charco entre peñas —de la vida crisol, mundo pequeño—
Permanecía silencioso. Sus mil alegres seres, al final,
Habían ya vaciado, presurosos, su energía original.
Es terrible y corto el ciclo de la vida primitiva.
Aflorar, vivir, morir, consumiendo su tiempo en un instante;
Sin secuelas ni mensajes, ni mirar hacia delante.
¿Cuántos siglos o milenios fue una chispa incógnita y furtiva,
Que así hubiese debido seguir alentando eternamente?
Pero esta vez se repitió el milagro. Con beso amante,
La lluvia de la vida acarició la tierra nuevamente.
Este “maná” caído del cielo, que desde tiempo inmemorial,
Alimenta la vida que cubre el extenso vergel de nuestro suelo,
Volvió a volcarse —enamorada— de modo intenso y torrencial;
Batiendo una y otra vez la tierra como en el primer instante,
Y volviendo ha hacer posible un Mundo nuevo.
Gotas y gotas, millones de nuevos alientos emprendían el relevo
Para repetir este ciclo vital, breve, terrible; y así,
Cuando ya el tenue velo —triste y gris— de la muerte
Parecía dominar mi masa indiferente,
Sentí otra vida vigorosa despertar dentro de mí.
Nos había conjugado fuertemente la lluvia generosa.
El choque de dos entes vivientes se había hecho realidad.
Ahora mi ser eran dos vidas enfrentadas en conflicto.
Notaba su presencia agitarse en mi débil organismo.
Sentía su lucha por sobrevivir, mas vencí su voluntad.
Y al asimilar su energía, descubrí el resurgir de mi potencia.
¡Había superado el ciclo primario de la vida! El tiempo,
De forma casual, sin intención alguna, por mera coincidencia,
Volvía a empezar para mí. Me sentí otra vez vivo y despierto.
¡No había que morir! ¡Era posible alcanzar la permanencia!
Sintiendo vibrar de nuevo, dentro de mí, el vital impulso;
Aquel mágico sentido de vivir adquirió una nueva dimensión.
El instinto de seguir conservando este poder, transformó mi condición
Convirtiéndome en voraz apresador de pequeños núcleos vivientes,
A los que asimilaba, prolongando más y más mi tiempo ya concluso,
Para esperar nuevas lluvias, que eran vida y salvación.
Día tras día constataba como iba en aumento mi poder.
En mi andadura, el entorno sometido a mi dominio parecía más hermoso.
Fluctuaba por el gran charco en pos de entes activos a los que vencer,
Tan pronto como notaba —con avidez— su contacto tembloroso.
No había, ahora ya, peligro en ello. No notaba sus vidas rebelarse.
Perdían el ser y me daban mansamente su energía sin luchar.
Mas, la lluvia remitió y empezó a faltar el alimento
Haciendo más acuciantes e imperiosas las ansias por sobrevivir.
Cazar se convirtió, de pronto, en mi primer instinto.
¡Matar para vivir! Al llegar a darme cuenta
De que sólo así conseguiría permanecer indefinidamente,
Adquirí este hábito fijándolo en mi consciente,
Sin sentir emociones, sin temores ni alegrías: Decidido.
No era el placer de la caza. No era el juego. Era un hecho establecido;
Un estado natural, una simple condición de permanencia. Todo
Era sencillamente así. No podía existir la vida de otro modo.
Durante mucho, mucho tiempo, fui yo siempre el cazador;
Hasta que un día descubrí el propio sentimiento del temor,
Cuando en mi constante acoso, que era ya desenfrenado,
Me enfrenté a otro ser poderoso y obstinado.
Sentí su fuerza dominante, presionando en mi interior.
Comprendí —temeroso— que había prolongado su tiempo,
Que también era fuerte, y presentí en su resistencia,
Que no era sólo yo quien luchaba defendiendo la existencia.
Descubrí que, superado el primer ciclo, el ser, que ama la vida,
Se resiste para siempre a ser una chispa de esperanza apagada y extinguida.
Ahora sentía este otro ente forcejear, impetuoso, en mi organismo.
Quería aniquilarme y me oprimía, intentando dominar en el combate.
En un supremo esfuerzo, concentré mi energía, superándome a mí mismo;
Y conseguí vencer su opresión. Lentamente empezó a ceder su embate.
Casi imperceptiblemente, fue diluyéndose aquella personalidad,
Y aumentando mi vigor, que se hizo extraordinario. Respiré otra vez mi libertad.
Pero mi vida había tomado ahora un cariz distinto.
Matar o morir. Comer o ser comido. No bastaba capturar el alimento,
También era necesario no ser asimilado. Y esto creó otro instinto.
Un instinto defensivo, en el cual sobrevivir era el único argumento.
¡Qué lentos eran los primeros pasos que —en forma vacilante—
Daba una evolución que —partiendo de la Nada— aspiraba a vivir eternamente!
Pero cuando la necesidad de auto defensa se hizo imperiosa y agobiante,
Poco a poco, los procesos fueron acelerándose y adaptando nuevamente
Mi pequeño ser, a las nuevas condiciones que imponía este estado diferente.
En esta lucha por sobrevivir, en el principio,
Todo lo viviente fue siempre presa o enemigo.
Más adelante me sentí arrastrado por el desbordante río, que aumentando su caudal,
Se abría paso entre las peñas. Y fue entonces en el mar, cultivo de la nueva evolución,
Donde fui construyendo mis refugios protectores, de forma lenta y gradual,
Más sólidos y seguros; intuyendo nuevas formas que adaptaba buscando la perfección.
Sistemas varios, complejos, de percepción exterior, que hiciesen del animal
Un ser nuevo, organizado, apto para la vida y constante almacén de información.
Ello iría ampliando este mensaje genético, con el cual,
Y el prodigio de la doble partición —que es norma de evolución—,
Todos los entes recientes, que surgen ilusionados de cada nuevo embrión,
Son yo mismo, con todos mis recuerdos y experiencias; y de forma permanente
Están latentes, dispuestos para esta explosión continua del mundo viviente
Que volvió a conquistar la tierra firme en su constante expansión.
El principio queda ya muy difuso, lejano y borroso en mi memoria.
El camino recorrido fue muy largo, con fatigas y avatares, mas,
En este laberinto complicado, sólo hay victoria o fin aciago.
Hoy, el hombre, preocupado por su origen, se esfuerza en descubrirlo,
Pero se encuentra perdido entre engaños sin llegar a conseguirlo.
Y recorre los senderos tras las huellas del pasado, sin llegar a comprender.
No ve la luz de la verdad lejana, y se queda en las tinieblas sin saber.
Como la vacilante mariposa en el oscuro puente,
Que se acerca a la lámpara con indeciso vuelo,
En búsqueda afanosa de la luz que ella anhela.
También ella presiente que no es aquella luz la verdadera,
Y una y otra vez se aleja y huye.
Pero tropieza con la dura piedra indiferente.
Asustada por la oscura noche que la envuelve,
Regresa hacia la luz, se acerca, huye de nuevo;
Mas, tampoco es capaz de rebasar el puente.
Sólo unos metros la separan de la estrellada noche
Donde la libertad no tiene pétreas paredes;
E ignorando cuál es el oculto camino salvador,
Volviendo una vez más a la brillante luz engañadora,
Acabará entregándose —en inútil sacrificio—
A esta luz que no es real, si no traidora.
Siniestra trampa que ilumina y da calor.
Sí, hoy el hombre se pregunta cómo y cuando germinó el ser vivo,
Y descubre verdades engañosas que lo alejan, ocultándole el camino,
De esta suprema verdad, que en el fondo de su vida subconsciente,
Desde el primer instante de la Creación, con él sigue latente.
Porqué todo lo que forma a vuestros ojos este vasto Universo, misterioso y habitado,
Astros, luz, materia, espacio, vida y energía;
Todo es parte de aquel primer movimiento que una vez fue absorbido y fraccionado,
Y que en sucesivas particiones, tantas veces repetidas,
Siguió arrebatando a la Nada —giro a giro, paso a paso—
Su condición suprema de ser el estado natural,
Conservando siempre algo, en cada elemento nuevo
Del anillo que fue el génesis. Creador supremo.
¿Sabrá desde el fondo de su ser el infante recién nacido,
Cuando –aún sin ver—, con plácida expresión en su semblante,
Extrae de los senos maternales el alimento fluido,
Que esta fuerza que su boquita acciona, primaria y absorbente,
Es la misma fuerza original con la que el Universo ha sido?
Sé que hoy es muy difícil adivinar el origen de este largo caminar,
Hasta yo pierdo los rastros rebuscando en el pasado.
Pero sé muy bien que mientras las gotas de lluvia sigan besando
Este Mundo aún hermoso, que las nubes envuelven, custodiando,
Día a día se seguirá con cada gota renovando
La materia primitiva, sensible y animada.
Mil caminos nuevos se abrirán posibles a estas vidas en embrión,
Mas, ¡Tan pocas hallarán el destino que lleva a la evolución!
Porqué la vida que consigue perdurar es siempre un caso de excepción.
Pero yo seguiré en cada uno de vosotros, expectante y más segura,
Creando millares de vidas que darán continuidad a la aventura.
Hoy el milagro es inmenso. Todo es vida a vuestros ojos; y su destino final,
Es una senda escondida —laberinto misterioso—, todavía sin hollar.
¿Alcanzará, por fin, la raza humana, un destino digno y un futuro,
Más allá de la actividad fecunda de vuestra amada Tierra;
Cuando ya el corazón del magma repose inmóvil, sólido y duro,
Y esta masa etérea que con nosotros gira con las nubes de la vida,
Perdida ya su densidad, deje sin abrigo y sin “maná” la piedra yerma?
¿O bien, conducido por su instinto, ambicioso de poder e insaciable en su egoísmo,
Que un día le convirtió en rey y señor dominante de toda criatura;
Incapaz de controlar a las fuerzas que domina, y a sí mismo,
Desatará el horroroso holocausto que pondrá trágico fin a su andadura?
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BOLERO.
Comentarios
Ya se que no soy poeta ni literato, pero sólo aspiro a hacer comprensible lo que mi imaginación presiente como verdadero.
Al intentar versificar en parte este relato intento darle un sentido de cantar a la epopeya que, sin duda, ha representado para la vida el largo camino desde la energía pura hasta el ser evolucionado. Lo llamé poema porqué me pareció lo más indicado considerando la forma del texto. La verdad es que nunca lo hubiese colgado en este foro si no hubies formado parte de un total de tres temas de los cuales ya había publicado los dos anterioresy me pareció que sin este quedaría cojo el conjunto.
De todas formas, KuXXo, debo decirte que en mi enciclopedia (soy autodidacta y recurro frecuentemente a la enciclopedia) dice: El termino poema es, en algunos casos sinónimo de poesia, pero tiene un sentido más general e igualmente puede aplicarse a un texto en verso que en prosa.
Atentamente.
BOLERO.
El problema con llamar poema a una prosa maciza que ocupa más de diez páginas de palmo a palmo es que durante las diez páginas ya ha perdido todo tipo de ritmo o de armonía, con lo que se separa, casi que por definición, de lo que puede llamarse lírica.
Una cosa, en esta obra, que parece imitar el ritmo de un poema es la organización de las palabras, el hecho de que estén dispuestas de forma medio oracular y, aunque no ininteligible, sí algo lejanas de las frases comunes que se emplean.
Algunos podrán llamar a esto belleza literaria, pero es algo diferente cuando se habla de prosa, que debe utilizar, sí, figuras literarias, pero nunca igualar las libertades, en cuanto a disposición, que tiene la lírica. La lírica, y es una obviedad, estuvo obligada por la regla a disponer las palabras de la manera en que lo hace, a reordenar los términos, sin alterar el sentido de la frase, para poder cumplir con la fonética.
De cualquier modo, el tratar de encerrar el sentido de la vida en diez páginas es un reto admirable. No he podido leer bien el poema (aunque he avanzado, lo juro), pero tampoco lo considero carente de méritos, sólo que no tiene los que yo juzgo artísticos.