Un potente trueno nos despertó a los tres en el mismo momento. Intuitivamente corrimos hacia la ventana de la cocina y vimos quebrado uno de los pilares que sostenían los cables que abastecían de luz al pueblo. La lluvia era constante; el agua se mezclaba con la tierra del camino, y el barro fluía arremolinado por la calle que pasaba frente a la estancia. Eran casi las doce y calculábamos que el sol estaría justo encima de nosotros, pero no había rastros de él. El cielo, completamente negro, solo era iluminado por algunos refucilos. Javier llevaba cuatro décadas en el pueblo y juraba nunca haber visto semejante tempestad. Sus ojos azules, más grandes que nunca, miraban azorados el espectáculo a través de la ventana; a pesar de que la espesa cortina de agua no dejaba ver mucho más allá de la tranquera. La casa estaba un poco más alta que la calle por un declive natural del terreno, y únicamente en virtud de ese detalle estábamos a salvo hasta ese momento. Mariana estaba pálida y sus manos temblorosas acariciaban al gato blanco de su hermano. Yo intentaba calmarla mientras Javier cerraba las ventanas con algunas maderas y clavos que había en el sótano, en un intento desesperado por resguardar la casa. A pocos metros, un rayo impactó en la copa de un árbol que, a pesar de la lluvia, comenzó a incendiarse. La tranquera ya estaba totalmente sumergida; y el torrente de agua y barro se acercaba raudamente a la casa. Si nos hubiésemos despertado antes, podríamos haber salido de la estancia, pero a esa altura ya era imposible; solo nos quedaba resistir. Cuando por la puerta principal comenzaron a ingresar los primeros vestigios de la inundación, corrimos hacia el fondo de la casa y desde una de las ventanas posteriores trepamos al techo de chapa. Lugar donde permanecimos en silencio, mientras el furioso torrente de agua y barro potenciado por las ráfagas de viento ganaba nuestro pequeño rectángulo de tierra, llevándose todo lo que encontraba su paso, incluidas las lágrimas de Mariana y al gato blanco de Javier.
Comentarios
Está muy bien eso que decís. No lo había notado. Porbablemente sea mejor decir "comenzaron a ingresar los primeros ribetes de la inundación" o "comenzaron a ingresar los primeros indicios de la inundación" Habría que buscar alguna alternativa. Gracias por tu comentario.
Breve reseña de una pequeña, si se quiere, odisea.
Un gusto.
betob
completamente negro, solo era iluminado por algunos refucilos <<<(al sólo le hace falta la tilde).
Camino, y el barro <<<En mi opinión (totalmente personal si, como en efecto hago, sigo a Nietzche y no a la RAE y por tanto acepto que el período corto y el período largo depende única y exclusivamente del carácter del orador), ahí sobra la coma antes de la ye.
Y para concluir apunto que la descripción es muy buena y que a mí los detalles no me molestan, sólo que, como la mayoría de cuentos que por estos días he leído que ganan concursos, me parece que harían mucho más siendo párrafos de una buena novela que unidades independientes. Bien narradas, sí, pero con un principio y un final que es necesario diluir en la materia gris de nuestro cerebro.