
Incesto en primer grado
Me llamo Alejandra, nací y vivo en Sevilla, y ahora tengo 22 años. Soy hija única y vivo todavía con mis padres en su casa. Me considero una chica mona: 1,72 de estatura, buen cuerpo y una cara tirando a picarona, rubia, pero no natural, de bote, ojos del color del castaño. Soy muy sexual y me excito con mucha facilidad. Lo que más resalta en mi anatomía son mis pechos, grandes pero bien puestos, y mi trasero, redondo y respingón. Estoy acabando la carrera de Arte Dramático e Interpretación y quiero dedicarme al mundo del teatro y el cine, aun sabiendo lo difícil que resulta hacerte un hueco en ese espacio.
Al principio de mi adolescencia, cuando yo contaba 14 o 15 años, tenía una fantasía en cabeza, y era que me poseyesen dos mulatos con grandes penes, uno por detrás, mientras el otro me atragantase la boca con su tranca.
Pero apenas cumplí los18, mi fantasía cambió; quería hacer el amor con mi progenitor, que era un hombre guapísimo, alto, moreno, ojos negros, y estaba buenísimo, y no sabía por qué, pero imaginaba que debía estar bien dotado. A veces había tenido sueños en los que soñaba que me iba al cuarto de mis padres y le hacía una felación a mi padre, aun mi madre a su lado en la cama, pero aparentemente dormida. Lo deseaba tanto…
Una tarde de sábado de primavera, mi madre salió de compras con sus amigas y nos dijo a mi padre y a mí que iba a tardar en llegar a casa, así que aproveché que mi padre estaba en el salón, en su sillón favorito viendo tele. Tengo unos pechos con pezones prominentes y aureolas marcadas, que llaman la atención por dondequiera que voy, y esa tarde me puse una blusa transparente y sin sujetador. Estaba muy caliente y mis pezones estaban duros y erectos. Me encajé una minifalda vaquera y, como hago normalmente, empecé a dialogar un poco con él. Me senté en sus muslos y, al sentirlos tan duros, sin pensarlo, llevé una de sus manos a mis pechos. Se quedó paralizado. Le sonreí y al mismo tiempo llevé su otra mano a mi entrepierna. Él intentó quitar la mano de mis pechos y de la entrepierna, pero se le cogí con fuerza y la moví en círculos. Lo besé en la boca y él y me correspondió. Y fue entonces que empezó a animarse hurgando con sus dedos mi cueva. Se sorprendió de que no llevase tangas, pero eso le excitó más y yo empecé a sentir cómo su pene se levantaba en mis nalgas, pues seguía sentada en sus muslos.
Después, lentamente le abrí la cremallera del pantalón, le saqué el miembro y me lo metí en la boca y empecé a succionarlo a placer durante un buen rato. Él me quitó la blusa y enseguida llevó a sus labios y me besó los pezones, mientras yo seguía succionando su pene y a la vez masturbándome. Ya estaba completamente salida, húmeda y dispuesta a todo. Mi calentura sexual subía por segundo.
Era consciente de que que estaba cometiendo un incesto en primer grado, pero no lo podía evitar. Y mi padre tampoco era capaz de separarme. De nuevo ganaba la mujer, pero esta vez la manzana era más apetitosa que nunca.
Era mi sueño hecho realidad. Nos besábamos hasta que los dos no teníamos ropa y así, entre besos caricias y abrazos, nos fuimos a su dormitorio, me tumbó en la cama y me abrió las piernas; se agachó y me lamió ahí abajo, pero con una maestría inusitada (me acordé de los gemidos y casi rugidos que más de una vez escuché a mi madre, ya que mi cuarto está pegado al de ellos). Me sentía en el paraíso, tan sumamente excitada me encontraba que me subí a su pubis y comencé a cabalgar frenéticamente sin parar.
Mi padre me dio la vuelta y me hizo suya cómo y cuánto quiso. Pero después, me volví a subir y no paraba de gemir y sentir el mayor placer de mi vida. Cuando los dos estábamos a punto del primer orgasmo, recuerdo que gritaba diciéndole que era suya y que quería hacer el amor más veces con él y que ningún otro hombre me atraía. Veía yo su expresión de satisfacción. Llegamos el climax los dos a la vez y su pene llenó de semen mi vagina. Y para acabar del mejor modo le hice un limpiado con mi lengua. Después, relajados, nos quedamos acostados abrazados y besándonos otro buen rato.
Cada tarde de viernes o sábado que mi madre no está en casa, porque suele salir con sus amigas habituales y yo sé por ella misma que tarda en regresar, si mi padre no está en la casa le telefoneo y cuando llega hacemos el amor frenéticamente.
Antonio Chávez LópezSevilla agosto 2001
Comentarios
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@placerpecado
Un relato un mucho pecaminoso, pero me gusta escribir de todo.
Gracias por leeme y saludos