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EL FARO (relato en dos partes 2/2)

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Pero ella ya no podía callar más; se sentía sola y desorientada. Fuera de lugar, fuera de su hábitat, de su época y de su entorno. Estaba atrapada en una pesadilla. Desde el momento en el que había despertado en aquella habitación, en aquella casa desconocida y rodeada de personas que nunca había visto y sin embargo le hablaban como si la conocieran de siempre. La casa de Rosario. ¿Quién era Rosario qué decía ser su tía? Incluso la había increpado por no haberla reconocido. "Ya estás otra vez haciéndote la despistada" "¡Cómo te gusta la comedia, en lugar de costurera tenías que ser actriz!...Ayyy…si viviera tu madre, que castigo me dejó contigo, siempre sumergida en tus ensoñaciones"

Casilda había salido corriendo, asustada, se encaminó directa cuesta abajo, en dirección al mar, su mar, y allí estaba él. A un palmo de ella, sosteniéndole la mirada mientras ella ahogaba sus lágrimas y apretaba sus labios; ese hombre parecía el único ser que en su oscuridad le ofrecía calma, sosiego en su voz y su mirar. Si quería hablarle, explicarle pero…dubitativa miró de nuevo a su alrededor.

El paseo del puerto, era "su" puerto, el mismo por el que había paseado tantas veces, el Faro Verde, tan cerca del mar, su adorado y temido mar, perenne tentación de suicidio en su pensamiento desde la muerte de Francis. Francis…su amigo, su amante y loco poeta, muerto absurdamente. Ella juró morirse con él.



°°°¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy? No alcanzo a comprender, no logro recordar en mi memoria como llegué aquí. No reconozco estos barcos, ni a estos pescadores, ni a este buen hombre que tan tiernamente me observa. ¿Qué maldición he sufrido? ¿Qué castigo divino?°°°



Don Anselmo percató la transformación de la joven, mientras duraban los minutos de silencio, creyó verla con vestiduras de épocas pasadas, su cabello inclusive era distinto, de color negro azabache como si estaría iluminado por un sol de verano, su rostro denotaba preocupación…sus ojos buscaban algo, la mirada fija en el cercano mar…

No obstante ansiaba revelar la identidad de aquella extraña mujer, prefiero aguardar, el tiempo no era su problema, decidió otorgar libre albedrío a la visitante…en momentos inclusive arriesgó hasta pensar que aquello era un espejismo, fruto de la tormenta que se avecinaba, entre el cielo y el mar jugaban con sus reflejos, engañando a sus ojos viejos y cansados.



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