¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Pánico y chasco en un parking público

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

Pánico y chasco en un parking público
 
Mientras una noche iba bajando por la escalera de aquel parking subterráneo, sentía una aprensión que iba convirtiéndose en miedo a medida que iba descendiendo por sus escalones poco iluminados y desiertos. El miedo iba subiendo a pánico, no bien me iba aproximando al lugar en el que estaba estacionado mi coche.
 
Y no era para menos, porque desde que una banda de cultos satánicos merodeaba por aquella zona y que en una furgoneta aparcada habían encontrado restos humanos, nadie bajaba por allí por la noche, y si lo hacía de día, era acompañado.

Un intento de violación a una adolescente de 17 años, que se libró merced a sus ágiles piernas, hacía que ese parking fuese temido por mujeres e incluso por hombres que a diario tenían que acudir a recoger su vehículo.

Y la realidad es que ese aparcamiento público estaba prácticamente abandonado. Tres plantas bajo tierra, con una capacidad para cientos de vehículos, cero vigilancia y casi nula iluminación, hacían de él un agujero siniestro.

Automóviles dormidos como cuerpos alineados en una formación lúgubre se sucedían a mi paso, y mi sombra, distorsionada y reflejada en las paredes, se movía ajena a mis movimientos, formando extrañas y amenazantes siluetas.

De pronto, un sonido sordo atronaba en el silencio del lugar. Me quedé congelada, firme, rígida, quieta, y a la expectativa de alguna inesperada aparición. Pero no, era un gato negro y tuerto que había aterrizado de un felino salto en el capó de un coche y que me miraba al pasar con su único ojo brillante y amenazador.

Llegué al fondo del local, justo frente a mi utilitario, y sin ganas de limpiar el parabrisas me volví deseando salir a escape de aquella ratonera, cuando un ruido me llegaba de lejos, y se hacía más intenso y sonoro a medida que me iba acercando a la hilera de los coches del otro extremo.

“¿Qué ha sido eso?” me pregunté, asustada y sobresaltada. 

El ruido provenía del interior de uno de los coches aparcados en la casi oscuridad

Me aproximé hacia ese lugar con sigilo y con mucho miedo, y con espanto pude ver una cabeza que se movía y unos brazos que parecían agredir a un cuerpo, oculto a mi visión.
 
Gemidos femeninos y respiraciones agitadas me llegaban. ¡Estaban agrediendo a una mujer! Si era un violador, había que salvarla de las garras de ese malvado. Con un valor desconocido por mí, pero sin dudar, aporreé varias veces la puerta del lado del conductor, e incluso hice un intento de abrirla. Gritando amenacé.

Se resistía la dichosa puerta. Pero, de pronto, el tumulto del interior del coche había desaparecido. 

“¿La habrá matado?”, me pregunté de nuevo.

Pero, súbitamente, el negro cristal de la ventanilla del conductor se bajó a medias y apareció una cabeza despeinada de un tipo que parecía un hombre maduro y que me dijo con cara de cachondeo:

-¡Pasa tía! ¡¿Es que uno no puede tener aquí un rato de intimidad?!

Me di media vuelta y, cambiando mi pánico por una risa nerviosa y persistente y apresurando mis pasos, me fui presurosa hacia el estacionamiento en el que, plácidamente, dormía mi utilitario.


A Chávez López
Sevilla may 2025

 :)
 

Comentarios

  • Ser entrometido no está penado por la ley, por lo que sí, la curiosa buen susto se llevó.

    Un relato con humor siempre es bienvenido.
    Shalom amigazo
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado mayo 2025


    betobrom dijo:
    Ser entrometido no está penado por la ley, por lo que sí, la curiosa buen susto se llevó.

    Un relato con humor siempre es bienvenido.
    Shalom amigazo

    Ser entrometido no está penado por la ley...

    Bueno, entrometido no penado por ley, según en qué, porque si uno se mete  "entrometidamente" en asuntos oficiales secretos, la ley le cae con todo su peso.

    Sí, un relato de humor; un humor que está perdiendo valor en la sociedad; por lo general, ya no reímos abiertamente, ya no contamos chistes, ya no nos divertimos con familiares o amigos.. y así... Lo material se está cargando lo espiritual. Repito que hablo en forma general, porque yo no pierdo mi sentido del humor, que me ayuda, y mucho, a seguir viviendo. El humor ocupa un lugar preferente en mi idiosincrasia.

    Saludos

     :)
     
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com